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17 de octubre de 2009

Los ediles de urbanismo y las farolas


Cada concejal de urbanismo que ha ejercido como tal en el Ayuntamiento de Getafe, desde tiempos democráticos casi inmemoriales, ha puesto sobre el puzle de la ciudad su granito de arena y cemento, aportando su particular ideal de belleza a la estética urbana en un intento, no pocas veces vano, de acicalar y maquillar una ciudad fea de por sí, horripilante antes incluso que los ciudadanos eligieran a esos ediles, con ensanches heredados como San Isidro, La Alhóndiga o Las Margaritas, auténticos arquetipos de las canalladas urbanísticas que se cometieron en las postrimerías de una dictadura agonizante y débil; unos barrios donde se levantaban cubículos o celdillas como propuesta, casi paternalista, de aquellos constructores “franquistas” para el alojamiento de los miles de trabajadores que se arrimaban hasta la zona sur de Madrid para incorporarse a la retrasada y anómala revolución industrial que se desarrollaba en un país que se pretendía autárquico.

Y para ello, todos, [los delegados de urbanismo] sin excepción, además de planificar grandes desarrollos urbanísticos, de intentar ocultar la cara aburrida de “este pueblo indeterminado, gris e insignificante”, y derribar las escasas muestras de arquitectura vernácula de este páramo manchego, crecido como urbe al amparo del camino real que llegaba hasta Toledo y del clamor de las numerosas fábricas, recalificando las huertas y sembrados, cada día más improductivos, transformando cientos de hectáreas que engordaban y enriquecían a los hijos y nietos de los campesinos locales,  han procurado acrisolar el paradigma de la “ciudad proletaria” en cada uno de los nuevos barrios, con edificios feos de viviendas protegidas alineados en grandes avenidas.

Ellos, los responsables del modelo de ciudad, han intentado impregnar las costosas y repetitivas obras de acondicionamiento de calles, parques y avenidas con algún tipo de huella indeleble aunque sólo sea a través del mobiliario de las calle: farolas, bancos o papeleras. El problema es que cada uno de los concejales ha aplicado su peculiar gusto y, así, de esta manera podemos toparnos en un paseo por las calles de Getafe con quince o veinte modelos y estilos distintos de farolas, bancos, papeleras, o vallas separadoras de calzadas y aceras.

Con motivo de las obras de remodelación que se ejecutan en distintos lugares de la ciudad con el dinero de todos que tan alegremente reparte y malgasta el Plan [E] Zapatero hemos comprobado como se trata no sólo de reponer bordillos y adoquines despilfarrando el dinero y el trabajo como en el caso de la parte más cercana al Ayuntamiento de la céntrica calle Toledo. Qué terquedad y qué obstinación en derrochar cantidades ingentes de dinero en rehacer lo que hacía poco que estaba hecho y, en algunos caso, rehecho de manera repetitiva. Qué obcecación en tirar los escasos recursos en reformas, en muchos casos innecesarias y que perjudican a los vecinos reduciendo los aparcamientos sin una propuesta global y definitiva de qué hacer con los molestos, pero “imprescindibles” autos.

La fotografía superior muestra como se han solapado [temporalmente] las antiguas y refulgentes farolas bermellonas y las que han empezado a colocarse como estandartes de la visión estética del nuevo edil de urbanismo José Manuel Vázquez Sacristán. Parece inútil, y caro, cambiar unas farolas que a pesar de estar fechadas en 1836 [creo] apenas tienen una década de funcionamientos y cuyas luminarias se habían adaptado recientemente con un coste importante con el objetivo de reducir la contaminación lumínica que emitían las originales. Y ahora, al poco, resultan inservibles. ¡Qué derroche!


No podemos dejar de sentir rubor por el dispendio alegre e inverosímil del dinero público, sobre todo cuando es tan escaso y se hace necesario subir los impuestos para atesorarlo. Así, con este ir y venir, de quito y pongo adoquines y renuevo farolas, irán desapareciendo las últimas propuestas [estéticas] de Santos Vázquez, de Paco Hita, de Jesús Neira, o incluso, de los ediles anteriores. Aunque siempre, cuando volvemos la vista atrás, nos encontramos las gordonas farolas de la época de Paco Hita con sus apoyos semicirculares o, incluso, alguna olvidada en el Polideportivo Juan de la Cierva, seguro aguantando en la parede desde los tiempos en los que Jesús Prieto era alcalde de Getafe y el urbanismo local estaba dirigido por una comunista con nombre de flor y espíritu guerrero [Esa sí que merece que la cambiemos, la farola].
 

8 de octubre de 2009

Cara de Piedra y la memoria histórica


Volvemos a escribir sobre estatuas en el barrio de El Bercial; y ya van tres articulitos.  Nos da igual si el hecho ha sido publicado por algún foro, blog o periódico. En realidad nos importa un pimiento. No nos interesan las exclusivas en este pequeño recodo digital

La Junta de Gobierno Local aprobó el pasado mes de agosto, faltaría más, para que se enteraran los menos posibles, el proyecto para erigir un monumento en bronce a Rumiñahui. La propuesta es obra dela Concejala de Educación,..... e Inmigración, aunque parece que por allí media la mano del alcalde. La propuesta se basa en una “nota informativa” del Centro Unesco de Getafe y tiene como protagonista artístico al pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin.

Está previsto que se firme, según el acta de la citada Junta de Gobierno Local, un convenio entre los promotores de la idea, el alcalde Pedro Castro y el mencionado Centro Unesco de Getafe al que ha llegado la idea a través del ex concejal de AP en el Ayuntamiento de Getafe y, actualmente, marchante de arte latino y colaborador del gobierno cubano, Gabriel Navarrete (qué serpenteantes vueltas da la vida); y, claro está, falta el más importante, y del que no se dice nada en la Junta, el que pone el dinero que suponemos será la Junta de Compensación de El Bercial.

El Ayuntamiento espera que el monumento, que irá ubicado como no podía ser de otra manera en la Avenida de la República del Ecuador, se pueda inaugurar en el segundo semestre de 2010. Tras el chasco y la poca aceptación de la horripilante propuesta de las hormigas trabajadoras, se intenta colar sin ruido ni publicidad, alevosía y agosticidad, otro “bonito” monumento.

¿Pero quién es el tal Rumiñahui? Es fácil (Google; teclear: Rumiñahui). Se trata, según quién lo califique, de un “general” o caudillo inca (hermano de Atahualpa) que luchó contra los españoles durante la conquista de Ecuador o de un cacique cruel y obstinado que llegó a quemar los poblados propios de su raza, incluso Quito, si no se unían a la “resistencia”. En realidad, y a falta de algún tipo de relación con nuestra memoria histórica, aunque sí con la de los indios, tampoco nos parece una idea acertada; casi peor que la de las hormigas. No parece lo más conveniente que para celebrar la convivencia con los “hermanos” ecuatorianos tengamos que homenajear a ese personaje histórico que representa la guerra contra el “odioso español”. Es que estamos majaras perdidos; o están.

No digan los vecinos del barrio que no conocían la propuesta. Es realmente sencillo seguir la estela del gobierno municipal a través de su web.

Conste, a pesar de todo, que no pretendemos ignorar ni menoscabar calidad de la obra de Oswaldo Guayasamin, pintor universal nacido en Quito en 1919. Lo penoso de esta historia es que el escultor falleció hace ya diez años (1999). En realidad el monumento será una réplica fundida en bronce, una copia digital, de su obra “Resistencia” instalada en su ciudad natal y en la que Rumiñahui  se levanta con los puños en alto entre dos esbeltas pirámides de las que cuelga "El Sol", otra obra de Guayasamín. Ahí,  sin sol ni a lo peor pirámide alguna, nos vamos a gastar esos quinientos mil euros que la Junta de El Bercial tiene comprometidos con el Ayuntamiento. 500.000 euros para homenajear a Rumiñahui, también conocido por su traducción del quechua, como Cara de Piedra.

Bonito dispendio. A nosostros no nos gusta. Es acertado que la ciudad cuente con obras de artistas de los paises que más han contribuido con la nueva colonización o retro descubrimiento del país de “los barbudos” que combatió con saña el cacique inca. O la patria es una madre o una puta. El próximo día 12 de octubre se conmemora en muchos lugares de América el día de la raza (vaya nombre desafortunado) o el día de la hispanidad, etc..; otros, en cambio, rememoran, en linea con el  indigenismo o el nuevo socialismo que preconizan los nuevos "caupolicanes" suramericanos,  Chaves, Evo y Correa, la conquista y masacre de las poblaciones indias.

Dejemos la memoria histórica de la guerra, y sus guereros, para otros lugares y momentos. No seamos caciques de un tiempo ya pasado. Es el momento de replantear ese encuentro de dos mundos. Ayer allí y hoy aquí.  Además de no decidir, ni pintar un carajo, lo caro que nos sale.

23 de agosto de 2009

Hacia poniente por abajo

Menudo vértigo la vista de la pared de tierras calizas que sujeta, aún, las edificaciones que ayer rozábamos con las manos. Hoy hemos acudido a revisar la ruta hacia poniente de la playa de El Arenal-Bol de Calpe desde abajo, a ras de la arena.
Los edificios parecen empujados hasta el mismo borde del precipicio en un ejercio de difícil equilibrio. Un poco más (quizas años o decenios, o siglos, quién sabe...)y caerán como juguetes ante la naturaleza. Bellas estampas a pleno sol de una gaviota patiamarilla refrescándose junto al blanco de la espuma salada, panorámicas de postal para el recuerdo, una cría de pez de tipo rajiforme varada en la arena, edificios sorprendentes...












22 de agosto de 2009

Correría hacia poniente

Hemos decidido explorar la costa hacia poniente, en un paseo lo más paralelo a una playa que empieza a llenarse desde temprano; sólo con un par de filas de sombrillas hace que el agua parezca intransitable a nado por la cantidad de bañistas. El camino,entre los hoteles Solymar y Bahía de Calpe se empina rápidamente de manera endiablada. El calor húmedo, y el esfuerzo, han conseguido en pocos metros empapar la camiseta. El sudor resbala por la frente, por el cogote, los brazos...
Desde hace unos días, y a ras de arena, había observado alguna gaviota atalayando la parte más occidental de la playa del Arenal de Calpe desde alguna de las flores de la pita que se yerguen empingorotadas en el mismo farallón de tierra resbaladiza y rocas quebradas sobre las que se cimientan unas pocas casas y edificios con vistas a un paisaje embriagador pero con un futuro incierto por la inexorable acción de los elementos.





En la primera revuelta del camino ascendente hemos girado hacia el mar buscando el aire natural que nos refresca y nos ofrece una vista inédita. Cañizo, mar, piedra y cielo. Azul y verde.

Desde ahí se contempla una bella panorámica de la playa. Una rampa, no apta para fumadores, sube y baja (según se ande) hasta la playa. Un pequeño lujo.


La casa desde la que hicimos la foto anterior tiene esos bonitos motivos geométricos a base de azulejos de colores, que nos traladan casi por ensalmo al corazón de Marruecos.


Los jardines que dan a la parte resguardada de esas magníficas casas, vistas desde la playa, y en realidad donde se encuentran sus puertas de entrada, se muestran exuberantes. El jazmín lanza la fragancia dulce de sus flores en la mañana radiante, a la espera de que, al anochecer, los galanes desfallezcan en efluvios de amor buscando a la dama; la higuera exhala un olor áspero e intenso; pinos,abetos, chumberas y otros cactus, pitas, bungavillas, glicinias, granados, limoneros, cipreses y otras especies de las que ignoramos el nombre, pero que desparraman su exuberancia de olor y color, jalonan nuestro camino hacia la cumbre de la lomita.









Por fin he encontrado al ave en su mirador. Gusta, el pájaro observador, de apoyarse sobre la cima de la flor del agave. Es una atalaya flexible, orgullosa y natural que se agita levemente al arrullo del viento, más sosegadamente que el mar, ese gigante azul que brama y sacude latigazos de espuma sobre la arena de la playa.




Hemos divisado los edificios que proyectó el arquiteto Ricardo Bofill. Su interés nos obligará a reflexionar sobre ellos en una entrada dedicada por entero a ellos. Su estética y ubicación, lo merecen.


Ya de vuelta, camino de la atalaya, observamos algunos de los peores paisajes de Calpe, cerca del centro antiguo. Un urbanismo descontrolado se ha señoreado de barrancos y lomas conformando una zona residencial caótica, como un puzle imposible, incompleto, tejida de una cierta improvisación, sin una planificación clara, saturada de edificios feos e inhóspitos. Algunas calles, de subida y bajada, nos sorprenden, de vez en cuando, de bocacalle en bocacalle, con la panorámica del enorme pedrusco incrustado en el mar. Qué horror de urbanismo... depredador.

Sin embargo la mañana ha estado completa y henchida de belleza. De azul, cielo y mar.

15 de agosto de 2009

Belleza ignorada


Es sábado; día de mercadillo. De prisas, de lista de la compra, de barullo, de más gente de la que cabe en la calle. Fuera de la atalaya hace tanto calor y resplandor que hay que buscar las aceras sombreadas y mirar hacia abajo. Casi dejamos de lado, sin prestar atención, a esta "mar pacífico" (flor del hibiscus) con su alargado, colorido y resplandeciente estambre. Menudo sonajero.