Los esclavos negros brasileños, influidos por los indígenas nativos, empezaron a practicar la capoeira, un arte marcial que combina la música, la danza y las acrobacias. En el vídeo se puede ver una exhibición del Gimnasio Dokyo de Calpe con el mar y el impresionante Peñón de Ifach como telón de fondo.
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5 de abril de 2015
Capoeira en Calpe
Los esclavos negros brasileños, influidos por los indígenas nativos, empezaron a practicar la capoeira, un arte marcial que combina la música, la danza y las acrobacias. En el vídeo se puede ver una exhibición del Gimnasio Dokyo de Calpe con el mar y el impresionante Peñón de Ifach como telón de fondo.
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15 de agosto de 2014
Indignado con coche de lujo
Es curioso, cuando menos, el medio de comunicación elegido. La mayoría de los 'indignados', que ahora 'pueden o podrán', utilizan el altavoz que les han prestado algunos medios de comunicación, las redes sociales, la política 3.0 y algunas estúpidas tertulias televisivas. Este, sin embargo, sin otra posibilidad —no 'podrá' tal vez— ha emprendido la guerra por su cuenta y utiliza como pancarta o valla publicitaria la chapa de su automóvil de lujo. Podía haber utilizado un cacharro viejo y destartalado, un modesto 'Seat Ibiza', un 'Hiunday i-20' o incluso un 'Toyota Yaris'; pero no. Muestra su escaso ideario político y hace proselitismo con un mensaje en su vehículo de 'alta gama'. ¡Cómo son algunos de estos indignados, empresarios o comerciantes venidos a menos, en otro tiempo ricos y exitosos ciudadanos!
Se sabe que las revoluciones las prevén los filósofos, los visionarios y los adelantados sociales, las cosechan, sobre el terreno abonado previamente, los 'listillos' y algunos miembros de la clase universitaria más releída y 'progre', siempre en nombre y representación de los pobres, obreros, campesinos, clase media, 'perroflautas' o, incluso, de burgueses 'indignados'. A esas revoluciones, nacidas de la imperiosa necesidad de un nuevo tiempo, las esquilma la renovada clase dirigente, la 'vanguardia' del pueblo ignorante. Nadie duda, por lo que la historia muestra, que estos iluminados del colectivismo acabarán aprovechándose de los flamantes ciudadanos y lucrándose con los mismos delitos de siempre pero en un nuevo sistema. Consustancial a la condición humana.
La interminable crisis ha conseguido expandir el desánimo hasta las últimas y más recónditas celdillas de la sociedad, provocando de manera inexorable la irrupción de podemistas, indignados, movimientos asamblearios y otras 'mareas' de colorines. El éxito de 'Podemos' y su 'revolcón', no revolución, contra la 'casta' ha estigmatizado a los 'esos' partidos [PP, PSOE, UPyD, IU y otros], bajo la sospecha de corrupción generalizada. Se lanza, a la vez, el mensaje de la increíble honestidad de los círculos de indignados; ahora, nadie tiene un padre, una hermana, un primo, un familiar lejano, ni siquiera un amigo, que sea parte de la ignominiosa 'casta'. Y, al contrario, siguiendo la falsa lógica de las consignas del nuevo movimiento, todos los 'podemistas' son, —y serán, se supone— gente honrada, abnegados ciudadanos que cobrarán lo justo por su dedicación a lo público, que respetarán los derechos de los disidentes, garantes de la libertad de prensa y de asociación, incapaces de recibir sobornos, inmunes a la codicia, vacunados contra la tentación del dinero fácil, impermeables a lo que el resto de mortales considera la buena vida; y que nunca recibirán regalos ni comisiones por sus decisiones, ni para ellos ni para financiar irregularmente al partido, ciudadanos que repudiarán el nepotismo, tan claros y transparentes que no se beneficiarán con información privilegiada, negados por convicción a las corruptelas urbanísticas, a la arbitrariedad, la prevaricación, el expolio y saqueo de lo público o al latrocinio sin contemplaciones... Nadie. Ninguno de ellos cometerá pecado alguno contra el pueblo. Y menos contra ellos mismos; ningún 'podemista' traicionará a su compañero, envidiará el cargo del vecino, traicionará a sus camaradas y menos a su líder; ninguno de los chorrocientos mil afiliados de 'podemos, ganemos y, por tanto queremos' (un cargo) disentirá de las únicas propuestas que señalan los jefes y 'gurús', nadie hablará mal del partido y, por el contrario, celebrará sinceramente los logros del gran timonel. Pero no porque lo prohíban los estatutos del partido; no, por pura convicción ideológica.
¿Serán, tal vez, extraterrestres que nos han invadido para inculcarnos moral, rectitud intelectual y valores? ¿Serán políticos modificados genéticamente como melocotones grandes, anaranjados y sin mácula? ¿Diputados transgénicos? ¿Alcalde y ediles fecundados 'in vitro', cultivados en serie, con dosis extraordinarias de recato, virtud y compostura añadida? ¿Sería posible que el movimiento de los indignados no padezca los mismo errores, delitos y corruptelas que los gobernantes de los otros partidos? ¿Hay alguna diferencia genética, provienen de un entorno diferente, han recibido una educación distinta? Difícil.
Ninguna generalización es cierta. Es evidente que no 'podemos' catalogar bajo la misma etiqueta de 'casta' a todos los ciudadanos que optaron, y lo siguen haciendo aún, por los partidos 'más tradicionales'; ni los que ahora irrumpen en la cosa pública para 'poder' o querer coger el poder, para gestionar lo público, son ciudadanos sin mácula ni sospecha. La democracia asamblearia, horizontal y verdaderamente popular, no existe. Es uno de los mitos que alimenta la utopía de pequeños grupúsculos anarquistas; una mentira, un trampatojo, de la ficción política.
El lector habrá observado que el indignado de la fotografía superior ha dejado su coche 'aparcado' en una zona de carga y descarga. Creerá, al margen de la publicidad política, que esas ridículas y pequeñas normas de tráfico están para incumplirlas. Y no ha sido un día; parece una práctica habitual del conductor de este llamativo vehículo, quizá porque tiene su domicilio o su negocia cerca de la zona del Ayuntamiento y, claro está, no tiene aparcamiento ni quiere pagar la zona azul. Curioso. A lo mejor para él, cuando gobiernen sus idealizados 'indignados', podrá estacionar su coche de lujo, cual 'Granma' mítico, donde le salga de las narices. Se lo habrá ganado. Habrán triunfado las personas... en su lucha contra el sistema.
La interminable crisis ha conseguido expandir el desánimo hasta las últimas y más recónditas celdillas de la sociedad, provocando de manera inexorable la irrupción de podemistas, indignados, movimientos asamblearios y otras 'mareas' de colorines. El éxito de 'Podemos' y su 'revolcón', no revolución, contra la 'casta' ha estigmatizado a los 'esos' partidos [PP, PSOE, UPyD, IU y otros], bajo la sospecha de corrupción generalizada. Se lanza, a la vez, el mensaje de la increíble honestidad de los círculos de indignados; ahora, nadie tiene un padre, una hermana, un primo, un familiar lejano, ni siquiera un amigo, que sea parte de la ignominiosa 'casta'. Y, al contrario, siguiendo la falsa lógica de las consignas del nuevo movimiento, todos los 'podemistas' son, —y serán, se supone— gente honrada, abnegados ciudadanos que cobrarán lo justo por su dedicación a lo público, que respetarán los derechos de los disidentes, garantes de la libertad de prensa y de asociación, incapaces de recibir sobornos, inmunes a la codicia, vacunados contra la tentación del dinero fácil, impermeables a lo que el resto de mortales considera la buena vida; y que nunca recibirán regalos ni comisiones por sus decisiones, ni para ellos ni para financiar irregularmente al partido, ciudadanos que repudiarán el nepotismo, tan claros y transparentes que no se beneficiarán con información privilegiada, negados por convicción a las corruptelas urbanísticas, a la arbitrariedad, la prevaricación, el expolio y saqueo de lo público o al latrocinio sin contemplaciones... Nadie. Ninguno de ellos cometerá pecado alguno contra el pueblo. Y menos contra ellos mismos; ningún 'podemista' traicionará a su compañero, envidiará el cargo del vecino, traicionará a sus camaradas y menos a su líder; ninguno de los chorrocientos mil afiliados de 'podemos, ganemos y, por tanto queremos' (un cargo) disentirá de las únicas propuestas que señalan los jefes y 'gurús', nadie hablará mal del partido y, por el contrario, celebrará sinceramente los logros del gran timonel. Pero no porque lo prohíban los estatutos del partido; no, por pura convicción ideológica.
¿Serán, tal vez, extraterrestres que nos han invadido para inculcarnos moral, rectitud intelectual y valores? ¿Serán políticos modificados genéticamente como melocotones grandes, anaranjados y sin mácula? ¿Diputados transgénicos? ¿Alcalde y ediles fecundados 'in vitro', cultivados en serie, con dosis extraordinarias de recato, virtud y compostura añadida? ¿Sería posible que el movimiento de los indignados no padezca los mismo errores, delitos y corruptelas que los gobernantes de los otros partidos? ¿Hay alguna diferencia genética, provienen de un entorno diferente, han recibido una educación distinta? Difícil.
Ninguna generalización es cierta. Es evidente que no 'podemos' catalogar bajo la misma etiqueta de 'casta' a todos los ciudadanos que optaron, y lo siguen haciendo aún, por los partidos 'más tradicionales'; ni los que ahora irrumpen en la cosa pública para 'poder' o querer coger el poder, para gestionar lo público, son ciudadanos sin mácula ni sospecha. La democracia asamblearia, horizontal y verdaderamente popular, no existe. Es uno de los mitos que alimenta la utopía de pequeños grupúsculos anarquistas; una mentira, un trampatojo, de la ficción política.
El lector habrá observado que el indignado de la fotografía superior ha dejado su coche 'aparcado' en una zona de carga y descarga. Creerá, al margen de la publicidad política, que esas ridículas y pequeñas normas de tráfico están para incumplirlas. Y no ha sido un día; parece una práctica habitual del conductor de este llamativo vehículo, quizá porque tiene su domicilio o su negocia cerca de la zona del Ayuntamiento y, claro está, no tiene aparcamiento ni quiere pagar la zona azul. Curioso. A lo mejor para él, cuando gobiernen sus idealizados 'indignados', podrá estacionar su coche de lujo, cual 'Granma' mítico, donde le salga de las narices. Se lo habrá ganado. Habrán triunfado las personas... en su lucha contra el sistema.
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Tu tienes tu lenguaje
Tu tienes tu lenguaje, tu música, tus ruidos,
Que expresan misteriosos tu insólito anhelar;
Si ruges, en los montes retumban tus bramidos,
Si lloras, en las playas rubricas tu pesar...
(Al mar. Ignacio Negrín)
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11 de agosto de 2014
Luna resplandeciente y escaladora
Desde hace milenios, noche a noche, escuchan el canto del mar y esperan que la claridad de Hécate, la luna, acaricie sus huesos desnudos. Fueron jóvenes truncados antes de tiempo por la Moira, vírgenes intactas, madres separadas de sus hijos, hombres en la plenitud de su virilidad, jóvenes en cuyas mejillas empezaba a asomar el vello. Recorrieron los mares en ágiles barcos, y la tierra en fogosos caballos, en carruajes espléndidos de fervorosas ruedas... Duermen en la arena limpia, entre las rocas tersas, bajo esta bóbeda solemne, en este ambiente no contaminado. Aquí, su descanso es sagrado e inaccesible... (El oráculo. Valerio Massimo Manfredi).
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27 de agosto de 2013
La Manzanera, de la utopía a la realidad
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| Los tres edificios más característicos de Ricardo Bofill Leví en La Manzanera de Calpe asomados al acantilado. La Muralla Roja, Xanadú y el Anfiteatro vistos desde el mar |
En los primeros momentos del proceso de urbanización y destrucción del litoral la planificación brilló por su ausencia. El modelo económico primaba el crecimiento desmesurado, en un intento desesperado de la dictadura para sacar cuanto antes a la mayoría de la población de sus ocupaciones agropecuarias y llevarla a los polos de desarrollo industrial que se ubicaban en las zonas metropolitanas de las grandes ciudades. Al igual que en las ciudades dormitorio, en la costa los edificios se levantaban por doquier, desperdigados, sin orden ni control, de manera anárquica, sin las suficientes infraestructuras urbanísticas ni servicios básicos.
Tras unos años, el nuevo proletariado empezó a contemplar como posible el acceso al utilitario y al disfrute del sol junto a los extranjeros. Los propietarios de suelo se disponían a recoger la mejor cosecha de sus apetitosos terrenos junto a las playas.
Había empezado la década de los sesenta. Los promotores empezaron a pintar laderas y playas con cientos y cientos de casitas blancas en un ejercicio de urbanismo folckórico. Calpe no se quedaba atrás. Sin embargo, en esos primeros años se produjo una coincidencia que hizo posible la presencia de Ricardo Bofill Leví (Barcelona 5/12/1939) en y su "caserío de vacaciones" en la finca La Manzanera de Calpe. Un proyecto respetuoso con el paisaje y exento, por unas razones u otras, de las prisas y del ánimo especulativo que recorría los municipios de la costa española.
La finca de La Manzanera (El Tros), cerca de casco antiguo, era propiedad de Natalia Pérez Ortembach, miembro de una saga de terratenientes de larga presencia histórica en Calpe y Benissa. Los terrenos, abruptos y abancalados hasta los farallones que dan mar, cuenta con una pequeña cala de piedras, bastante inhóspita. A Natalia, que vivía en Barcelona, no se le escapó la fiebre que invadía el litoral. En esa misma ciudad tenía y tiene su estudio el arquitecto Ricardo Bofill Benassat. Su hijo Ricardo finalizaba en 1960 los estudios de arquitectura en Ginebra. A su regreso a España fundó el Taller de Arquitectura para modernizar el estudio que dirigía su padre. Ricardo Bofill Leví había tenido que acabar la carrera de arquitectura fuera de España tras haber sido expulsado en 1957 de la Escuela Técnica de Arquitectura de Barcelona por sus actividades políticas (pertenecía al PSUC). Con esos antecedentes, la titulación extranjera de Bofill Leví era difícil de convalidar.
El trabajo del Taller incide en la búsqueda de ideas para una ciudad o "caserío" de vacaciones que se aleje de los tópicos folklóricos y de los exóticos rascacielos. La propietaria no tiene prisa ni necesidad económica que persiga la especulación lo que posibilita que el proyecto se desarrolle a lo largo de 23 años, entre 1962 y 1985. La Manzanera es un campo de pruebas. Bofill sabe que no es posible reproducir un auténtico núcleo urbano. "La humanidad que se respira, —dice— en un pueblo construido en la historia es imposible de conseguir en una urbanización definida a priori". La Manzanera es una respuesta crítica al pragmatismo y el funcionalismo de los años 50 y 60 que proveía un crecimiento de las ciudades con operaciones especulativas, con edificaciones arracimadas, sin ninguna preocupación por la creación de espacios urbanos públicos que descongestionaran la densidad que procuraba y aplicaba con avidez el negocio inmobiliario.
Ricardo Bofill y el Taller de Arquitectura trabajan con la premisa de hacer un "jardín urbanizado", manteniendo la vegetación autóctona (algarrobos, pitas, chumberas, pinos, almendros, limoneros,...), restando importancia a las calles o carreteras, camuflando los aparcamientos y combinando los jardines, los parterres, las viviendas unifamiliares en grupos pequeños o adosados en hilera, las colectivas en altura y el núcleo de ocio y restauración que incluía la propuesta de un pequeño hotel de lujo. "El terreno —asegura el arquitecto— es un anfiteatro natural, donde de todas partes se ve todo; situar unas viviendas blancas... creyendo que el resultado va aser el mismo que en cualquier montaña es un error. No se trata de hacer un nuevo y moderno folklore". No se piensa en ningún momento en "el sistema corriente de abrir calles y vender parcelas".
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| Postal antigua de Calpe (finales de los setenta u ochenta) con el edificio de la Muralla Roja sobresaliendo entre los bancales de La Manzanera y el peñón de Ifach al fondo. Imagen de la exposición celebrada entre mayo y julio de este año 2013 en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y que mostró una selección de la colección de postales de arquitectura del siglo XX del arquitecto Rafael Cazorla |
Lo importante era mantener la unidad del conjunto y la armonía del paisaje, el carácter, gracias a la utilización de materiales vernáculos como los muros de piedra. Una premisa que saltaría por los aires con La Muralla Roja. Los proyectos y su ejecución se dilatan en el tiempo tanto que el mundo cambia sin remedio. La utopía se mueve sin dirección clara. Sin embargo, el punto de inflexión, la renuncia al diálogo inicial con el paisaje se debería, también, al fallecimiento de la propietaria de los terrenos en 1968 y la irrupción promotora de una nueva sociedad mercantil.
Aunque los primeros planos y proyectos de edificación salieron de las mesas de delineación en el otoño de de 1962, el Plan Parcial de Ordenación, redactado por etapas, no fue un instrumento visado hasta 1966. Existía desde el principio, sin embargo, el compromiso de una planificación unitaria. Las construcciones se desarrollaron entre los años 1964 y 1982. Durante estos dieciocho años se promovieron los siguietes edificios: Plexus (1966), 31 apartamentos; Xanadú (1967), 18 apartamentos; Conjunto residencial (1967-1971), 17 viviendas unifamiliares; La Muralla Roja (1973), 50 apartamentos; Anfiteatro (1981), 25 apartamentos.
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| Vía de circulación en el interior de la urbanización de La Manzanera |
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| Zona de ocio junto a la entra de la urbanización |
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| Vista del Peñón desde el Xanadú |
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| Parterres y jardines delimitados por muros de piedra. Al fondo el Xanadú y el Anfiteatro. |
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BIBLIOGRAFIA:
• "Arquitectura per al turisme: la utopía urbana de Bofill i el taller d'arquitectura a la Manzanera" (1962-1985). Antoni Banyuls i Pérez. Institut Ramon Muntaner. En internet en Biblioteca de Recursos Universia.
• "La ciudad del arquitecto". Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores. 1998, Barcelona
• "L'Architecture des villes. Ricardo Bofill", Nicolas Véron. Paris, Odile Jacob, 1995.
• "Ricardo Bofill Obras y Proyectos/Works and Projects". Bartomeu Cruells. Barcelona, Gustavo Gili, 1992.
• "Espacio y Vida. Ricardo Bofill", Jean-Louis André. Barcelona, Tusquets, 1990.
• "Ricardo Bofill". Annabelle D'Huart. Paris, Editions du Moniteur, 1989.
• "El Dibujo de la Ciudad, Industria y Clasicismo". Annabelle D'Huart. Ricardo Bofill. Barcelona, Gustavo Gili, 1984.
• "L'Architecture d'un Homme. Ricardo Bofill". París, Editions Arthaud, 1978.
• Juan Manuel Alcalá Perálvarez, salvo las expresamente indicadas en el pie de foto.
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Plexus: el primer edificio de Bofill en Calpe
El complejo de viviendas Plexus (1964), situado en la parte alta de La Manzanera, fue el primero de los edificios de Ricardo Bofill que verían la luz en Calpe por encargo de Natalia Pérez Ortembach. Fue proyectado y ejecutado, incluso, antes de la redacción y visado del Plan Parcial de la Manzanera.
Plexus integra 31 apartamentos adosados y "representa —según se detalla en la página web de Ricardo Bofill— un esfuerzo por inscribirse al máximo en su entorno natural, siguiendo el mismo método utilizado en la construcción de las terrazas de piedra que definen los terrenos agrícolas de la zona, en una clara expresión de la aplicación del "Regionalismo Crítico" en la costa mediterránea".
La planta se adapta a la forma de las terrazas, ajustadas sucesivamente por debajo y por encima con el fin de reducir su impacto visual. El proyecto se caracteriza por el uso de motivos y materiales vernáculos tales como la piedra, las ventanas con persianas del Mediterráneo, los arcos y cubiertas de teja en pendiente
.
Uno de los detalles más impactantes de la propuesta arquitectónica, además de lo expuesto anteriormente, los distribuidores o zonas de acceso a las viviendas, son las chimeneas en las que algunos críticos han querido ver un pequeño homenaje al siempre admirado Gaudí.
Pero, ¿qué significa plexus? ¿Complejo? ¿Ramificado como el sistema nervioso? ¿Intrincado?
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Una ciudad en el espacio
Tras la muerte de Natalia Pérez, la propietaria de los terrenos de La Manzanera, irrumpe una sociedad anónima como nueva promotora inmobiliaria. Las pautas iniciales de Taller de Arquitectura sobre el paisaje y los materiales vernáculos quedan atrás, olvidados para siempre. La empresa Palomar SA encarga a Ricardo Bofill los proyectos para levantar dos edificios; uno de 18 y otro de 50 apartamentos. Así se gestaban los proyectos bautizados como Xanadú y La Muralla Roja.
Xanadú es, para nosotros, quizás el edificio más sorprendente y enigmático de La Manzanera; "supuso —según la página web de Ricardo Bofill— un prototipo experimental para la aplicación de una metodología para la teoría de una “ciudad jardín en el espacio” desarrollada por el equipo, y debe ser interpretado como uno de los muchos elementos de interconexión". La idea de la ciudad en el espacio es una propuesta arquitectónica y habitacional del Taller de Arquitectura para un barrio obrero de Madrid (Moratalaz) que finalmente se quedó solo en una audaz maqueta y en una idea sin ejecutar pero que suscitaría nuevas reflexiones y posibilitaría el desarrollo de proyectos como Xanadú.
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| Maqueta de la Ciudad en el Espacio, propuesta de viviendas para un barrio obrero (Moratalaz) |
"El castillo, —continua la explicación de la web— fue el punto de referencia del edificio, evolucionado hasta convertirse en una configuración inspirada en el cercano Peñón de Ifach. Cada apartamento se compone de tres cubos correspondientes al espacio de salón-estar, dormitorios y zona de servicios. Estos tres cubos se agrupan en torno al eje vertical de la escalera, que les sirve de apoyo. Los cubos vertebran la circulación determinada sobre una trama ortogonal, que se rompe para satisfacer las necesidades particulares del programa: en este caso, terrazas internas protegidas para evitar el intenso calor, los techos hiperbólicos para ofrecer mejores vistas, y la adaptación a las técnicas de construcción local".
"No se dibujaron planos ni elevaciones durante la construcción, pero cada unidad presenta aperturas en las paredes exteriores colocadas en función de la orientación, de las necesidades de luz, de las colocación de los extractores de cocina, de los ventiladores, de la privacidad y de los puntos de conexión, y se situaron tras el análisis diagramático del modelo sobre los planos de estructura. La rígida geometría del cubo, la base de la estructura inicial, se fracturó en los ángulos exteriores con el fin de crear una fachada irregular con una espectacular interacción de luces y sombras y múltiples vistas sobre el paisaje".
A nosotros, al margen de las explicaciones de su autor sobre la génesis del proyecto, Xanadú siempre nos ha parecido un árbol. Un gran árbol en el que se han colocado viviendas en algunas de las ramas. Un edificio mimetizado en árbol. Un árbol de hormigón, pintado de verde, para vivir, asomado al acantilado como un gigante cúbico que quiere competir con el Peñón de Ifach como elemento iconográfico de Calpe. Desde abajo parece la obra de un loco, un ejercicio arquitectónico, si pudiera calificarse en términos ideológicos, anarcocomunista, aunque Bofill era, realmente, un librepensador; lejos quedaba su militancia o sus escarceos con el PSUC. Mientras se proyectaban los 18 apartameantos del Xanadú, Europa encaraba un vuelco casi total en los valores personales y políticos. El mayo francés y la primavera de Praga cambiarían radicalmente nuestra concepción del mundo. El pasado había muerto. Había que construir un planeta nuevo. Y así, como la consigna del 68, Xanadú parecía decir: "Olvidad todo lo que habéis aprendido, empezad a soñar”.
Bien lo sabe el poeta. La brisa le trae a José Agustín Goytisolo el olor a sal de mares muertos frente a antiguas ciudades; ahí, en el Xanadú, cruza pasillos y atalaya el tiempo. La ensoñación no cesará hasta que amaine el viento y el escritor perciba, tras la sombra fantasmal del Peñón, las luces de las barcas que han salido a pescar en un mar tranquilo. ¡No penséis que todo fue un mal sueño! ¡Estad alerta!
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Una ensoñación tras la sombra fantasmal del Peñón
En el Xanadú
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO
Hace frío la brisa me despeina
y trae olor a sal de mares muertos
frente a antiguas ciudades.
Corro subo
cruzo pasillos atalayo el tiempo
y veo alzarse las banderas que odio
al pie de Jericó.
No les doy tregua
llamaré en mi socorro a las legiones
de Lépido.
¡Ay terribles noches hondas
con Moctezuma golpeando el sueño
que me acosa en el fuerte!
No podría
resistir el embate de estas ola
como aguanté en Messina.
Ahora distingo
a Cabrera y sus hombres galopando
hacia los muros de Morella.
Soy
uno tan solo espacio pero
un millar en el tiempo.
No os es dado
comprender lo que pienso.
Oigo mis pasos
en el porche desierto y me posee
la fuerza que soñaba para el mundo
Vladimir Ilich Lenin.
Este sitio
es mi condena mas también la abierta
e inacabable habitación que el hombre
persigue mientras duerme: alta cambiante
fundida en el paisaje hecha de piedra
y desafío al mar.
Como el tesoro
oculto en una cueva de mi memoria
brilla entre esta paredes.
No intentéis
arrancarme jamás la antigua clame
que conozco y ejerzo.
Libre libre
viviendo entre cadáveres de esclavos
que se afanaron en alzar imperios
sobre un pantano que los engulló
entre fechas y edades.
El futuro
está muy cerca igual que lo vivido;
como nuevo Tiresias me limito
a esperar que suceda lo que vi:
nadie podrá evitarlo no hay señal
en el cielo estrellado.
Luchas pactos
victorias imposibles esperanzas
furor de humanidad que se rebela
como hormiguero al que aplastara un pie
distraído y enorme.
El viento amaina
me acomodo en el balcón.
Tras la sombra
fantasmal del Peñón se ven las luces
de las barcas que salen al candil
en un mar ya sereno.
No penséis
que todo fue un mal sueño: un cigarrillo
de marihuana es poca explicación
para tanta certeza.
Estad alerta
la muerte os ronda puedo oír su canto
mientras busco otra vez las escaleras.
No podréis escapar: yo estaré siempre
en este caserón buscando a un dueño
que ya se que no existe entre los gritos
de niños que algún día nacerán
y que hace tiempo vi como murieron.
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BIBLIOGRAFIA:
—Taller de Arquitectura. José Agustín Goytisolo. (1977). Editorial Lumen, 1995.
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La Muralla Roja de Bofill cumple 40 años
La Muralla Roja (1973), uno de los edificios más significativos de la obra de Ricardo Bofill en Calpe, cumple cuarenta años. Según el Taller de Arquitectura, "el edificio debe considerarse como un caso aparte en el largo devenir de la urbanización de La Manzanera en Calpe". "El proyecto —continúa la explicación en la página web de Ricardo Bofill, "incorpora una clara referencia a las arquitecturas populares del mundo árabe mediterráneo, en particular a las torres de adobe del norte de África. La Muralla Roja es como una fortaleza que marca una silueta vertical, siguiendo las líneas del contorno de la pared rocosa. Con este edificio el Taller de Arquitectura quiso romper la división post-renacentista entre los espacios públicos y los privados reinterpretando la tradición mediterránea de la casbah. El laberinto de esta casbah recreada responde, a un preciso plan geométrico basado en una tipología de cruz griega con brazos de 5 metros de largo, que se agrupan de diversas maneras, dejando las torres de servicio (cocinas y baños) en la intersección de las cruces. El trabajo geométrico realizado para el proyecto de La Muralla Roja representa una aproximación a las teorías del constructivismo".
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| Proyecto de La Muralla Roja. Plano de conjunto. Ricardo Bofill |
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| Proyecto de La Muralla Roja. Ricardo Bofill |
La gama de colores aplicada en el edificio responde a la intención de resaltar el relieve de los diferentes elementos arquitectónicos, dependiendo de sus funciones estructurales. Las fachadas exteriores están pintados en diversos tonos de rojo lo que acentúa el contraste con el paisaje; los patios y las escaleras están tratados con tonos azules, índigo, violeta. Se trata, según el arquitecto, "de producir contrastes más o menos pronunciado con el cielo o, por el contrario, el efecto óptico de fusión con el mismo".
Jordi Juliá dedica un capítulo de su libro "La mirada de París. Ensayos de crítica y poesía" a uno de los escasos vínculos entre la poesía y el urbanismo. Y lo hace a través del idilio entre las personalidadades y las obras de Ricardo Bofill Leví y de José Agustín Goytisolo, una relación que se plasmó en la obra "Taller de Arquitectura" que el poeta escribió en 1977, y que reduce a versos la eclosión creativa del arquitecto desde los años sesenta hasta finales de los setenta.
La Muralla Roja, según el propio Taller de Arquitectura, es como un objeto monumental que, al igual que un templo de la antigua Grecia, sobresale del entorno que lo rodea por su condición escultórica. Con la arrogancia del color se enfrenta al otro edificio mítico de La Manzanera: Xanadú. Y ambos, asomados al acantilado y al mar. Las vistas al peñón de Ifach son impresionantes.
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| Fuente: página web de Ricardo Bofill |
El carácter sagrado, al que alude el proyectista, se conjuga —de ahí su nombre—, con su aparente inaccesibilidad. Tras subir las últimas pendientes hacia La Manzanera, quedamos "absortos y acongojados" ante el brillante obstáculo que se nos presenta. Tenemos la sensación de haber llegado a la frontera, a la ciudad islámica árabe, o mejor marroquí, que sugiere Boffil. Enfrente tenemos una fortificación, una alcazaba árabe, a una torre vigía, una atalaya, un mundo fantástico, almenado, laberíntico, enrevesado, lleno de pasarelas y escaleras jalonadas como continuación oblícua de las almenas. La "emoción del muro" nos traslada igualmente , como concepto, a La Alhambra de Granada, a las ciudades de adobe de la antigua Babilonia o del Yemen, al palacio romano de Diocleciano en Split, a la urbe amurallada de Siena, la misma que aparece en el fresco "Consecuencias de el buen gobierno en la ciudad" que Ambrogio Lorenzetti pintó en las paredes del Palacio Comunal. Arquetipos, todos ellos, de la ciudad amurallada adaptada, "domesticada", a las nuevas necesidades. La historia como inspiración.
Con La Muralla Roja, que este año cumple cuarenta años, Ricardo Bofill se olvida del diálogo entre la edificación y el paisaje que marcó los primeros pasos del diseño de la urbanización de La Manzanera, asi como de la arquitectura y materiales vernáculos; sin embargo, a pesar del cambio de rumbo, como explican en la página web, con este proyecto continúan profundizando en las primeras reflexiones del Taller de Arquitectura sobre los espacios públicos y los privados. La idea de conjugar la tradición histórica y la utopía le conduce en Calpe a un proyecto surrealista, rico en efectos sorprendentes, una complejidad de quiebros y escaleras imposibles hacia el azul del cielo que solo pretenden la emoción del espectador.
En la cubierta común transitable del edificio se ejecutaron solarios, una piscina y una sauna para uso exclusivo de los residentes. Es es un auténtico adarve de azoteas en las que "las drácenas y el rododendro quisieron ganar el espacio privilegiado de las antenas" y que hoy, perdida la batalla en todo lugar, y sin enemigo al que vigilar desde las alturas, es el lugar idóneo para tomar el sol, respirar el aire húmedo y salobre, otear el abrupto paisaje o disfrutar, día y noche, de espectáculos celestes y marinos infinitos.
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| Fuente: página web de Ricardo Bofill |
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| La Muralla Roja y Xanadú al borde del acantilado de la Manzanera |
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BIBLIOGRAFIA:
— Arquitectura per al turisme: la utopía urbana de Bofill i el taller d'arquitectura a la Manzanera (1962-1985). Antoni Banyuls i Pérez. Institut Ramon Muntaner. En internet en Biblioteca de Recursos Universia.
—Taller de Arquitectura. José Agustín Goytisolo. (1977). Editorial Lumen, 1995.
IMAGENES:
Salvo las indicadas, el resto de fotografías son obra del autor del blog.
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Absorto y acongojado al pie de la muralla
La muralla roja
JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO
Viene y no lo sabes
a encontrarte a ti mismo
nadie te ha detenido
al pie de la muralla
y ahora estás aquí
absorto acongojado
y sin saber qué hacer.
La muralla no tiene
secretos hacia afuera
pero dentro silencio
ten cuidado no grites
¿escuchas esa música?
¿no te recuerda nada?
sí sí estuviste aquí
hace miles de años
jugabas sí ¿fue un sueño
o es tu imaginación
que te gasta una treta?
un laberinto era
un lienzo de colores
rojos como la sangre
rojos como el espanto
que hace temblar los pies.
¡Ah los pies! No profanes
con tus pasos el templo
¿te descalzaste fuera?
sigue sigue extranjero
penetra hasta la celda
que te aguarda y no pienses
detenerte o volver.
Ya no existe el regreso
nadie podrá salir
aunque su cuerpo lo haga:
éste es lugar de sueños
donde todos se quedan
esperando esperando
la claridad de un día
sin tiempo ni relojes
en el que las edades
los siglos los milenios
se confundan y abrasen
en una misma hoguera
alegre igual que un vino
de ignorada memoria.
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BIBLIOGRAFIA:
—Taller de Arquitectura. José Agustín Goytisolo. (1977). Editorial Lumen, 1995.
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Esperando a los griegos en el Anfiteatro
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| Ilustración digital realizada partir de un dibujo del Taller de Arquitectura |
El edificio es fácil de identificar desde numerosos puntos de observación de la costa. A lo lejos, desde el mar o desde la playa, destaca, anclado sobre el promontorio, un blanquísimo templo griego. Los volúmenes y los pliegues de la fachada generan a lo lejos la ilusión de columnas, cornisas, frontones o metopas. El enfoscado y las sombras, perfectamente previstas, generan la imagen clásica e inmaculada del recinto sagrado. Desde el interior de la zona común y desde todas las viviendas, el paisaje y las vistas son impresionantes; el edificio solo está separado del abrupto acantilado por un pequeño paso para peatones.
Las entradas a los apartamentos están situadas en la fachada trasera, y dan a una calle pequeña que conecta la zona de aparcamiento con el espacio central. Cada uno de los edificios incluye siete apartamentos y siete áticos. Las cubiertas están habilitadas como solarios a las que se accede desde la piscina por dos escaleras de grandes dimensiones.
La diferencia de cota entre este edificio y la zona que rodea la piscina se resuelve por medio de una superficie inclinada convexa, representación del antiguo anfiteatro en su expresión espacial, que protege la orientación principal de los apartamentos de la circulación colectiva. Dos hileras de gradas continuas constituyen la conexión del plano inclinado con el suelo de roca de la plaza.
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| Ilustración realizada a partir de un dibujo del Taller de Arquitectura |
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| Fotografía procedente de la página web de Ricardo Bofill |
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| Fotografía procedente de la página web de Ricardo Bofill |
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