Un hermano de mi abuelo Segismundo, llamado José A. Serrín, abandonó la vida pastoril y huyendo del Servicio militar obligatorio embarcó en el puerto de Gijón hacia Cuba. Junto a otros españoles acabó en un pequeño pueblo de la provincia de Las Villas donde montó un horno para cocer tejas y ladrillos. Compró una casa con un gran terreno junto a un caudaloso río. Llegó a poseer una barcaza de considerables proporciones con la que transportaba los ladrillos hasta otras poblaciones de la isla. Tras el triunfo de la revolución en el año 59, el negocio pasó a ser gestionado por vagos e ignorantes “revolucionarios”, teniendo que ser cerrado al poco tiempo. Hoy, sus hijos y nietos viven con los apuros generales del pueblo cubano, repartidos entre Santa Clara y La Habana.
9 de diciembre de 2009
Un desconocido
Un hermano de mi abuelo Segismundo, llamado José A. Serrín, abandonó la vida pastoril y huyendo del Servicio militar obligatorio embarcó en el puerto de Gijón hacia Cuba. Junto a otros españoles acabó en un pequeño pueblo de la provincia de Las Villas donde montó un horno para cocer tejas y ladrillos. Compró una casa con un gran terreno junto a un caudaloso río. Llegó a poseer una barcaza de considerables proporciones con la que transportaba los ladrillos hasta otras poblaciones de la isla. Tras el triunfo de la revolución en el año 59, el negocio pasó a ser gestionado por vagos e ignorantes “revolucionarios”, teniendo que ser cerrado al poco tiempo. Hoy, sus hijos y nietos viven con los apuros generales del pueblo cubano, repartidos entre Santa Clara y La Habana.
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2 de diciembre de 2009
En defensa de los derechos fundamentales en Internet
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
1.Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
2.La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
3.La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
4.La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
5.Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
6.Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
7.Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
8.Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red, en España ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
9.Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
10.En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.
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Rumiñagüi y la Alianza de las Civilizaciones
En el Centro Unesco de Getafe también participa el ex concejal Sebastián Carro, antes de derechas y ahora en “tierra de nadie”, “animal político político por excelencia”, medio hermano en esto de la política de Pedro Castro, no sabemos si a favor de la escultura del indio o no. Otro personaje que aparece igualmente es el que fuera Consejero de Gobernación (interior) del gobierno regional cuando Joaquín Leguina regía los destinos de la Comunidad de Madrid; se trata de Virgilio Cano, responsable de la comisión de integración y cooperación del Centro Unesco Getafe (presunto ideólogo de la estatua del indio junto con su compañero Navarrete), diputado regional durante tres legislaturas, vicepresidente de Telemadrid y consejero de interior, y ahora marchante de arte (o que vive de su amor por el arte, si se prefiere).
(Sólo resta solicitar que se eliminen los nombres de las calles que en nombre de la memoria histórica puedan molestar a los indígenas o a los nativos de otros países asentados en Getafe. Así pues, se deben eliminar los nombres de calles como Pizarro, Núñez de Balboa o Hernán Cortes)
“Cañaris”, “Chachapoyas”, “Huancas”, “Puruháes” y otros “Incas Curacas” se sintieron aliviados con la muerte de Atahualpa, al que algunos historiadores y aficionados, por otra parte, consideran un traidor y no le conceden la categoría de Inca pues no pudo finalmente coronarse la borla de lana roja. Incluso muchos incas, partidarios de Huáscar, como Manco Inca Yupanqui (también hermanastro de Atahualpa y de Rumiñawi), se unieron a los españoles para combatir a Cara de Piedra.
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1 de diciembre de 2009
Profeta en Leganés
Hace unos días, mientras leía la edición digital del Buzón de Leganés me trasladé en el tiempo y el espacio, hasta la casa de mi abuela. Corría el año 1962 y no hay nada anterior impreso en mi cabeza que pueda evocar de manera voluntaria
Ese primer recuerdo de mi vida alude a una singular y certera profecía. Luego, con el tiempo, he podido comprobar que en mi familia casi todos han pretendido gozar de esa capacidad. Ya te lo decía yo, decía mi madre sin parar; y mi padre, asentía como quien conoce el resultado. No hagas eso, no digas eso, me han dicho unos y otros intentando vislumbrar con sus consejos el imprevisible futuro. Y hasta mi mujer y mi hijo se arrogan el místico don de la profecía. Te lo dije, no hagas eso, no... te vas a dar un golpe... y vaya, que sí. Me lo suelo dar.
Pero no es exactamente eso a lo que me refiero.
El patio de mi abuela Francisca, allá en el pueblo donde nací, en la Ribera Alta, a medio camino entre Alcalá la Real y Frailes, lindaba con uno de los laterales de la nave de la iglesia, de la que se elevaba la torre del campanario, dedicada cómo no al patrón de la aldea, San Juan, y que se había construido, o reformado sobre otra anterior, según rezaba la leyenda del pórtico, en el año 1789. No debía estar lejos la festividad del santo. El el patio florecían esas plantas que sólo se dan en Andalucía, en forma de trompetas de hermosos colores. Al rededor del brocal del pozo jugábamos mi hermana y yo, como dos niños, corriendo y persiguiéndonos, mirando los don diegos y los geranios, huyendo de los tábanos y las avispas que aleteaban entre las enredaderas y las flores. Cuando el cansancio nos frenaba, acudíamos al territorio soleado del gato negro que tenía mi abuela; a molestarle tapándole el sol y a estirar sus llamativos bigotes. No era Demóstenes, y apenas nos dedicaba una mirada desdeñosa . Al gato le gustaba el pescado. No había nadie en el mundo como ellos dos, la vieja y el gato, comiendo boquerones crudos. Por culpa de una espina de pescado perdió el ojo mi abuela. Era tuerta y flaca, pero incansable y de espíritu indomable, como toda su estirpe.
De pronto el tiempo se paró, o casi, mientras escuchaba la voz de mi tío Antonio, que parecía, y parece hoy, al cabo de más de cuatro décadas, pronunciar aquellas palabras tan despacio como si se hubieran coagulado en el aire, trenzadas en el calor del mediodía, derretidas, silabeadas con parsimonia. El tiempo cincelaba con marcas indelebles por primera vez mi memoria, tan blanda y moldeable como la de un niño de tres años y poco.
- Cualquier día, esta iglesia se nos cae encima... [Y me pareció que retumbaba el trueno y se hizo verdad la palabra ¿Sería una señal?]
La voz del profeta resuena y predice [junto al templo] una catástrofe, adivina un mal latente, conjetura, presiente o pronostica la tragedia sin aviso previo. ¿Había tal vez grietas en la torre que delataran la ruina del edificio y anunciaran, con claridad, su inminente final? En ese caso, qué hacían mis dos tíos y mi padre sentados tan tranquilos a la sombra de la fragante higuera cargada de brevas...
La torre de la iglesia de San Juan de la Ribera Alta y parte de su techumbre cayó con estrépito hiriendo a numerosos fieles que en ese momento estaban en el interior del templo. En ese instante de desconcierto, nunca he sabido porqué, ya que estábamos avisados del desastre, recuerdo a mi tío Antonio que me arrastraba por el empedrado del patio para ponerme a cubierto en el interior de la casa de mi abuela; de reojo pude ver que mi padre y mi tío Santiago hacían lo mismo con mi hermana, llevándola en volandas como quien lleva sujeto a un pajarillo pendiente de un hilo invisible.
Tras el revuelo inicial provocado por el suceso, las comadres hacían balance de los heridos y los muertos en el lavadero del pueblo. Y, para no quedar como ignorantes, todas, la que más y la que menos, abuelas o mozuelas, casadas y viudas, sacaban a relucir sus poderosos dones adivinatorios.
- Ya se lo decía yo a los hermanos de mi pobre Juan; parece mentira, pero nadie me hizo caso. Estaba claro que esta iglesia se iba a caer. Nadie la cuidaba.
- El techo estaba en buen estado, pero no se veían las vigas de tanto encalarlas; yo se lo decía también a mi Manuel: mira esos palos, podrían estar podridos y ... ¿Quién sabe cuánto hace que las pusieron? ¿Alguien las había revisado últimamente? No. Desde la guerra que las revisó el cura párroco de Frailes... por culpa de unas granadas que tiraron los de la república.... Nadie las miraba.
[Diálogo, evidentemente inventado. Ni siquiera sé si aquel día infausto estuve en el lavadero. Lo cierto es que no recuerdo nada de esas demostraciones de sabiduría]
Con el tiempo he sabido que el único que gozaba de esa capacidad era mi tío Antonio. Yo, de alguna manera, también heredé ese don que nadie de mi familia sabe de donde procede. Y nunca, hasta ahora, había querido mostrar públicamente la posesión de esa facultad, que a veces me persigue como una maldición, de predecir o adivinar el futuro. Jamás he presumido ni ostentado con esa especie de fogonazos que me deslumbran por la noche y por el día, esas visiones como peliculillas que me adelantaban el trascurso de algunos acontecimiento. Lo mantenía en secreto y, a pesar de reconocerlo, no pienso de ninguna manera hacer pública ninguna de esas visiones. Es mejor; a veces, más que un don parece un castigo divino.
Pero, ¿que hacía yo rememorando esos hechos (verídicos) tan antiguos y personales? La respuesta la tenía delante de la pantalla del ordenador. En Leganés hay otro profeta. Uno que practicaba y se mostraba como tal a los vecinos de la localidad, que presumía de su condición. El portavoz del Partido Popular en ese municipio, Jesús Gómez, tiene también algún tipo de don profético o adivinatorio. Hace algunas semanas desveló, ¡qué audaz!, que había utilizado sus poderes y y para demostrarlo, sin que nadie tuviera dudas, acudió a un fedatario público para dictarle los nombres de las diez personas que ganarían una oposición municipal. Días antes de que lo supiera nadie, quizás, salvo los interesados. ¡Con lo difícil que está conseguir una plaza de funcionario!
Sin duda, el éxito del augur popular le ha motivado para insistir y volver a repetirlo, ostentando su capacidad de vaticinio. Desde junio acá, ya ha acertado con los resultados de tres oposiciones. Gómez ha anunciado los nombres de los afortunados que se han hecho con la plaza, sin que se hubiera realizado el examen, ni escrutarlo siquiera el jurado (siempre tan ecuánime en estos casos), Y, mire usted, pleno, se trata de los siguientes ciudadanos. Tal, tal, tal y tal...
Si usted no está en el listado del portavoz del PP, es que no va a ganar la oposición; no porque él no tenga influencia para concedérsela, que parece que no la tiene. Sólo adivina el resultado y los ganadores. No ha fallado ni un sólo nombre. Y de ello da fe el notario de Leganés, que no debe hacer, ni creemos nosotros que haga, trampa alguna para favorecer a un presunto tramposo. Así que, albricias, Jesús Gómez posee el don de la predicción. Si usted es de los que esperan un puesto en la administración pepinera debería adelantarse a los demás y preguntarle al nuevo profeta si algún día será una realidad que anuncie, de manera extraordinaria, su nombre en escritura pública o, tampoco es un problema, en una vulgar servilleta de bar.
Aunque, a la vista de su éxito, no debería, creo yo, abusar de las dotes que le fueron concedidas a este nuevo miembro de la cofradía de los profetas que somos. Porque el uso y abuso de cualquier cosa, incluso de un don divino, siempre es malo: envanece el espíritu y genera engreimiento. Y todo podría ser; que un día de estos, el alcalde y su ediles del gobierno le pronostiquen algo. No porque ellos tengan esa capacidad que, al parecer, no poseen. Sólo reparten graciosamente el don de la amistad o el amiguismo, el favor o favoritismo, para decidir un concurso o lid en los que presuntamente se debería respetar el derecho de los ciudadanos a recibir de esa administración equidad y justicia. Y más si hablamos de trabajo. El problema del profeta es que en la mayoría de los casos, cuando gobierna su partido en cualquier otro lugar, hace lo mismo.
El nepotismo está tan arraigado en la vida pública española que nadie se asombra del tal o tal recomendado, de tal o tal familiar del alcalde, del concejal de obras, incluso del portero del Ayuntamiento, si puede, y estuviera en su mano, enchufar al novio de su hija. ¿No temería usted en el caso de que gobernara el político profeta utilizaría, -no sus dotes de adivinación-, su poder e influencia para beneficiar a sus amigos, familiares y correligionarios?¿Seguro que no desconfiaría? Si no fuera así, estaría usted en disposición, por presunta ingenuidad y fidelidad, de presentarse a la oposición y ganarla. Los sindicatos, mientras tanto, excusando la chapuza y, como los fariseos, responsabilizando a las bases. Pero, digo yo, las bases las confeccionaría alguien en concreto; tan bien, tan bien, que sólo faltaban los apellidos de los adjudicatarios.
Hace algunos años, se produjeron en Getafe una serie de hechos parecido. Todo el mundo pensaba que entre los concejales había uno señalado con dones divinos. El gobierno municipal conocía con algún tiempo de antelación lo que hacía el anterior portavoz del PP de Getafe, y no sólo los actos programados como agenda política. Nadie sabía quién era. El caso es que, finalmente, no había nadie con dotes adivinatorias. Resultó que el portavoz popular perdió, le leían o fotocopiaban la agenda, y siempre, siempre, siempre sabía el gobierno y los periodistas [sólo los más avispados] dónde iba tal día, donde comía y con quién. Al impostor, correligionario político del afectado por las predicciones, le costó el cargo. En Getafe, al contrario de lo que pasa en Leganés, no hay profetas en la política.
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La ilustración superior está basada en una fotografía de la Iglesia de San Juan, en la Ribera Alta (Alcalá la Real, Jaén)
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13 de noviembre de 2009
La invasión de las cotorras argentinas
Y no se trata de ninguna delegación de periodistas deportivos argentinos ni del grotesco Pelusa parloteando insultos a los "plumillas". Se trata de otra plaga que viene del país suramericano. Y que se transmite con la inocencia de las mascotas que se regalan a los niños y a los viejos. Un pájaro que puede aprender palabras. ¿No recuerdan el loro de la calle Madrid, ese que gritaba como poseído la única palabra que le había enseñado su dueño y que se refería, de mala manera, a la madre de todos los viandantes. ¿Quién sería el hijo-de-su-madre?
Mariano García me lo ha apuntado. Evoca, como buen escritor, un argumento más sólido y divertido que la mera observación que hacíamos en el último artículo insertado en este blog sobre la plaga de palomas. Quien se pasea por la Plaza de España [Getafe], entre chopos, abetos y pinos, puede percatarse de esa especie de guerrilla aérea entre las palomas y otras aves que vuelan en pandilla a gran velocidad, aleteando constantemente, gritando y graznando de manera endiablada. La palomas esquivan el abeto en el que se refugian y han construido los hangares esa reducida, pero agresiva, escuadrilla de pájaros de vistoso y colorido plumaje; las palomas evitan acercarse y planean en círculos para acercarse a la fuente en la que se lavan y sacian la sed.
Son una colonia de Cotorras argentinas, o cotorritas (de nombre científico Myiopsitta Monachus ) que miran a las palomas con la actitud y el celo de severos guardianes del que consideran su territorio. Este ave, de la familia de los loros y procedente de américa del sur (Argentina, Bolivia y Brasil), se ha instalado en grandes ciudades como Barcelona, Lérida y Madrid (en la Casa de Campo se han llegado a contabilizar hasta cien nidos de estas cotorras. Las aves han llegado a nuestro país como mascotas. Muchas de ellas, como pasa con cualquier otro tipo de animales de compañía, han acabado en la calle por las molestias y los graznidos de los pajarracos. Están consideradas como una especie invasora de gran impacto medioambiental y muy agresiva con las especies autóctonas.
En Nueva York están tan extendidas que existe, incluso, un blog que recoge multitud de fotografías, vídeos y que llegó a proponer, no les parecía ninguna locura, a uno de estos pajarracos para el cargo de presidente de Estados Unidos en sustitución de mandamás americano. Finalmente fue una paloma (negra) la que sacó a la extirpe de los Bush de la Casa Blanca.
Las cotorras argentinas se han adaptado a jardines y a zonas urbanas incluso en un clima como el nuestro, mucho más frío que su lugar de procedencia gracias a la construcción de grandes nidos "bioclimáticos" con ramitas entretejidas que pueden llegar a pesar cincuenta kilos con el peligro consecuente para los peatones. Son aves altamente gregarias, incluso más que las palomas. Los nidos "coloniales" que construyen en árboles o en torres eléctricas o de telecomunicaciones tienen divididas las estancias, todo un lujo de estos arquitectos y constructores volátiles; una para los huevos y los polluelos, y otra para los adultos.
Cada pareja de cotorritas pone de 5 a 8 huevos que incuban durante 26 días. Los expertos creen que en una fase inicial la colonia se duplica cada dos años, construyendo nuevos nidos. Nosotros hemos contado unos seis u ocho ejemplares que conviven en dos nidos. Cerca de ellos suena la catarata. No es el Paraná. La fuente de los platos de Plaza España escurre el agua con borboteante sonido. Los pájaros extrajeros, emigrantes ilegales -al fin y al cabo- están a gusto, se han hecho un hueco ahí, al principio del barrio de Juan de la Cierva y, parece, que no haya nadie, ni fiscal ni juez, que los expulse de su nuevo domicilio y repatríe a su pais de origen..
De momento, a la vista del número de ejemplares, no parece que molesten demasiado. Incluso suenan exóticas, en ese pequeño jardín urbano, las estridencias de sus chillidos al revolotear sobre los tejados cercanos junto a la algarabía infantil que tiene lugar en los juegos que se encuentran un poco más abajo del nido de las cotorras.
Las fotografías están tomadas el jueves 12 de noviembre de 2009
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9 de noviembre de 2009
La paloma de la paz

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28 de octubre de 2009
Así hacemos las rotondas en Getafe
Propongamos un premio para el autor del diseño de esta rotonda ubicada en el interior del polígono los Ángeles. Así las hacemos en Getafe; redondas. Con un poco más, apenas un metro y medio, podrían haber ejecutado una rotonda elíptica, incluso la podrían haber desplazado esa misma distancia, y hubieran incluido la torre eléctrica en el perímetro interior, salvando el riesgo, en primera instancia, de que una noche, gracias a la escasa iluminación de este ya céntrico polígono industrial, alquien se la lleve por delante. Y con el peligro evidente, además de aporrear el coche y la frente, de achicharrarse vivo. Así somos: las rotodas, redondas. Colóquese una torre nueva en el interior, por favor, y así, además de evitar posibles accidentes, esquivaremos en el futuro la necesiad de adornar la rotonda con una escultura o una fuente.
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21 de octubre de 2009
El robo del cordero
Una luna esclarecida y delatora le había acompañado durante toda la noche, huyendo a través de una vía escarchada de estrellas en un cielo azulado, casi negro como la vida. Habían pasado más de tres horas desde que saliera de su casa para recorrer a grandes zancadas las dos leguas que separaban la aldea, junto a la ribera baja del río, del cortijo de los dueños y señores de la comarca.
Los caminos estaban endurecidos por años de sequía, escoltados por algunos almendros y algarrobos dispersos. Atravesó los olivares fríos y resplandecientes que a esa hora, cercano el momento del alba, ofrecían al astro reluciente sus hojas de un color verde oscuro, casi negro como la miseria, con reflejos grises de acero, perla y plata, como navajas desnudas.
Pensó acortar el trayecto, hurtando lo sinuoso del camino, aligerando como el viento, atravesando barbechos y rastrojos olvidados; trotando olivares, y más olivares, infinitos olivares, tierra inmensa que servía sólo a unos pocos, y donde algunas lechuzas, supervivientes del hambre y otras calamidades , vigilaban el más mínimo movimiento. Ellos también tenían necesidad de comer; cualquier cosa, por pequeña que fuera, un ratón, un topillo o, incluso, alguna musaraña despistada y adormilada.
Al poco, empezó a guiarse por la linde de las aparcerías que trabajaban los pobres, siempre en dirección sur. Apenas notaba la cara y tenía los ojos llorosos como los niños pequeños, sin apenas sentir a causa del aire frío que se deslizaba y lo recibía como una cuchilla afilada presta a rajar el cutis mientras caía para posarse sobre los surcos de una tierra pobre y estéril, como hilachos de polvo helado, en terrazas abandonadas desde la última cosecha y laderas pedregosas.
Lo llevaba tan cerca de su pecho que el ritmo de los dos corazones se confundían en uno sólo. Uno, apresurado al trote, por el cansancio y el esfuerzo; el otro, azorado y temeroso, ante el ritmo de lo desconocido. Los dos, bailando de miedo; vibrando.
Había salido de su casa, escabulléndose de su hogar, muy avanzada la noche, mientras su familia dormía navegando por los sueños del hambre; temprano para robar un cordero. Era una decisión extraña. Y extraordinaria. Nunca pensó que tendría que hacerlo; ni que se atrevería. Hacía tres meses que su familia no comía carne. La hambruna se había extendido por la sierra sur como la peste. Durante los últimos tres años, las cosechas se habían perdido en su mayoría por culpa de las plagas. De las lindes de las fincas habían desaparecido las collejas, las espárragos, las setas y hasta las malas yerbas. No había liebres, ni apenas pájaros, ni lagartos siquiera. En la despensa unas pocas papas arrancadas a duros terrones olvidados, apenas para un guisado, algo de aceite, un poco de harina y una pequeña orza con aceitunas curadas; ni siquiera un mísero pedazo de tocino blanco.
Los dueños de la tierra, los amos, elegían a los que trabajaban; y a los que no. No había forma de escapar de la miseria. Sólo de vez en cuando conseguía algunos jornales como peón de albañil, como pastor improvisado o para la dura y negra tarea de varear y recoger las aceitunas de otro.
Él podía soportarlo. El hambre, esa sensación que atenazaba los músculos y adormilaba el cerebro, podía acabar con una criatura en pocos meses. Todavía recordaba los duros años tras la guerra. Apenas un mozo, casi un niño todavía, y ya era un viejo experto en escasez y privaciones, acostumbrado a las estrecheces de una familia numerosa; avezado a comer en la sarten familiar donde siempre se congregaban, en disputa incierta, más cucharas que tajadas. Él podía aguantar sin comer apenas, pero... Era 14 de febrero y cumplía cuatro años de casado con su mujer.
Iba a celebrar el día de San Valentín con un auténtico banquete. Ella y los niños, todos, tendrían un festín. A costa de lo que fuera. En realidad, no había sido difícil. Se acercó hasta los corrales del cortijo del Aurelio. Se introdujo en el corral, sigiloso, con prudencia. Ni un sólo balidoel rebaño. Al mismo instante de mover el cerrojo del cobertizo chirriaron los goznes y oyó a los perros desperezarse. El rumor del miedo se extendía entre el rebaño aborregado. Se oían tímido balidos. No tenía tiempo que perder. Cogió el primer animal que pudo, casi a tientas, iluminado sólo por la escasa luz de la luna que entraba por el portón, le tapó el hocico con sus manazas, lo introdujo como pudo en el saco y salió corriendo, confundiéndose con la sombra alargada del nogal que presidía la parte trasera del cortijo. Corrió; y corrió. Y corrió, apenas sin aliento.
Algunos de los perros del cacique aullaron durante un instante. Ladraban bajito, casi sin ganas, como si no quisieran, precisamente, alarmar a sus dueños, privándoles del sueño y la tranquilidad; temiendo los golpes de la correa. Al instante cesaron en su llanto lastimero y se volvieron a las perreras, donde se amontonaban unos encima de otros, ateridos y hambrientos. Hacía mucho frío.
Mientras bajaba, fatigosamente, con cuidado de no resbalar, confundiéndose sobre la linde de largas y estrechas fincas yermas, percibió de lejos el brillo del charol de los tricornios y de los correajes de los guardias civiles que caminaban un poco más abajo con sus mosquetones a la espalda. La pareja de la benemérita cumplía con el servicio nocturno por una senda, entre espinos, cambrones y escaramujos o zarzaperrunas, rodeando el pequeño alcor, en silencio, sin pensar, siquiera, que alquien se pudiera atrever, esa noche fría de febrero, a andar de correría fuera de las covachas. Cada uno en su casa, dios en la de todos; y la guardia civil, vigilando. El deber era el deber. La pareja hacían su ronda nocturna al servicio de la patria.
¿Pero qué o quién era la patria? ¿Qué representaba? ¿A quién daba sombra y cobijo la bandera roja y gualda que ondeaba en la casa cuartel, tras el lema que lo ofrecía todo por ella? ¿La patria era un país gobernado por un caudillo? ¿Era simplemente la esencia más pura de la nación o, simplemente, la representación de un generalísimo campeador como último eslabón, seguro e inexpugnable, de la eterna cadena de caciques ... o, solo la paga, escasa pero segura?
La puta que parió a esa zorra a la que llaman madre. Una comadre de mierda que aprieta y ahoga, desde tiempos inmemoriales. Que mata de hambre a niños, a hembras y a varones. Que desuella a los pobres, que los amilana,... Una furcia que los engaña con un discurso añejo y egoista, hipócrita y amante de los ricos, que lleva a los hombres a la guerra, los hiere, amputa sus miembros más jóvenes, los enemista por ideales estúpidos, los infecta y resquebraja, incluso de sus familias...
Santiago se agachó tras una pequeña roca sujetando la boca del cordero y esperó a que se alejaran los civiles. Su pecho era una olla hirviendo. El corazón encerrado bullía como queriendo escapar en cada suspiro; le faltaba el aire en los pulmones y le temblaban las piernas, desde los dedos de los pies hasta el culo. Era una sensación terrible. Tiritaba, no sabía si de frío o de temor.
Tras alejarse la pareja de guardias, tardó poco más de media hora en llegar sin más sobresaltos hasta la pequeña casa donde aún dormía su familia. Cerca de la ribera del río se notaba el relente de la noche. Por la chimenea aún salía un hilillo de humo. Al entrar, sigiloso, se acercó hasta los últimos rescoldos del hogar para calentarse. Por el ventanuco se colaban los primeros resplandores de un día gris. Los madrugadores y amorosos cantos del mirlo endulzaban la fría amanecida.
Sacó el cordero del saco, lo dejó en el suelo y lo miró con detalle. No rechistó. Era un magnífico animal, pero en ese momento, tarde, se dio cuenta que el cordero era tuerto. La mirada del único ojo del animalito le estremeció el alma.
-¡Ay mi madre!
Santiago pensó, por un momento, que no podría matar ni, por todo el hambre del mundo, comerse aquel animal...
Dejó al animal en una esquina. Rápido se desnudó y se metió con cuidado en la cama. Sintió con auténtico placer el peso de las mantas y la suavidad de la piel tibia de su mujer.
Ella se acurrucó como un ovillo, acercándole la espalda y pregunto:
- ¿Qué hacías por ahí? Estás helado...
- Nada, sólo me había levantado a beber agua, -contestó suavemente, mientras le acariciaba el pelo... -¿Sabes? Estaba pensando. Mañana quiero acercarme a la casa cuartel...
- ¿A qué?
- A informarme, a lo mejor; creo que voy a presentar una instancia para alistarme en la guardia civil... Ellos comen todos los días, alimentan a sus familias y así, vestidos de verde, huyen de esta miseria. El trabajo no es demasiado peligroso. Si me aceptan, pediré el traslado a un puesto cerca de la costa... Tu no lo has visto nunca. El mar es azul, intensamente azul como el cielo de un día de verano, con una luz inimaginable hasta que no te ha deslumbrado. Una luz cegadora que se queda para siempre en la retina y en la memoria. Buscaremos una pequeña atalaya para vivir, como el nido de un pájaro, agitada levemente por el arrullo del viento y la brisa marina. De lejos, nos deleitaremos, sosegadamente, con el gran espectáculo del mar, ese gigante azul que brama de noche acunando el sueño de los niños y por el día sacude latigazos de espuma o lame con dulzura la arena de una playa dorada ... Los niños, ¿sabes?, ¿Qué futuro les espera aquí..?
- Calla,...-le susurró su mujer mientras le cogía la mano y se la frotaba para calentarla; luego se la cruzó por la cintura, dejando el brazo debajo del suyo, hasta posarla, robusta y tierna, sobre sus pechos. Olía a pan blanco recién hecho. A dulce de leche, a romero y a vainilla, a amor. Ya era de día.
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17 de octubre de 2009
Los ediles de urbanismo y las farolas
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8 de octubre de 2009
Cara de Piedra y la memoria histórica
La Junta de Gobierno Local aprobó el pasado mes de agosto, faltaría más, para que se enteraran los menos posibles, el proyecto para erigir un monumento en bronce a Rumiñahui. La propuesta es obra dela Concejala de Educación,..... e Inmigración, aunque parece que por allí media la mano del alcalde. La propuesta se basa en una “nota informativa” del Centro Unesco de Getafe y tiene como protagonista artístico al pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin.
Dejemos la memoria histórica de la guerra, y sus guereros, para otros lugares y momentos. No seamos caciques de un tiempo ya pasado. Es el momento de replantear ese encuentro de dos mundos. Ayer allí y hoy aquí. Además de no decidir, ni pintar un carajo, lo caro que nos sale.
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23 de agosto de 2009
Hacia poniente por abajo
Menudo vértigo la vista de la pared de tierras calizas que sujeta, aún, las edificaciones que ayer rozábamos con las manos. Hoy hemos acudido a revisar la ruta hacia poniente de la playa de El Arenal-Bol de Calpe desde abajo, a ras de la arena.
Los edificios parecen empujados hasta el mismo borde del precipicio en un ejercio de difícil equilibrio. Un poco más (quizas años o decenios, o siglos, quién sabe...)y caerán como juguetes ante la naturaleza. Bellas estampas a pleno sol de una gaviota patiamarilla refrescándose junto al blanco de la espuma salada, panorámicas de postal para el recuerdo, una cría de pez de tipo rajiforme varada en la arena, edificios sorprendentes...



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