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4 de marzo de 2017

El plan camello

Luis de Sirval
11 de febrero de 1923. Madrid

Intentaremos relatar brevemente cómo la de ayer fue la noche más divertida de nuestra existencia.
Manolo había venido a vernos:

—Contamos con usted. Verá lo que nos vamos a divertir.

Refirió en seguida que el único baile clásico de carnaval era el de anoche, y nos aconsejó que si queríamos no aburrirnos nos incorporásemos al grupo en el mismo plan de todos.

—¿Y qué plan es ese? —preguntamos.

Respondió:

—El plan camello.

El plan camello consistía, sencillamente, en despojarse de toda educación. Fue explicando: Ir a los bailes de Carnaval con buenas maneras era ir a aburrirse. Había que gritar, insultar al público, beber mucho y hacer toda clase de locuras. ¡El año pasado¡... ¡Si hubiéramos visto el año pasado! Para que nos hiciéramos una idea, bastaría con decirnos que entre seis dejaron en camisa en mitad de la sala a la mujer de un íntimo amigo de todos ellos.

En fin... Accedimos. Jamás nos gusta negarnos a observar ningún sector social, por opuesto que sea a nosotros.

Cuando, ya muy avanzada la noche intentamos introducirnos en la sala de baile para buscar a Manolo nos fue imposible. ¿Qué hacía allí aquella apiñada masa de gente? No pudimos averiguarlo. Quizá estaban sufriendo una prueba para ver cuántas personas podrían caber aplastadas unas contra otras. Quizá intentaban convertirse en pasta. El hecho era que una enorme muchedumbre sudorosa permanecía en pie, dando pequeños saltitos grotescos.

Empezamos por masticar polvo. Era un polvo espeso y delicioso, que se metía por las narices y nublaba la vista. El salón presentaba con él la apariencia de una plaza de Londres difuminada por la niebla.

¡Ay! No pudimos saborearlo. La ola humana nos arrastró de pronto y comenzamos a recibir codazos, empujones y patadas en una proporción verdaderamente inconcebible. Todos tenían un cariñoso golpe para nosotros. Nos asfixiábamos. Nos aplastaban. Creímos morir, y de seguro finaliza en aquel momento nuestra vida si Manolo no surge providencialmente y nos conduce al oasis de un palco.

Allí le pudimos preguntar, resoplando:

—¿Qué hace esa multitud?

—Se divierte.

—¡Ah!

—Están en plan camello.

Quedamos admirados. En plan camello, también los amigos de Manolo se divertían junto a nuestras sillas. Uno estaba tendido en el suelo, en un rincón, absolutamente borracho. Otro, un poco menos ebrio, arrojaba aceitunas, con puntería inmejorable, al escote de una señorita que tenía las piernas entre los hombros de un caballero. Otro, vaciaba botellas de vino sobre la sala.
De cuando en cuando, bajaban al salón y se mezclaban con la multitud. Daban saltitos con gesto aburrido y se volvían a subir. Nuevamente a beber, a tirar aceitunas, a derramar vino y dar voces estentóreas. Fue hacia las cuatro cuando empezaron a observar que no hacían bastante el camello.

Entonces, uno salió a comprar merengues. Trajo una gran cantidad de ellos y se pusieron a lanzarlos contra la multitud. Pero les pareció poco. Comenzaron a tirar botellas. Después, las butacas, los cortinajes, la mesa... Al amanecer, estaban los cinco amigos en la Casa de socorro.


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Nota.—Texto del periodista valenciano Luis de Sirval publicado en el diario madrileño La Libertad e incluido en la novela 'Las muecas de los días'. 

28 de febrero de 2017

Los dos policías y los 25 barrenderos de Getafe


Hernández 'mirando al cielo' contra los despidos de Soler. Fotografía original: Portal del Sur


Los dos policías locales condenados por un delito de homicidio consumado y otro en grado de tentativa ingresaron en la cárcel de Estremera el pasado día 20 de febrero para cumplir 3 años y 9 meses de prisión. Hasta ahí la noticia sin aditamentos, sin valoraciones. El Tribunal Supremo rebajó a los dos agentes la condena [y absolvió a un tercero] de los quince años a los 3 años y un embarazo. Tras esta decisión, la condena es firme y no cabe apelación jurídica. Solo queda pendiente el posible indulto como un recurso arbitrario —no para el que pide el beneficio—  anacrónico, injusto con las víctimas y propio de regímenes autocráticos o absolutistas. El indulto lo otorga el Rey a propuesta del ministro de Justicia y del gobierno como una medida de gracia. Es, al fin y al cabo, un recurso legal discrecional, establecido para perdonar el delito como si solo fuera un pecado contra los mandamientos de dios. ¿Se puede remitir un homicidio? Habrá  casos y casos, pero en todos, habrá que preguntárselo a los familiares de la víctimas.

El ingreso en prisión de los dos agentes responde a la ejecutoria de la sentencia dictada  por la Audiencia Provincial, que además exige al Ayuntamiento inhabilitar a los dos policías; eso supone, —cualquiera podría deducirlo—, que el Ayuntamiento de Getafe deberá expulsar del cuerpo a los que muchos  consideran y tachen como héroes.  Y, ciertamente, hay muchos agentes que lo son, casi de forma anónima, sacrificada, velando como ángeles custodios por los ciudadanos, bregando en riñas, soportando a los violentos  o a los borrachos, jugándose la vida,... sí; pero no jugando con la vida de los ciudadanos, nunca, aunque a simple vista tengan mala pinta o se sospeche de manera absolutamente errónea de un secuestro... Una fantasía propia de película americana. Menos  mal que no había ninguna persona en el maletero. Lo más seguro es que habría sido una víctima también de la balacera que se gastaron los 'hombres de harrelson' getafenses. Y poco pasó para lo que podía haber ocurrido. Descerrajaron 13 tiros [recogieron trece casquillos] contra los dos ocupantes de un vehículo en una calle de   Madrid a las 11,30 de la mañana sin ningún riesgo para ellos según ha constatado el Tribunal. Como si fuera un ejercicio de tiro.

Sin embargo  no queremos dirigir esta reflexión a la  tragedia que viven los municipales condenados y sus familias o a la de sus víctimas sino a valorar las declaraciones del edil de Seguridad del Ayuntamiento de  Getafe, Herminio Vico con motivo del encarcelamiento y su relación con otros sucesos del municipio. Sus palabras, seguramente, responden al pensamiento colectivo del gobierno local. No sin aprietos, Vico aseguró que ese grupo tan espabilado de ediles que [des]gobierna el Ayuntamiento está a la espera de recibir el auto para su estudio; no ellos, claro, los abogados del Consistorio, para no meter la pata. No ha sido capaz de concretar, a la espera de que los servicios jurídicos municipales analicen la sentencia, si los dos policías locales serán inhabilitados o expulsados; y si en el caso de que fueran indultados —como se prevé—, se les vaya a readmitir o no.  Enorme duda la que mantiene al edil en ascuas. «Depende de cómo esté dictada la sentencia», ha concluido. Qué sabiduría atesora este edil. Y así lo ha  mostrado al mundo sin sonrojarse ni por asomo, solo tartamudeando ideológicamente.



Pero, vayamos más allá y consideremos en nuestra exposición —mezclando las churras y las merinas—, el asunto de los despidos de Lyma. Pensará el lector que este tema no tiene nada que ver con el desarrollo del artículo, al menos hasta este punto; o sí, según se quiera mirar. El responsable de la Empresa Municipal de Limpieza, el mismo Gobierno local al fin, el mismo pensamiento 'social', no ha tenido duda alguna en el caso de las facturas falsas. Aunque no hay sentencia, ni se sabe a ciencia cierta si existe denuncia penal contra los empleados de Lyma, la alcaldesa y su delegado los han calificado un par de veces como delincuentes, sin ninguna presunción, y los han despedido de manera fulminante. Es terrible la justicia, casi bíblica, de Sara Hernández, de la ginecocracia getafense y de su responsable de limpieza (ahora, también humana). Claro, no es lo mismo enfrentarse al corporativismo de la Policía Local que al necesitado e insolidario 'ejército de barrenderos'. Quizás con Juan Soler se hubiera convocado una huelga general en Lyma. La falta de consideración, de humana sensibilidad, y el maltrato a los humildes, moleste a quien moleste, es evidente en este caso y no resulta positivo. Acariciamos, con el afecto y la simpatía, a los homicidas y sacudimos patadas terribles a veinticinco parias sin futuro. Sin sensibilidad social, sin pudor ni higiene mental. Y qué decir de la presunta ideología. Nada de nada, de eso nada, señoras mandamases o mandamasas.

La vara de arrear, no ya la de medir, en Getafe se utiliza con distinto grado de dureza y de actitud; flexible de avellano, forrada con algodones, para los agentes condenados; endurecida de naranjo agrio, con púas y aguijones, a los barrenderos y barrenderas. Que destino tan fiero el de los pobres y humildes. ¿No parece este episodio la venganza de Doña Sara? ¿Habrá algún episodio inédito [en Lyma] que explique la dureza de de su [corazón] decisión?

Parece que la alcaldesa no recuerda cuando al frente del PSOE, siendo oposición al gobierno de Juan Soler, se encerró durante días en el Ayuntamiento para... protestar contra los despidos del alcalde popular. Albricias. Antes sí estaba en contra de los despidos en el Ayuntamiento. Ahora, los despide ella. Qué desmemoriada es. Por eso pretende que impere el olvido en la vida y en las gentes de este pueblo; nada anterior al año 2015 ha existido de verdad; o lo quiere pensar ella. El problema es que 'san google', a pesar del derecho al olvido que pretende aplicar la primera edila, tiene presta su hemeroteca para recordarnos la imagen de la vergüenza. Sara Hernández se encierra contra los despidos de Juan Soler. De los ediles que aparecen en la foto, hoy,  solo el exalcalde y exconcejal Pedro Castro sigue en la misma posición, erre que erre, contra los despidos, aunque  en este momento sean una decisión política de su entonces querida pupila, luego sorprendente traidora y, hoy, enemiga acérrima, Sara Hernández.

El caso de los policías también ha tenido su enseña publicitaria colgando  de las dependencias municipales anexas al edificio consistorial en la misma Plaza de la Constitución. El lazo se ha exhibido como reclamación de justicia para los dos, o tres agentes condenados inicialmente.  Ya se ha repartido Justicia. No a gusto de todo el mundo; ni de los homicidas ni, claro está, de los familiares de la víctima.

Mientras, justo debajo de la pancarta negra de la policía, a la sombra de la torre, expuestos a las turbulencias que nublan de injusticia el despacho de la alcaldesa,  se desgañitan los desgraciados barrenderos pidiendo pan y, quizás, piedad.

El edil de seguridad, en su vano intento de avanzar sin tropezar, ha puesto la venda antes de la pedrada. Su falta de criterio o, posiblemente, el miedo al corporativismo de sus subordinados, le hace expresar sus [falsas] dudas y titubear como máximo responsable de la policía local. Las declaraciones, no confíe el edil en su discreción política, solo han mostrado sus carencias y la facilidad que tiene para excretar su incapacidad envolviendo el problema con equívocos y malentendidos. Hay que esperar, prever si así lo aconsejan los servicios jurídicos, la posibilidad de readmitir a los homicidas. ¡Qué terrible duda! Es el propio Gobierno local el que ha puesto en la balanza de la justicia social el caso de los policías y el de los empleados de Lyma.

Lo mismo, o incluso menos grave, es matar [injustamente y sin querer, suponemos] a un hombre que defraudar [injustamente y queriendo, también suponemos] doscientos o quinientos euros... Las decisiones de Sara Hernández vienen a demostrar que lo peor que hay en este pueblo es el latrocinio de esos veinticinco pillos y la herencia del PP; no hay ningún problema en considerar el reingreso en la plantilla municipal de dos hombres condenados por homicidio llegado el caso del indulto. Esa medida de gracia no quita el delito. Perdona, pero no borra la memoria.

A los de Lyma, que se los lleve el diablo. No hay remisión, ni perdón, ni piedad, ni indulgencia, solo basura. Que se vayan a... —no piense mal el lector— ,.. a servicios sociales.

¿A dónde hemos llegado? A Getafe, amigo.  Algo huele mal aquí, en esta dinamarca, como susurra el centinela en la tragedia de Shakespeare antes de que aparezca el fantasma del rey;  una expresión que sirve para expresar lo que no funciona [políticamente hablando]. Getafe es, ahora, un lugar inhóspito y su gobierno, el más sectario de la democracia; son tiempos duros, de oscurantismo político y mediocridad intelectual, pero es lo que hay.

8 de enero de 2017

Sísifo y la Patafísica getafensis




12 descerebramiento del año 144 de la era Patafísica.
— Festividad de San Landrú, ginecólogo—
(Según el calendario Gregoriano,  lunes 9  de enero de 2016) 


Es un día muy feo para publicar un artículo. Mañana es la festividad, nada  más y nada  menos, de Desirée Landrú, el monstruo francés guillotinado por casarse y asesinar a más de 300 mujeres. Pero así ha caído;  mañana, no hubiera sido mejor,  será la fiesta de San Guillotín, médico; el mismo que curó en Versalles a Landrú una fría madrugada en febrero de 1922. Cualquiera sabe qué es peor.  Acabando el año pasado, precisamente el veintiséis de diciembre, celebra el año Patafísico el día de San Sísifo; o de monsieur Sisyphe, como proclaman los miembros del excelso e inalcanzable Colegio Patafísico de París.  No es broma. Y para celebrar su onomástica ficticia, el enmascarado Sátrapa Polemista del oculto Colegium Patafisicum Margaritensis de Getafe acudió a la escuálida fórmula intelectual de preguntar para ofender. Aprendió Sísifo, Sisifante o su alma gemela en lo digital, Lorenzo Roldán *, a estornudar y excretar piedras ideológicas, envueltas en una turbia  y ponzoñosa verborrea, en el que fuera periódico de la capital, hoy —al igual que otros— venido a menos como una sencilla página web; y lo más extraordinario,  para intoxicar a incautos y a extraños desde el mismo pesebre. Lo nunca visto. El poder se disfraza para hacer agit-prop; el lobo, de ovejita. ¿Y el tigre?

Está de moda, agrandada por la invasión de 'zombies', 'trolls' y otros aparecidos digitales, proclives a la exigualdad mental,  aficionados a la discusión partidista y la guerra de bandos, el hábito de ocultar el rostro, disfrazar el perfil con nombres rimbombantes, clásicos o vulgares, que solo disimulan la pendantería y la presunción de poseer la información divina. Siempre como francotiradores sin riesgo, desde la atalaya que les permite observar y disparar a todo lo que se menea por los dominios de la gran sacedortisa.  La patafísica es la ciencia de lo particular, y así Sisifante se muestra una y otra vez como un verdadero maestro, oficiante eucarístico, del gesto ceremonial de bajar hasta su propia inmundicia para concluir que el mundo, transustanciado en excremento, huele a mierda. Y volver a subir otra vez. Sísifo vive en el pesebre aunque destinado en el inframundo por voluntad propia. Siendo, como es, parte del poder, es más extraordinario el hecho de la ocultación aunque el baboso siempre deja el rastro húmedo y el hedor. Pretende en su fuero hacer de corsario, sin cara, sin nombre y sin declarar la patria para la que navega por la red de redes, practicando vulgar piratería ideológica; basura en el océano digital.

Fuera de la patafísica y del absurdo, lo normal en que antes de publicar un texto, al que se le puede conceder la presunción de libelo, sin tener en cuenta el contenido intelectual a causa de la máscara y el encubrimiento, se someta a la correspondiente evaluación. No se deberían tomar en cuenta artículos que lleguen sin firma, anónimos  o con seudónimo desconocido; o, que llegado el caso del conflicto por alusiones, no se pueda acreditar la personalidad del autor. Si tal eventualidad tuviera como fin la corte humana, no la patafísica ni la divina, tendría que dar la cara la única responsable de la ocultación, figura autónoma solo en cuanto a la fiscalidad y la afiliación al régimen laboral, no desde luego por su acepción como independiente. Falsos autónomos que proliferan como setas, simulados o fingidos según la docta jurisprudencia y  que emiten la mayoría de sus facturas a un único proveedor ¿Adivinan? Como la nómina de Sisifante. El ama del calabozo premia y castiga a discreción, según le viene en gana o, como dicen en el Caribe, le sale de la papaya.

Él, Sisifante, ocupado desde hace poco en la tarea de divulgar su profundo pensamiento en artículos patrocinados, brillante al parecer de la gente afecta a sus paparruchadas, ha perdido su valioso tiempo en preocuparse por nuestra salud. Hay que darle las gracias por rebajarse tanto y permitir que los ciudadanos profanos a sus ideologuemas interrogativos, quizás unas pocas decenas de los miles de ciudadanos getafenses, puedan intuir lo más importante del año. Que si los fragmentos de Ahora Getafe aprobarán los presupuestos, que si la porra de investigados del PP, que si sus excompañeros de IUCM no tienen salida, que si fulano tiene que ir al médico; o que si a ese par de menganitos hay que mandarlos a la residencia. Espectacular.

Nada nos alegra más que contemplar publicada en esa capital de los periódicos locales una mención implícita a la única solución que ha encontrado el polemista a nuestra enfermedad,  sin mostrar el rostro o descubrir el verdadero perfil que en este caso esconde Jano. No sabe el dios bifronte que la enfermedad que nos aqueja, resumida como simple libertad de pensamiento, es intratable e incorregible. Soy, señor, un insurrecto; de nacimiento.

Sin embargo, el director del Centro Patafísicum Margaritensis, doctor a tiempo parcial en sisifonías, nos manda — a más de uno para sus adentros, supongo— a visitar el médico por la maldita e inexistente úlcera de estómago. Es un diagnóstico frívolo y desacertado aunque, en su propio error, nos procura felicidad y una dosis moderada de ego. No debemos ser nosotros los destinatarios de la puya, aunque la sospecha, tras rechazar al resto de editores, incluso los venidos a menos que son mayoría, nos provoca la contestación. La referencia, exhalada por un hijoeputa desconocido, sería grata solo por ver que, siendo tan poca cosa, alguien con sección en un periódico local ha tenido en cuenta la figurada úlcera que nos aqueja como una de las 17 cosas más importantes de este imprevisible 2017. Considerándonos a estas alturas fraile antes que figonero, no podemos pasar por alto el tiempo y el esfuerzo dedicados, —no vayamos a ser presuntuosos hablando de arte y se nos vaya de madre el ego— a cocinar insalubres y nauseabundo guisos de podredumbre e inmundicia política hasta llenar la sentina de este barco digital.  Allá va también Sísifo.

No dice mucho el artículo a favor de la altura intelectual del polemista, por supuesto. Se le acaba el recorrido. Los protagonistas de sus bestiarios empiezan a estar cansados de la estratagema aunque, a juicio de su magnífica satrapía, habrá que repetirles la lección. Ciudadanos, Populares y Podemitas, tened cuidado con el oráculo de Sísifo. No se nos escapa, querido, desafecto o ignoto lector,  que podría empezar otro capítulo delictioso y paupérrimo sobre las asociaciones de vecinos, grupos o entidades hostiles o antipáticas con el régimen imperante de las vestales, incluso con más personas además de los exalcaldes y los editores venidos a menos. Dejemos al sátrapa ilustrado con sus cien maneras de enviar a los insumisos al psiquiátrico o, dependiendo de la edad, al geriátrico con los exalcaldes. Cree el estulto que no llegará a la edad de merecer una buena, o mala, residencia.  

El de la piedra se licenció en chismosería y se indoctoró en el pesebre con un ensayo nunca publicado que tituló 'De la flor en el culo de la alcaldesa al clítoris del exalcalde' con el que recibió las alabanzas de todos los miembros del incipientes y oculto Colegio de Patafísica de las Margaritas, ubusucursal del aún oculto Colegium Patafísicum Getafensis. Hace unos meses, se autonombró [al ser el único miembro] sátrapa estulto, adjunto cívico a la sectaría infeliz, corretumbos, saltapollas del lenguaje,  y otros 25 títulos más con los que ha empezado a adornar su curridículo falso... Títulos que le dan cobijo y le permiten atacar a los enemigos de la patafísica y a dar consejos, no amenazas, a los demás mortales para que sigan sin problemas con sus anhelos, peloteando y manoseando, de paso, el cerebro sexual del que ostenta el poder, haya sido ilustrado o necio, gay, lesbiana o hermafrodita.

Titulado en correrías, Sisifante, se ha dedicado en cuatro saltos a su florilegio preferido: defenestraciones inversas, eyectivas, edificantes y otros arrebatos. De asegurar que esta mujer es es casi perfecta a escupiré en vuestras tumbas, heréticos criticones. Tal es la consistencia y la honestidad de sus diatribas o diarreas estólidas, como dueño del cáñamo, que reparte estopa contra aquellos pecadores que no se dan a la complacencia salival y a la hermenéutica periodística necesaria para excitar y ponderar suficientemente a la ginecocracia soberana. Pelota, en fin, con retórica a sueldo.

Y así, acabado el círculo primero y último de sus necedades, ámbito cerrado de sus anhelos y erotosueños, totalmente extático [no estático, lector], ha mostrado su intelecto vacío para rellenar un folio con 17 preguntas para un año acabado en 17. Sepa el lector que, según la patafísica [¿No creera que es de cachondeo?] empezamos el mes Descerebramiento del año 144 de la era Patafísica. Qué importante pedoctrina y sabiburría acumula el eclecto y escondido polemista; o, permítame la real academia de la cinética palabrera acudir a la repetición de género: obsesa, erecta y escoñada polemista. Aún nos quedarían tres o cuatro versiones, en función del sexo practicado, que no de nacimiento, aunque no será hoy que exhibamos esas paráfrasis, glosas de género o parodia de imbéciles descerebrados. Los Sisifantes y las Sisifantas.

Se atreve el falso Sísifo, como antiguo seguidor herético del señor de las Iglesias 'pableteranas',  soñar con la muerte o, incluso, con el asesinato psicosocial de los viejos, y, si no fuera posible por las consecuencia de las estrictas normas civiles de una sociedad eminentemente solidaria, mandarlos —voluntaria u obligatoriamente—, a una ignota e inexistente residencia de mayores. Los patafísicos no envejecen; se hacen. Pero en su yo mayúsculo, intemporal, infinito, manifestado a través de la diarrea mental, piensa que a los vejestorios y profanos de su disciplina transcendental hay que entretenerlos y entreconvertirlos en vegetales dentro del futuro geriátrico que deberían habilitar su amas; a la hoguera, incluso, si hace falta y no rectifican ese par de viejos.

La manía de pensar en libertad está en contra de las leyes universales en la que milita una tropa de vulgares monaguillos pantydeológicos, defensores a ultranza de la autocensura y la farmacotropía siempre con el objetivo de ensalzar el sarismo y frenar las lenguas sueltas. Sisifante se ha convertido, gracias a sus animalarios, en un vulgar especialista en desentrañar etopeyas futuras de sus enemigos imaginarios, ya sean grupos o personas.  Y eso, como paradigma de la ofensa, lo escupe a la cara de los exalcaldes relatando las ofensas en el periódico más 'prietista' que hubo y que se mantuvo, por su voluntad y peculio, contra viento y marea en  contra de la censura que quiso imponer el anterior rector de la parroquia. Bravo. Menuda 'raquelada'.

Estamos bien de salud; quizás se refiere el tonto que sube una y otra vez inútilmente la piedra, fruto de la distocia que padeció su madre provocándole la cuadratura del cerebro y, finalmente, le empujó al inframundo sarista, a su propia enfermedad: un corazón inerte y un alma de corsario que —no para defender—, para ofender,  adjudica y reparte gratuitamente —no publicidad—, reclusión y enfermedad. ¡Quizás, de momento, no sea necesario galeno! Cualquier imbécil sabe que nadie está exento del elixir de la vida, que nadie evita el destino que agrede, tarde o temprano a cualquier mortal. De tanto agujero vano, sin masa neuronal, regresa la luz de su deseo como un boomerang distópico. Quizás, más de uno lo piense; sí que estamos locos: tanto como para prestar atención a semejante estítico mental, preocupado como cualquier excelso patafísico en lo particular, sin atender a las normas de la generalidad y el interés común. Ande yo caliente... y así defiendo a mi señora.

Su última pregunta, para presumir y ostentar la sabiduría que acumula de manera tan fabulosa desde su escondite, requiere al tiempo que deviene por uno de sus intereses más íntimos y particulares. El futuro, y el movimiento de los planetas, referido a algo tan importante como la prensa local...  Es exultante. Sipsifante, tiene que bañarse esas axilas que, a estas alturas, con las alas abiertas, huele a cuervo. Y, si por cualquier tropiezo, baja un poco la nariz, será el aroma de la mierda absurda y, a la vez, divina, excremento particular; en fin: caca patafísica.

Que San Sísifo, su santo patrón, los Santos Trolls, San Heno —protector del pesebre—, San Esfínter, Santa Diarrea, San Cucufato, Santa Gallinácea y todos los Santos Instintestinos, todos ellos beatos patafísicos, le procuren y le mantengan la misma salud mental al Sisifante getafense. No deseamos, ni asignamos, mal a nadie. Pero que San Nabo y Santa peluca, así como Palotín y Ubú el cornudo, lo acojan en su seno de falsarios. Y que deje de preocuparse por nuestra salud porque tarde o temprano, él también tendrá que ocuparse de la suya. Y de su trabajo.

Nosotros también acabaremos con una pregunta. ¿Volverá Sísifo a preocuparse por nuestra [importante] salud? ¿Seremos capaces, en un ataque ulceroso, de publicar la tontografía real y el curridículo [no insista lector, no está más escrito, quiero decir tontografía y curridículo] de Sísifo? Tiempo al tiempo. 2017 dirá.







[*] Lorenzo Roldán Pérez, un nuevo troll con pinta de jubilado liberal, nació en facebook el 21 de septiembre de 2016. El 4 de octubre publicó su primera entrada que servía para darle difusión al primer artículo de su 'alma gemela' Sísifo publicado en Getafe Capital el día 27 de septiembre. Según su pobre aunque fantástica biografía nació, como cualquier Silvestre, el 31 de diciembre de 1966; cuatro días después del santo patafísico de su 'alter ego'. Así pues con 50 años recién cumplidos, ni siquiera ha celebrado su medio siglo. ¿Quién se acuerda de las mentiras?  En la foto del perfil aparece mirando el portátil,  quizás pensando en la misma residencia a la que quieren mandar a Jesús Prieto y a Pedro Castro. Las manos apuntan casi a los 80. La foto, claro está, es más falsa que un euro de madera. Su propio nombre, un simple número cuyos ocho primeros dígitos apuntan a las páginas de venta de fotografías publicitarias.  Es penoso, señor 'Roldán'. Además, corrija las tildes del perfil de facebook. Queda mal. Roldán Pérez. Parece que ni siquiera está habituado a escribir su nombre.


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FOTOGRAFÍA SUPERIOR: 'Sísifo', del pintor cubano Ernesto Blanco

5 de mayo de 2016

Procesión de la Virgen de los Ángeles



Hoy es el día. Jueves de la Ascensión previo, tras la correspondiente novena, al Domingo  y, sobre todo,  al lunes de Pentescostés (el 16 de mayo), dos fiestas que están unidas en el calendario cristiano bajo la advocación del Espíritu Santo. La multitudinaria procesión de la Virgen de los Ángeles, desde el cerro hasta la Catedral de la Magdalena es el punto de inicio de las Fiestas Locales de Getafe dedicadas a una de sus dos patronas. Tras la entrega del bastón de mando que ostenta Sara Hernández  a Angelines en la rotonda de la base Aérea, los getafenses y getafensas, getafeños y getafeñas, se desparraman por las tabernas y los veladores de las terrazas a tomar limonada y cervecita fría. Y aunque llueva, ¿no era el día para empezar la ruta de la tapa de Fiestas de Getafe? Tortilla de alcachofas o de habas, espárragos,...
***
[...] No sabemos el año exacto en que arribó a Getafe, ni la causa de esta elección, aunque es posible que se debiera a la recomendación de su médico. Getafe en aquella época era una villa tranquila, catalogada como lugar propicio para muchos enfermos por su ambiente rural, sus huertas, la calidad de sus aguas y sus aires benéficos; en este pequeño paraíso se cultivaba el trigo, la cebada, la avena, los garbanzos, las algarrobas y hortalizas como alcachofas, pepinos, habas, tomates y melones; también había vides y olivos. El villorrio solo distaba dos leguas del bullicio de la capital del reino. Pascual Madoz, que veintitrés años después aparecerá de nuevo en esta historia, publicó en 1847 su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de los pueblos de España en el que cita a Getafe asegurando que «es una extensa llanura al oeste de la capital y sobre la carretera que dirige desde la misma a Toledo; le combaten libremente todos los vientos, y su clima, algún tanto frío, es sano, no conociéndose otras enfermedades que las comunes o estacionales. […] Sus calles están empedradas, pero de una manera irregular, que en tiempo de lluvias se forman balsas de agua, y hay guijarros tan salientes que hacen penoso el tránsito por ellas». Madoz nombra, entres sus edificios más notables, el Hospital de Beneficencia [de San José] fundado por Alonso Mendoza, el Colegio de los PP Escolapios, la iglesia parroquial de Santa María Magdalena que se acabó de construir en 1645 y que es elegante y de buen gusto: la sacristía forma un cuadrilongo bastante espacioso y hay en ella una buena cajonería de nogal…, la iglesia auxiliar [chica] de Santa Eugenia, las ermitas de San Isidro, de la Concepción y la de Nuestra Señora de los Ángeles, «el edificio es bonito, y a la imagen tienen especial devoción: se ha practicado en el cerro un camino bastante cómodo y suave, con el objeto de bajar y subir todos los años la referida imagen en una magnífica carroza…» (*)


(*) Fragmento del capítulo dedicado a Ignacio Negrín, el gran poeta del mar. "Getafe Capital del Sur, 2009-2012: Crónica de un viaje al ayer", de próxima aparición. La ilustración es un grabado publicado por una revista en 1881 y está basado en un cuadro del pintor aragonés Juan García Martínez presentado a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1881( núm. 227 del catálogo). Propiedad del autor.

28 de febrero de 2016

Las Muecas de los días, una novela sobre Luis de Sirval


Ilustración de Luis de Sirval propiedad de la Agencia Efe.
Adquiridos los derechos para la edición impresa del libro. Prohibida su reproducción 




‘Las muecas de los días’, mi último libro, es una novela histórica protagonizada por el periodista, Luis de Sirval y ambientada en los días posteriores a la revolución de Asturias en 1934 y en los previos a la Semana Santa de 1923 en el Partido Judicial de Getafe.

El sábado 27 de octubre de 1934, el periodista fue detenido por agentes del Cuerpo de Vigilancia y asesinado en la comisaría de Oviedo por tres oficiales del Ejército de ‘ocupación, uno de la Legión y dos de Regulares. En el último suspiro ‘revive’ el lío de huesos que siguió para el diario La Libertad en 1923.

Luis Higón Rosell nació en Valencia en 1898; era hijo de un ciudadano inglés y de una española. A los 18 años empezó a colaborar en La Voz de Valencia firmando ya con el que sería, más que un seudónimo, su nombre definitivo:Luis de Sirval.

Poco después se trasladó a Barcelona donde colaboró con El Noticiero Universal y El Diluvio de Barcelona aunque las condiciones políticas y sociales que se daban en la capital catalana no eran el mejor escenario para la práctica del periodismo independiente. Rápidamente se trasladó a Madrid y empezó a colaborar en La Libertad. En las dos épocas en las que se desarrolla la historia de este libro, Luis de Sirval tenía 25 y 36 años, respectivamente. Desde sus primeros artículos, mostró una madurez y un sentido del humor fuera de lo normal.

Empezó a colaborar en La Libertad el 30 de diciembre de 1922 con un artículo muy breve titulado «La civilización, prudente», dentro de la sección ‘Las muecas de los días’, nombre que ya aparece un año antes en las informaciones que publicaba en La Correspondencia de Valencia. La Libertad veía la luz en 1920 tras la ruptura de un grupo de periodistas, administrativos y repartidores del periódico El Liberal; su director era Luis de Oteyza, mítico reportero por sus artículos sobre la guerra de Marruecos.

Luis de Sirval aparece ya como redactor del periódico en el número del martes 2 de octubre de 1923. En esa redacción convive con Manuel Machado, Eduardo Ortega y Gasset, Luis de Zuleta, Pedro de Répide, Joaquín Aznar, Augusto Barcia, Carlos Bonet, Helidoro Fernández Evangelista o el fotógrafo Alfonso. Transcurre la edad de oro del periodismo español hasta que irrumpió la dictadura militar de Primo de Rivera.

En 1925, ‘La Libertad’ fue adquirido por el grupo de Juan March que también se hizo con la propiedad del ‘Informaciones’. El primero lo utilizó como periódico de izquierdas y el segundo de derechas. Luis Higón Rosell, situado ideológicamente en la izquierda republicana, empezó a encontrarse molesto con los vaivenes y las presiones informativas que imponía el mafioso mallorquín.



La sobrevenida ambigüedad de La Libertad a partir de 1925, cuando no hostilidad contra la república, le hizo finalmente abandonarlo en abril de 1931. No satisfecho con su trabajo como redactor, fundó una agencia de prensa con un amplio espectro ideológico de colaboradores. Inicialmente la llamó ‘Marivel’; a través de ella surtía de crónicas, reportajes y artículos de opinión a periódicos de provincias en los que había colaborado y a otros como El Luchador de Alicante, La Voz de Guipúzcoa, La Correspondencia de Valencia, El Mercantil Valenciano, o El Diario de Almería. Al poco tiempo pasó a llamarse ‘La Hispania’. Tras su marcha de La Libertad, relanzo su actividad en la agencia a la que rebautizó como Agencia Sirval. En ella reunió un impresionante catálogo de firmas como las de Gabriel Alomar, Andrenio (Eduardo Gómez de Baquero), Luis Araquistain, Ramón Pérez de Ayala, Luis de Zulueta, Unamamuno, Ramón J. Sender, Luis Bello, Ángel Guerra, Eduardo Zamacois, Roberto Castrovido, Pedro de Répide y otros. El prestigio le venía no solo por la nómina de colaboradores, sino«porque pagaba regularmente».

Durante algo más de dos meses de ese año (1931) ejerció como secretario personal del Ministro de Industria y Comercio, Félix Gordón Ordás, del Partido Republicano Radical. Félix Gordón, integrante de la comisión parlamentaria que investigó los sucesos de Asturias en 1934, junto a Clara Campoamor —también del partido Radical— y a los socialistas Álvarez del Vayo y Fernando de los Ríos, dijo de él: «Se trataba de un joven periodista de espíritu finísimo, corazón generoso y bondad inalterable. Yo tenía por él profunda simpatía y gran admiración. Fue secretario político mío durante el tiempo que desempeñé la cartera de Industria y Comercio. Nombrado por mí, salió de España a estudiar los procedimientos de propaganda del régimen en Italia, Alemania, Inglaterra y Rusia, y de este viaje trajo enseñanzas utilísimas, que hasta ahora no ha aprovechado ninguno de mis sucesores. Era firmemente republicano, de amplia y elevada visión social. Aunque no tenía ninguna ambición personalista, y acaso por lo mismo, su porvenir se ofrecía espléndido 
para bien de la República.».

Luis de Sirval, el autor intelectual de la expresión ‘Las muecas de los días’, sufrió en carne propia la mayor crueldad posible y la injusticia de los gestos aciagos del destino. Tres oficiales del Ejército español le tirotearon a sangre fría cuando estaba detenido en una Comisaría del Cuerpo de Vigilancia de Oviedo. Su muerte despertó la conciencia adormilada de los intelectuales de la época, más o menos afines ideológicamente, amplificó los antecedentes de una biografía fantástica y le mitificó entre los profesionales más jóvenes del periodismo patrio. Su figura fue enaltecida y, en su ausencia, manipulada durante la guerra civil, aunque no exista duda de la posición que hubiera adoptado. En pie, con sus libretas y su cámara de fotos, trabajando como informador con la misma honestidad que había hecho el resto de su vida. ‘Era de ese tipo de periodistas que necesitaba ver los sucesos para escribir de ellos. Una especialidad en crisis’.

El triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 elevó al periodista asesinado a la categoría de héroe de la República; muchas ciudades como Valencia, Córdoba o Madrid, le dedicaron una calle. Hoy nadie le recuerda; yace en el olvido. No tiene ningún monumento ni placa, ni siquiera en el callejero de barrios como Buenavista en Getafe, dedicado compulsivamente a personajes de la Segunda República española, muchos de ellos sin la relevancia, la fe republicana o la honestidad de Luis de Sirval.

Hoy, el libro supone un pequeño homenaje al periodista íntegro que buscó la verdad por encima de todo, A riesgo. incluso, de su vida.