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2 de febrero de 2015

Polémica por el caciquismo: el juez procesa al Alcalde de Getafe



Año 1904. Hacía tan poco tiempo que España había pasado por el desastre del 98 que las clases dirigentes seguían anestesiadas, aletargadas, ocupadas en sus inmemoriales disensiones y corruptelas mientras el pueblo se retorcía por el precio del pan. El nuevo siglo no había sido capaz de atajar los males que arruinaban al país de manera crónica. A finales del año 1903, el rey Alfonso XII le encargó la presidencia del gobierno a Maura que llegó con la intención de reformar una administración local trasnochada y acabar con el sempiterno caciquismo.

En Getafe, desde hacía dos años se construían los nuevos cuarteles de artillería. La escritura de cesión de los terrenos adquiridos por el Ayuntamiento a sus propietarios, unos 48.000 metros cuadrados, se firmó ante el Notario de Madrid Vicente Castañeda en el año 1902. Además del representante del Estado que adquiría, por el municipio firmaron el Alcalde en ese momento, el abogado Gregorio Sauquillo Ollero, y el procurador de los tribunales y Regidor Síndico, Feliciano Martín Pereira. Cuando se inauguraron los cuarteles, tras la toma de posesión de los distintos pabellones por el cuarto regimiento de artillería ligera al mando del coronel García Menacho, el día 15 de noviembre, los dos personajes municipales habrían invertido sus papeles. Ese día el alcalde era Feliciano Martín Pereira y el Regidor Síndico, Gregorio Sauquillo Ollero. Este último, aunque nacido en Moraleja de Enmedio, había sido cuatro veces alcalde de Getafe y era amigo, además del juez Bernal, del General Palacio, del escritor Ricardo de la Vega o del registrador de la Propiedad, Antonio de la Fuente, entre otros personajes del pueblo.

En aquella época, los alcaldes no eran elegidos por el Ayuntamiento, sino que eran designados por el gobierno de turno. Los dos personajes getafenses que lidian por la alcaldía durante esos años, serán protagonistas secundarios de la historia en la que, viajando en el tiempo, hemos pretendido bucear. Además de los dos alcaldes, Sauquillo y Martín, en el relato aparecen el hijo adoptivo y ‘diputado invencible’ por el distrito de Getafe Joaquín López Puigcerver. Y aparece también, junto al Presidente del Gobierno Maura y al diputado Alejandro Lerroux, rival encarnizado de Puigcerver y de su protegido el juez de Instrucción de Getafe.

El caso, sin que tenga repercusiones en la prensa local o regional, llegó al Congreso de la mano de un diputado que a sus cuarenta años era uno de los líderes, junto a Nicolás Salmeron, de la Unión Republicana. Alejandro Lerroux, un político que en esa época se movía entre las aguas del republicanismo y el radicalismo populista y anticlerical, se conviertió, sesión tras sesión, en el azote de Maura y de su gobierno conservador.

Durante los primeros meses de 1904, el juez de Instrucción de Getafe, «un tal Bernal» procesó al Alcalde de Getafe, al Secretario municipal y al grupo de ediles de la Corporación que le apoyaban. El procesamiento del primer edil se hizo efectivo tras unos hechos que ocurrieron, presuntamente, cuando una persona sin identificar —aunque se quiere echar el mochuelo al alcalde— disparó un tiro contra la ventana del anterior alcalde. El juez aprovechó el suceso —quizá provocado por la presunta víctima— para acusar al regidor que no era de su cuerda política ni de la de su amigo el diputado López Puigcerver. El ‘diputado invencible’ del distrito de Getafe había seguido los pasos de Maura cuando este abandonó el Partido Liberal para integrarse en el Conservador que, tras la muerte de Cánovas, dirigía Francisco Silvela. Maura accedió al gobierno con la intención, fracasada, de acabar con el caciquismo.

El juez de Getafe, al igual que el diputado del distrito, también era un ‘maurista’ declarado, con la suficiente mano para tomar café o alternar con el mismísimo Presidente del Gobierno. Pero, ¿quién es este personaje que ‘volaba tan alto, y que tras unos pocos años desaparece de la escena nacional y local?

Según las lenguas ‘viperinas’ del pueblo, el juez de instrucción de Getafe era un ‘paniaguado’ que había ascendido de forma meteórica en la carrera judicial gracias a los méritos de su padre, un ‘heroico’ General que se había batido ‘como un bravo’en las Filipinas y en Cuba. Y al que le dedicaremos, como no puede ser de otra manera, nuestro siguiente capítulo en esta serie de personajes getafenses.
A principios de ese año de 1904 al que hemos ‘viajado, Alejandro Lerroux requirió al ministro de Gracia y Justicia, Romero Robledo, sobre «la conducta antilegal y arbitraria del juez de Getafe», queriendo saber el diputado republicano «a qué se debía que un individuo de la magistratura ascendiera tres veces en un mes».

En el mes de marzo de 1904, Lerroux ‘vuelve a ocuparse’ de nuevo del juez de Getafe del que se dice que «trata de vengarse del exalcalde de San Martín de la Vega por el supuesto delito de asesinato frustrado». Y al parecer, por un suelto de la prensa afín al partido republicano, que también «había cobrado del Ayuntamiento de Getafe». En fin, el asunto parece un lío; la prensa de provincias confunde hechos y declaraciones. No se sabe si procesó al alcalde, al exalcalde, si era de Getafe o de San Martín de la Vega. Lo que parece claro es que el juez sí era el titular de Getafe.

El diputado del distrito de Getafe, Joaquín López Puigcerver, replicó a Lerroux y le dijo que está equivocado. Explicó los hechos de modo contrario a como lo hizo el Sr. Lerroux. Y, como ya venía preparado, levantó la mano y enseñó varios documentos que probaban, según él, que el juez de Getafe no había percibido cantidad alguna del Ayuntamiento de Getafe.

Lerroux, no dándose por vencido, asegurando en la Cámara que «el juez de Getafe es indigno de permanecer en el desempeño de su cargo». Acto seguido, leyó una larga relación de propietarios que habían pedido al diputado Puigcerver «que dicho juez fuese trasladado».Alejandro Lerroux sigue hablando, haciendo cargos precisos contra el caciquismo que ejerce en Getafe el Sr. Puigcerver. Este último, claro, rechaza los cargos.

Y, sin solución ni acuerdo, tiene que intervernir el Sr. Sánchez Guerra: El Gobierno cumplirá la ley, siempre que se presenten pruebas. El sr. Lerroux, tarará, tararí, sigue su perorata para terminar diciendo «que no se fía de la justicia». Precisamente, era eso lo que denunciaba. ¿No?

Los periódicos afines a Lerroux, lanzaron a los cuatro vientos las acusaciones que ya había realizado en dos ocasiones. El diputado ‘radical’ decía que «esos caciques y paniaguados han tramado un homicidio frustrado, disparando un tiro a una ventana de la casa del alcalde interino, para luego decir que los enemigos políticos de dicho alcalde habían tratado de matarle». El alcalde es amigo del Sr. López Puigcerver, que pide la palabra por alusiones graves. El juez ha sometido a procedimiento a dos personas.

El ‘cacique’ del distrito, e hijo adoptivo de Getafe y Leganés, Joaquín López Puigcerver hizo saber al Parlamento lo indigno de la comedia representada. Defendió al juez de manera tan deslavazada que sus argumentos no convencieron. Lerroux «le rectifica y prueba [estamos leyendo la prensa afín a Lerroux], apoyándose en las mismas palabras de Puigcerver, que el juez de instrucción de Getafe es indigno de ejercer su cargo». Nuevo rifirrafe. Puigcerver le interrumpe.Lerroux amenaza con «traer cartas firmadas por el propio López Puigcerver, para que sirvan de prueba fehaciente y plena de que cuanto afirmo es verdad, y si el Gobierno no ampara a los individuos honrados contra los caciques, acudiré a la prensa y diré lo que aquí me callo». (Sensación. La Cámara sigue con visible ateción el incidente).

El Presidente del Congreso trató de conseguir que no continuase el debate. El ministro de Gobernación manifestó otra vez lo de siempre: «que se hará justicia, que se cumplirá la ley estrictamente, pero que no se puede admitir la amenaza de llevar a la prensa el asunto si no se resuelve en determinado sentido». Lo tenía claro; el asunto acabaría en la prensa de una manera tímida, sin más pruebas ni documentos.

Alejandro Lerroux: «Si no fuera por faltar al respeto a S.S., le diría que eso es un cuento tártaro. Pero, en fin, no quiere decírselo. Esa es la fórmula que constantemente sale del banco azul cuando denunciamos abusos de los Tribunales. Y permítame el ministro de la Gobernación que le diga que no creo en los Tribunales de Justicia, que no creo en la justicia. ¡Cómo quiere S.S. que yo tenga fe en la justicia , si se ha presentado un escrito recusando a ese juez, y no ha habido procurador que se atreva a presentarlo; se ha llamado uno uno a los cuatro procuradores que hay en Getafe y se les ha dicho: El que tenga riñones que lo presente».

«Créame el ministro de la Gobernación, —continúa Lerroux su perorata— yo no tengo interés ninguno en ese distrito y hablo con imparcialidad; esos son líos de caciques que se apoyan mutuamente, pero que hoy lo hacen por mí y mañana por ti». (El señor Lerroux es muy felicitado por diputados de todos los lados de la Cámara)

El señor Morayta cambia de tercio y habla de la epidemia de tifus que empieza a difundirse por Madrid, y que se evite su propagación… Así se cambia de tercio en el ruedo de los diputados

Pero, ¿Este Morayta, no era el ‘fraternal’ compañero de fatigas en la campaña de Filipinas del padre del juez…? Bueno, bueno…

El 19 de abril de 1904 falleció la exreina Isabel II. Adiós a la de los tristes destinos, la sicalíptica y folladora monarca, abuela del jovencísimo rey Alfonso XIII, ‘El Carnetes’, como le llamaban en Cataluña o ‘El Africano’, como le conoció el resto del país por las guerras que provocaron sus intereses en el norte del continente. Allí, defendiendo, las puertas de Ceuta estaba destinado como Gobernador el bizarro General Francisco Fernández Bernal.

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Toros en Getafe

El hijo del general Francisco Fernández Bernal, también Francisco Fernández Bernal y Uriszar Aldaca, aparecía en la prensa nacional y regional, como la mayoría de los jueces de Getafe, relacionado con los sucesos que ocurrían durante las capeas y encierros de las fiestas; o firmando los edictos de búsqueda de los mozos ‘desaparecidos’ cuando eran llamados a filas; o como el caso en el que el magistrado requería a un loco, Benigno González Barrio, fugado del manicomio de Santa Isabel de la Villa de Leganés, a que se presentase en el plazo de diez días en las dependencias judiciales. Desconocemos si el loco «de estatura regular, ojos pardos, pelo idem, bigote regular, chato y con una cicatriz en el cuello», llegó a presentarse ante el juez. Lo más probable es que no.

Las fiestas patronales en honor de la Virgen de Los Ángeles eran el momento adecuado para sacar a relucir las disputas, las ganas de revancha y la rivalidad entre agricultores. Además, el juez intervenía más de la cuenta a causa de los festejos taurinos. El 24 de mayo de 1907, La Correspondencia de España publicaba la pertinente reseña de los festejos getafenses. «En la última capea de las celebradas en el próximo pueblo de Getafe, ocurrieron desgracias a granel, como sucede todos los años. El ganado era bravo, grande y de poder, y como todo el que suele utilizarse para este género de fiestas, que debía suprimirse, lidiado muchas veces, y, como dice en el argot taurino ‘sabiendo latín’.Uno de los improvisados toreros, Sebastián Campos Morales, fue alcanzado por una de las reses, recibiendo heridas gravísimas, hasta el extremo de que los médicos desconfían de salvarle. Otros dos o tres aficionados sufrieron también heridas de alguna consideración. El juez de instrucción de Getafe, Ser. Fernández Bernal se constituyó en la enfermería, instruyendo diligencias».

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Pero, volviendo a la historia que nos ocupa, durante los meses de junio y julio de ese año, Lerroux volvió a la carga contra el juez de Getafe. La sesión en el Congreso se encrespó cuando el diputado ‘estrella’ tachó a Maura como ‘el divino maestro’.. «No creo, —se extrañaba Lerroux—, que llamarle Divino Maestro sea un ataque». Y luego, a lo que iba, pidió el expendiente de un funcionario de la carrera judicial, «contertulio del señor Maura que en un mes ha conseguido tres ascensos». El Ministro de Gracia y Justicia terció para asegurar que traería el expendiente pedido, y respecto al juez de Getafe, «proceder en justicia».

Lerroux, periodista él, manejaba como nadie el ‘tiempo’ y la necesidad de noticias de los diarios y se jactaba ante los periodistas de «pedir imposibles», sacando el titular que requería el debate. «La culpa es de las prosáicas elecciones de diputados a Cortes. Señor Presidente de la Audiencia Territorial, apelo a V.E. de la conducta ilegal y arbitaria del señor juez de 1ª Instancia de Getafe ¿Qué catástrofe ha dado lugar para decretar el procesamiento de los dignísimos señores alcalde y secretario del ayuntamiento de la ‘clásica tierra de las famosas rosquillas’?»

«Señor Maura, aunque esto sea pedir lo mismo que lo que yo pido: ¿Por qué tolera V.E. esas escandalosas ilegalidades?»

«¡Caramba! Se me olvidaba que una cosa parecida, más atroz aún, si cabe, si es que esto es posible, ocurre con el Ayuntamiento de la muy heroica villa de los ‘famosos órganos’ y del aún más famoso alcalde. Y conste, que el tal señor Bernal, juez aludido, no se ha andado por las ramas, ha procesado en masa, como una verdadera carga de caballería».

«Según la ley electoral, artículo 36, y demás reales órdenes, esos señores alcaldes, secretarios y concejales tienen que ser repuestos en sus cargos respectivos diez días antes de la elección ¿Por qué no se hace?»
En el mes de julio tuvo lugar en el Congreso de los diputados un debate sobre el caciquismo en España a cuenta de la pretensión del ahora Presidente del Gobierno de reformar la administración local y a acabar con el caciquismo.

El diputado Nocedal tomó la palabra como si fuera un hacha: —«Venía el señor Maura a hacer la revolución y a ‘descuajar’ el caciquismo. ¡Están por ahí el señor Pidal, o don Melquiades Álvarez, o el señor Cellerurelo! Ellos nos dirán si se ha acabado el caciquismo en Asturias. El señor Canaleja, si no lo hay en Alcoy; el señor Puigcerver, si existe en Getafe —se producen grandes risas en la cámara de diputados—. Nada, no parece sino que no hay caciques en España….»


Los cuarteles de Artillería

«Gracias a las generosas iniciativas y reiterados e inteligentes trabajos del alcalde actual de la villa de Getafe D. Feliciano Martín Pereira, se ha dado cima a la construcción de los cuarteles para artillería, que anteayer fuen entregados al ramo de Guerra y ocupados por el cuarto regimiento ligero de artillería en el mismo día. La edificación, grandiosa, oucpa una extensión de 48.000 metros cuadrados , cedidos por el Ayuntamiento de Getafe; está dividida en pabellones aislados y construido con arreglo a las exigencia de higiene, salubridad y aireación.

Consta de cuatro pabellones para cien plazas cada uno, con retretes para cada tres o cuatro hombre; otro pabellón para dependencias: comedor de soldados, otro para sargentos, fregadero, lavadero, cocina, cantina, maestro armero y guarnicionero, baños, duchas, baños para pies, enfermería, botiquín, laboratorios; pabellones para diez oficiales, para el conserje, y edificio para las oficinas; baño y cuatro cuadras independientes para los aballos enfermos, picadero, almacenes para carros, seis tinglados para piezas, siete abrevaderos y polvorín.

El coste de las obras ha sido 1.900.000 pesetas. Han dirigido la construcción sucesivamente, y todos con gfan pericia e inteligencia, los ingenieros sres. Freixa,Aguilar y Vacilo».

(ABC, 17 de septiembre de 1904)


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A finales de año, en diciembre de 1904, un enfrentamiento con el rey provocó la caída del gobierno de Maura. Había permanecido un año al frente de la política de España. Los primeros días de ese último mes de su mandato y del año 1904, tras cesar el ministro Sánchez Guerra, se produce la siguiente anécdota:

«El señor Sánchez Guerra [nacido en Córdoba] abandona el Gobierno y es interpelado por el Sr. Canalejas que dice que no le importa el cambio de ministros y que lo que interesa saber es saber si el Gobierno cambiará de conducta. Aquí no se discute la política de un ministro, sino la política de un Gobierno. No es solo en la provincia de Córdoba donde el caciquismo político, amparado por este gobierno, ha barrido todos los distritos… Esto sucede en todas las provincias».
En ese momento, el conde de Romanones interrumpe a Canalejas y le dice:

—¿Y en Valladolid?

Un grupo de diputados, levantados de los asientos, le gritan coreando los puntos negros:

—¿Y en Guadalajara? ¿Y en Getafe?…

No hay remedio. España es un país de caciques. Había pasado un año y, tras las acusaciones y desatinos de abogados, jueces, caciques, liberales, católicos, conservadores, radicales y anticlericales, todos seguían conviviendo en los mismos recovecos de la incuria nacional y la corrupción política.



Visto para sentencia

Nada se sabe del procesamiento del alcalde. ¿Feliciano Martín Pereira? Casi con toda seguridad. Y, acaso, por ser republicano o un poquillo liberal. El aireado proceso quedó en agua de borrajas tras las elecciones. El Gobierno cambió, y con él, mudaba el alcalde. Era, sencillamente, política. El diputado ‘invencible’, Joaquín López Puigcerver, fue víctima de su último escrutinio ante la inapelable muerte, el 28 de junio de 1906; un año después, el padre del juez, el heroico General Fernández Bernal, también perdía su última batalla en la casa familiar de la calle Arboleda, cerca de la parroquia de la Magdalena, mientras recordaba entre brumas y la axfisiante lluvia del Caribe, las maniobras de los insurrectos mambises bajo las órdenes del ‘Titán de bronce’.

Tras la muerte de su padre, finalizó la ‘etapa getafense’ del juez Fernández Bernal. Tras el entierro, al poco tiempo pidió el traslado y salió disparado hacia su nuevo destino en Manzanares, una ciudad alejada del centro y corazón de España y de las intrigas políticas de la Corte. Ser juez en Getafe nunca fue fácil. La Mancha se abría a escenarios menos peligrosos y más anónimos.

El sábado 13 de mayo de 1911, el congreso de los diputados aprobó conceder pensión a la viuda e hijos del general Francisco Fernández Bernal (‘por bolas’). En la misma sesión, y de manera curiosa, el congreso otorgó también la pensión a la viuda de Ricardo de la Vega, también ‘por bolas’, fallecido el 22 de junio del año anterior. El alcalde de Getafe era, de nuevo y por quinta vez desde 1891, su ‘compañero’ y amigo Gregorio Sauquillo Ollero.

En 1913, el que fuera juez de Getafe, Fernández Bernal, fue trasladado de Manzares a Albacete. En Getafe era juez José Aragonés y Champín, que permanecería en el municipio hasta 1918 cuando fue sustituido por otro enigmático personaje: el juez gallego Manuel González.

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IMAGEN SUPERIOR: Casa del juez Francisco Fernández Bernal en la calle Arboleda. FOTO: Archivo de Manuel Fernández

22 de septiembre de 2014

El antiguo mercado exhibe su esqueleto


El antiguo mercado municipal de Getafe ha permanecido, dormitando y acrecentando su ruina, frente al despacho mismo de la alcaldía getafense, tan visible que resulta, cuando menos, increíble que lleve cerrado más de 16 años.

La casa que hacía esquina a la plaza del Ayuntamiento  y a la calle Jardines era propiedad del consistorio. Durante la guerra sufrió grandes daños que se suplieron por la necesidad de espacios. Allí estuvo la primera sede de la Falange Española hasta que estuvieron que  huir a causa de los cascotes. Tras un arreglo parcial se ubicó la oficina de Arbitrios y Consumos del municipio.

En el verano de 1945, a la vista del estado tan deplorable que presentaba la casa, se abandonó trasladándose la oficina a un local de la calle Madrid, cercano al Bar España, que hacía esquina con la Plaza de la Constitución. Tras el correspondiente proyecto de derribo, la casa fue demolida dejando como un solar donde se instalaban los puestos del mercado al aire libre.

Dos años más tarde, en 1947, el consistorio encargó al arquitecto José María Pellón y Vierna, el proyecto de un edificio destinado en su planta baja a mercado y, en la superior, como sede de los juzgados que hasta entonces se ubicaban en el mismo ayuntamiento. En 1951 se aprobó el proyecto definitivo del mercado que incluía, además, la oficina de arbitrios.

El arquitecto elegido era uno más de los proyectista del régimen franquista tras la guerra civil. Era hijo de los condes de Casa Puente, José María Pellón y Ezquerra y Emilia de Vierna, familia de procedencia cántabra,  fallecidos ambos antes de la guerra civil. José María Pellón estudió arquitectura en Barcelona y era'Congregante del Santísimo Cristo de la Salud'. Su hermano Fernando heredó el título nobiliario de Casa Puente. Falleció el 15 de enero de 1962. En 1940 ostentaba la plaza de Arquitecto Municipal de Plasencia. Entre sus obras, además del Mercado Municipal de Getafe, hemos localizado el anteproyecto del parque de la Cruz de los Caídos de Plasencia, conocido como el parque de la rana por el anfibio que 'reina' en una de sus fuentes.

La escasez de recursos y falta de presupuesto imposibilitó el inicio de las obras hasta 1955; el proyecto, finalmente, se vio favorecido ese año por las nuevas normas de la dictadura para la reconstrucción del patrimonio nacional. Y para ello, se dispusieron créditos a bajo interés destinados a las administraciones locales, provinciales y estatales para recuperar edificios que fueran a ser utilizados como sede de servicios al público. Juan Vergara Butragueño, que era alcalde desde 1943, y los ediles Pedro Manzanares y Manuel Galeote, familia de constructores, impulsaron las obras de construcción que durarían otros dos años más.

El mercado se inauguró en 1957 con veinte puestos; y tres años más tarde, en 1960, se abrieron los puestos con cámaras frigoríficas. Estuvo abierto al público algo más de cuarenta años, cerrando sus puertas en 1998. Era un edificio obsoleto que no reunía las mínimas condiciones para su funcionamiento como mercado de abastos. Desde ese año, el edificio ha soportado con algunas capas de pintura la decrepitud de su muros de ladrillo, aunque hay quien dice que era 'el mercado de las ratas' por tener en esos terribles roedores a sus más habituales visitantes.

En los últimos tiempos del gobierno de Pedro Castro, en pleno auge de la burbuja urbanística, el mercado quedó englobado en el proyecto de la Plaza Porticada que va desde esa esquina al Hospitalillo de San José y, desde  allí, a la calle Magdalena para volver al edificio del mercado por la calle Jardines. Un proyecto que se mantiene en el limbo de los pelotazos del ayer a la espera de  mejores tiempos.

Sin embargo, la nueva Corporación ha retomado la iniciativa para rehabilitar el edificio. Para llevar a cabo uno de los proyectos emblemáticos de Juan Soler, se tuvo que modificar el Plan General de Ordenación Urbana en julio de 2013 y cambiar la calificación urbanística del suelo, de comercial a  equipamiento cultural. Posteriormente, principios de este año, se acometió la demolición parcial.

Gracias a la piqueta, como si de un trabajo arquelógico se tratara, y a los 61.000 euros invertidos, apareció un hermoso esqueleto de hormigón prefabricado, con su columna vertebral y las costillas que sujetaba la cubierta del antiguo mercado.

Rafael Llamazares y Joaquín Torres
El Ayuntamiento de Getafe adjudicó en el mes de mayo la redacción del proyecto (53.000 euros) para transformar el viejo mercado en un centro de usos múltiples a la empresa A-Cero Tecnología e Industrialización. Las obras cuentan con un presupuesto de un millón doscientos mil euros.  A-cero es una empresa de los del afamado arquitecto Joaquín Torres y su socio Rafael Llamazarez constituida para promover y lanzar al mercado un producto de arquitectura modular, basado en los principios de la construcción industrializada que engloba distintas tipologías, y que se caracteriza por la ruptura total con la construcción tradicional.

El nuevo edificio se levantará sobre un solar de 950 metros cuadrados y contará con una planta baja en la que se ha previsto un vestíbulo, una sala polivalente para exposiciones o presentaciones y un almacén. En la primera planta habrá dos salas de conferencias y en el sótano otro almacén e instalaciones.

Imagen del anteproyecto presentado por Xaloc Arquitectos que no resultó elegido. 

15 de agosto de 2014

Indignado con coche de lujo


La fotografía, por sí sola, explica la realidad del país; y  la estulticia o la ignorancia de algunos. Además de manifestarse contra el sistema, exhibe sin pudor el soporte publicitario de lujo que usa y que, seguramente, ganó durante los felices años de la burbuja. Alguna actividad lucrativa empresarial o comercial le catapultó al éxito; ahora, en época  de vacas flacas, renqueando tras interminables años de crisis, el indignado propietario de este 'Lexus' se ha sumado al movimiento que preconiza el final del bipartidismo con un contundente eslogan: «deja ya de jugar al pin-pon», refiriéndose —en concreto— al PP y al PSOE.

Es curioso, cuando menos, el medio de comunicación elegido. La  mayoría de los 'indignados', que ahora 'pueden o podrán', utilizan el altavoz que les han prestado algunos medios de comunicación,  las redes sociales, la política 3.0 y algunas estúpidas tertulias televisivas. Este, sin embargo, sin otra posibilidad —no 'podrá' tal vez—  ha emprendido la guerra por su cuenta y utiliza como pancarta o  valla publicitaria la chapa de su automóvil de lujo. Podía haber utilizado un cacharro viejo y destartalado, un  modesto 'Seat Ibiza',  un 'Hiunday i-20' o incluso un 'Toyota Yaris'; pero no. Muestra su escaso ideario político y hace proselitismo con un mensaje en su vehículo de 'alta gama'.  ¡Cómo son algunos de estos indignados, empresarios o comerciantes venidos a menos, en otro tiempo ricos y exitosos ciudadanos!

Se sabe que las revoluciones las prevén los filósofos, los visionarios y los adelantados sociales, las cosechan, sobre el terreno abonado previamente,  los 'listillos'  y algunos miembros de la clase universitaria más releída y 'progre', siempre en nombre y representación de los pobres, obreros, campesinos, clase media, 'perroflautas' o, incluso, de burgueses 'indignados'. A esas revoluciones, nacidas de la imperiosa necesidad de un nuevo tiempo, las esquilma la renovada clase dirigente, la 'vanguardia' del pueblo ignorante. Nadie duda, por lo que la historia muestra, que estos iluminados del colectivismo acabarán aprovechándose de los flamantes ciudadanos y  lucrándose con los mismos delitos de siempre pero en un nuevo sistema.   Consustancial a la condición humana.

La interminable crisis ha conseguido expandir el desánimo hasta las últimas y más recónditas celdillas de la sociedad,  provocando de manera inexorable la irrupción de podemistas, indignados, movimientos asamblearios y otras  'mareas' de colorines.  El éxito de 'Podemos' y su 'revolcón', no revolución, contra la 'casta' ha estigmatizado a los 'esos' partidos  [PP, PSOE, UPyD, IU y otros], bajo la sospecha de corrupción generalizada. Se lanza, a la vez,  el mensaje de la increíble honestidad de los círculos de indignados; ahora,  nadie tiene un padre, una hermana, un primo, un familiar lejano, ni siquiera un amigo, que sea parte de la ignominiosa 'casta'.  Y, al contrario, siguiendo la falsa lógica de las consignas del nuevo movimiento, todos los 'podemistas' son, —y serán, se supone— gente honrada, abnegados ciudadanos que cobrarán lo justo por su dedicación a lo público, que respetarán los derechos de los disidentes, garantes de la libertad de prensa y de asociación, incapaces de recibir sobornos, inmunes a la codicia, vacunados contra la tentación del dinero fácil, impermeables a lo que el resto de mortales considera la buena vida; y que nunca recibirán regalos ni  comisiones por sus decisiones, ni para ellos ni para  financiar irregularmente al partido, ciudadanos que repudiarán el nepotismo, tan claros y transparentes que no se beneficiarán con información privilegiada, negados por convicción a las corruptelas urbanísticas, a la arbitrariedad, la prevaricación, el expolio y saqueo de lo público o al latrocinio sin contemplaciones... Nadie. Ninguno de ellos cometerá pecado alguno contra el pueblo. Y menos contra ellos mismos; ningún 'podemista' traicionará a su compañero, envidiará el cargo del vecino, traicionará a sus camaradas y menos a su líder; ninguno de los chorrocientos mil afiliados de 'podemos, ganemos y, por tanto queremos' (un cargo) disentirá de las únicas propuestas que señalan los jefes y 'gurús', nadie hablará mal del partido y, por el contrario, celebrará sinceramente los logros del gran timonel. Pero no porque lo prohíban los estatutos del partido; no, por pura convicción ideológica.

¿Serán, tal vez, extraterrestres que nos han invadido para inculcarnos moral, rectitud intelectual y valores? ¿Serán políticos modificados genéticamente como melocotones grandes, anaranjados y sin mácula? ¿Diputados transgénicos? ¿Alcalde y ediles fecundados 'in vitro', cultivados en serie, con dosis extraordinarias de recato, virtud y compostura añadida? ¿Sería posible que el movimiento de los indignados no padezca los mismo errores, delitos y corruptelas que los gobernantes de los otros partidos? ¿Hay alguna diferencia genética, provienen de un entorno diferente, han recibido una educación distinta? Difícil.

Ninguna generalización es cierta. Es evidente que no 'podemos' catalogar bajo la misma etiqueta de 'casta' a todos los ciudadanos que optaron, y lo siguen haciendo aún, por los partidos 'más tradicionales'; ni los que ahora irrumpen en la cosa pública para 'poder' o querer coger el poder, para gestionar lo público, son ciudadanos sin mácula ni sospecha. La democracia asamblearia, horizontal y verdaderamente popular, no existe. Es  uno de los mitos que alimenta la utopía de pequeños grupúsculos anarquistas; una mentira, un trampatojo, de la ficción política.

El lector habrá observado que el indignado de la fotografía superior ha dejado su coche 'aparcado' en una zona de carga y descarga. Creerá, al margen de la publicidad política, que  esas ridículas y pequeñas normas de tráfico  están  para incumplirlas. Y no ha sido un día; parece una práctica habitual del conductor de este llamativo vehículo, quizá porque tiene su domicilio o su negocia cerca de la zona del Ayuntamiento y, claro está, no tiene aparcamiento ni quiere pagar la zona azul. Curioso. A lo mejor para él, cuando gobiernen sus idealizados 'indignados', podrá estacionar su coche de lujo, cual 'Granma' mítico, donde le salga de las narices. Se lo habrá ganado.  Habrán triunfado las personas... en su lucha contra el sistema.


Tu tienes tu lenguaje





Tu tienes tu lenguaje, tu música, tus ruidos,
Que expresan misteriosos tu insólito anhelar;
Si ruges, en los montes retumban tus bramidos,
Si lloras, en las playas rubricas tu pesar...
(Al mar. Ignacio Negrín)


11 de agosto de 2014

Luna resplandeciente y escaladora

Desde hace milenios, noche a noche, escuchan el canto del mar y esperan que la claridad de Hécate, la luna, acaricie sus huesos desnudos. Fueron jóvenes truncados antes de tiempo por la Moira, vírgenes intactas, madres separadas de sus hijos, hombres en la plenitud de su virilidad, jóvenes en cuyas mejillas empezaba a asomar el vello. Recorrieron los mares en ágiles barcos, y la tierra en fogosos caballos, en carruajes espléndidos de fervorosas ruedas... Duermen en la arena limpia, entre las rocas tersas, bajo esta bóbeda solemne, en este ambiente no contaminado. Aquí, su descanso es sagrado e inaccesible... (El oráculo. Valerio Massimo Manfredi).