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28 de octubre de 2009

Así hacemos las rotondas en Getafe



Propongamos un premio para el autor del diseño de esta rotonda ubicada en el  interior del polígono los Ángeles. Así las hacemos en Getafe; redondas.  Con un poco más, apenas un metro y medio, podrían haber ejecutado una rotonda elíptica, incluso la podrían haber desplazado esa misma distancia, y hubieran incluido la torre eléctrica en el perímetro interior, salvando  el riesgo, en primera instancia, de que una noche, gracias a la escasa iluminación de este ya céntrico polígono industrial, alquien se la lleve por delante. Y con el peligro evidente, además de aporrear el coche y la frente, de achicharrarse vivo. Así somos: las rotodas, redondas.  Colóquese una torre nueva en el interior, por favor, y así, además de evitar posibles accidentes, esquivaremos en el futuro la necesiad de adornar la rotonda con una escultura o una fuente.

17 de octubre de 2009

Los ediles de urbanismo y las farolas


Cada concejal de urbanismo que ha ejercido como tal en el Ayuntamiento de Getafe, desde tiempos democráticos casi inmemoriales, ha puesto sobre el puzle de la ciudad su granito de arena y cemento, aportando su particular ideal de belleza a la estética urbana en un intento, no pocas veces vano, de acicalar y maquillar una ciudad fea de por sí, horripilante antes incluso que los ciudadanos eligieran a esos ediles, con ensanches heredados como San Isidro, La Alhóndiga o Las Margaritas, auténticos arquetipos de las canalladas urbanísticas que se cometieron en las postrimerías de una dictadura agonizante y débil; unos barrios donde se levantaban cubículos o celdillas como propuesta, casi paternalista, de aquellos constructores “franquistas” para el alojamiento de los miles de trabajadores que se arrimaban hasta la zona sur de Madrid para incorporarse a la retrasada y anómala revolución industrial que se desarrollaba en un país que se pretendía autárquico.

Y para ello, todos, [los delegados de urbanismo] sin excepción, además de planificar grandes desarrollos urbanísticos, de intentar ocultar la cara aburrida de “este pueblo indeterminado, gris e insignificante”, y derribar las escasas muestras de arquitectura vernácula de este páramo manchego, crecido como urbe al amparo del camino real que llegaba hasta Toledo y del clamor de las numerosas fábricas, recalificando las huertas y sembrados, cada día más improductivos, transformando cientos de hectáreas que engordaban y enriquecían a los hijos y nietos de los campesinos locales,  han procurado acrisolar el paradigma de la “ciudad proletaria” en cada uno de los nuevos barrios, con edificios feos de viviendas protegidas alineados en grandes avenidas.

Ellos, los responsables del modelo de ciudad, han intentado impregnar las costosas y repetitivas obras de acondicionamiento de calles, parques y avenidas con algún tipo de huella indeleble aunque sólo sea a través del mobiliario de las calle: farolas, bancos o papeleras. El problema es que cada uno de los concejales ha aplicado su peculiar gusto y, así, de esta manera podemos toparnos en un paseo por las calles de Getafe con quince o veinte modelos y estilos distintos de farolas, bancos, papeleras, o vallas separadoras de calzadas y aceras.

Con motivo de las obras de remodelación que se ejecutan en distintos lugares de la ciudad con el dinero de todos que tan alegremente reparte y malgasta el Plan [E] Zapatero hemos comprobado como se trata no sólo de reponer bordillos y adoquines despilfarrando el dinero y el trabajo como en el caso de la parte más cercana al Ayuntamiento de la céntrica calle Toledo. Qué terquedad y qué obstinación en derrochar cantidades ingentes de dinero en rehacer lo que hacía poco que estaba hecho y, en algunos caso, rehecho de manera repetitiva. Qué obcecación en tirar los escasos recursos en reformas, en muchos casos innecesarias y que perjudican a los vecinos reduciendo los aparcamientos sin una propuesta global y definitiva de qué hacer con los molestos, pero “imprescindibles” autos.

La fotografía superior muestra como se han solapado [temporalmente] las antiguas y refulgentes farolas bermellonas y las que han empezado a colocarse como estandartes de la visión estética del nuevo edil de urbanismo José Manuel Vázquez Sacristán. Parece inútil, y caro, cambiar unas farolas que a pesar de estar fechadas en 1836 [creo] apenas tienen una década de funcionamientos y cuyas luminarias se habían adaptado recientemente con un coste importante con el objetivo de reducir la contaminación lumínica que emitían las originales. Y ahora, al poco, resultan inservibles. ¡Qué derroche!


No podemos dejar de sentir rubor por el dispendio alegre e inverosímil del dinero público, sobre todo cuando es tan escaso y se hace necesario subir los impuestos para atesorarlo. Así, con este ir y venir, de quito y pongo adoquines y renuevo farolas, irán desapareciendo las últimas propuestas [estéticas] de Santos Vázquez, de Paco Hita, de Jesús Neira, o incluso, de los ediles anteriores. Aunque siempre, cuando volvemos la vista atrás, nos encontramos las gordonas farolas de la época de Paco Hita con sus apoyos semicirculares o, incluso, alguna olvidada en el Polideportivo Juan de la Cierva, seguro aguantando en la parede desde los tiempos en los que Jesús Prieto era alcalde de Getafe y el urbanismo local estaba dirigido por una comunista con nombre de flor y espíritu guerrero [Esa sí que merece que la cambiemos, la farola].
 

8 de octubre de 2009

Cara de Piedra y la memoria histórica


Volvemos a escribir sobre estatuas en el barrio de El Bercial; y ya van tres articulitos.  Nos da igual si el hecho ha sido publicado por algún foro, blog o periódico. En realidad nos importa un pimiento. No nos interesan las exclusivas en este pequeño recodo digital

La Junta de Gobierno Local aprobó el pasado mes de agosto, faltaría más, para que se enteraran los menos posibles, el proyecto para erigir un monumento en bronce a Rumiñahui. La propuesta es obra dela Concejala de Educación,..... e Inmigración, aunque parece que por allí media la mano del alcalde. La propuesta se basa en una “nota informativa” del Centro Unesco de Getafe y tiene como protagonista artístico al pintor y escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin.

Está previsto que se firme, según el acta de la citada Junta de Gobierno Local, un convenio entre los promotores de la idea, el alcalde Pedro Castro y el mencionado Centro Unesco de Getafe al que ha llegado la idea a través del ex concejal de AP en el Ayuntamiento de Getafe y, actualmente, marchante de arte latino y colaborador del gobierno cubano, Gabriel Navarrete (qué serpenteantes vueltas da la vida); y, claro está, falta el más importante, y del que no se dice nada en la Junta, el que pone el dinero que suponemos será la Junta de Compensación de El Bercial.

El Ayuntamiento espera que el monumento, que irá ubicado como no podía ser de otra manera en la Avenida de la República del Ecuador, se pueda inaugurar en el segundo semestre de 2010. Tras el chasco y la poca aceptación de la horripilante propuesta de las hormigas trabajadoras, se intenta colar sin ruido ni publicidad, alevosía y agosticidad, otro “bonito” monumento.

¿Pero quién es el tal Rumiñahui? Es fácil (Google; teclear: Rumiñahui). Se trata, según quién lo califique, de un “general” o caudillo inca (hermano de Atahualpa) que luchó contra los españoles durante la conquista de Ecuador o de un cacique cruel y obstinado que llegó a quemar los poblados propios de su raza, incluso Quito, si no se unían a la “resistencia”. En realidad, y a falta de algún tipo de relación con nuestra memoria histórica, aunque sí con la de los indios, tampoco nos parece una idea acertada; casi peor que la de las hormigas. No parece lo más conveniente que para celebrar la convivencia con los “hermanos” ecuatorianos tengamos que homenajear a ese personaje histórico que representa la guerra contra el “odioso español”. Es que estamos majaras perdidos; o están.

No digan los vecinos del barrio que no conocían la propuesta. Es realmente sencillo seguir la estela del gobierno municipal a través de su web.

Conste, a pesar de todo, que no pretendemos ignorar ni menoscabar calidad de la obra de Oswaldo Guayasamin, pintor universal nacido en Quito en 1919. Lo penoso de esta historia es que el escultor falleció hace ya diez años (1999). En realidad el monumento será una réplica fundida en bronce, una copia digital, de su obra “Resistencia” instalada en su ciudad natal y en la que Rumiñahui  se levanta con los puños en alto entre dos esbeltas pirámides de las que cuelga "El Sol", otra obra de Guayasamín. Ahí,  sin sol ni a lo peor pirámide alguna, nos vamos a gastar esos quinientos mil euros que la Junta de El Bercial tiene comprometidos con el Ayuntamiento. 500.000 euros para homenajear a Rumiñahui, también conocido por su traducción del quechua, como Cara de Piedra.

Bonito dispendio. A nosostros no nos gusta. Es acertado que la ciudad cuente con obras de artistas de los paises que más han contribuido con la nueva colonización o retro descubrimiento del país de “los barbudos” que combatió con saña el cacique inca. O la patria es una madre o una puta. El próximo día 12 de octubre se conmemora en muchos lugares de América el día de la raza (vaya nombre desafortunado) o el día de la hispanidad, etc..; otros, en cambio, rememoran, en linea con el  indigenismo o el nuevo socialismo que preconizan los nuevos "caupolicanes" suramericanos,  Chaves, Evo y Correa, la conquista y masacre de las poblaciones indias.

Dejemos la memoria histórica de la guerra, y sus guereros, para otros lugares y momentos. No seamos caciques de un tiempo ya pasado. Es el momento de replantear ese encuentro de dos mundos. Ayer allí y hoy aquí.  Además de no decidir, ni pintar un carajo, lo caro que nos sale.

27 de mayo de 2009

Monumento al futbolista desconocido

Me dijo Eladio, no el artista, el artesano, que tuviera a bien escribir y "denunciar" la existencia de la estatua de un futbolista que el Ayuntamiento había colocado en el barrio de El Bercial. Y vuelvo yo a insistir sobre la naturaleza del arte urbano en ese moderno barrio. Ya lo sabíamos por boca de otro amigo y experto en la cosa futbolística al que seguramente hemos restado la posibilidad del comentario.

Sin apenas conocimientos del "arte" balompédico, ni mucho interés por ello, dicho sea, para que conste y se me admitan las excusas, acepté la iniciativa de mi amigo. Hablaremos de ese mito o leyenda urbana en que se había convertido la estatua de uno de los protagonistas del ascenso del Getafe Club de Fútbol a la primera división de ese deporte-espectáculo.

Desde la más remota antigüedad, antes incluso del uso de la escritura, el hombre ha intentado perdurar en la memoria y mostrar su admiración y su gratitud por otros, o su fe en determinados mitos y fenómenos, levantando monumentos y estatuas. Se trata de representaciones fieles o personales de cazadores, diosas, atletas, políticos, escritores, guerreros y mil motivos más que procuran el enaltecimiento de los personajes o, incluso, el homenaje a hechos y personajes anónimos.

El mundo está plagado de ejemplos de estatuas o conjuntos escultóricos erigidos a un sin fin de no-se-qué desconocidos; delante de la puerta "grande" de los cosos taurinos es posible encontrar la figura estirada del torero; en los grandes cementerios, al soldado desconocido; en los puerto, el marino; en las plazas de los pueblos, a un alcalde antiguo y desconocido o a uno de esos generales que nos sabemos si estuvo en la guerra de Cuba o en las disputas carlistas.
El fútbol desde que se ha convertido en uno de los mayores fenómenos de masas también erige monumentos a sus "heroes".

Ahora las batallas, incluso las elecciones, se juegan en un estadio. Menos sangrientas, al menos, aunque en la mayoría de los casos poco enaltecedoras de la pasión deportiva y atlética del ser humano. En una rauda visita turística por algunos lugares del mundo, atravesando la red de redes de punta a punta, hemos descubierto que el deporte, y concretamente el fútbol, dispone de una ruta de monumentos erigidos como el dedicado a "o rei Pelé" en Salvador de Bahía, los que se han levantado como una oda al "dios Diego" Maradona, la mayor estatua del mundo de un futbolista, el grandioso homenaje al pibe Valderrama, el que representa a las viejas leyendas inglesas Charton, Best y Law, o [por acabar pronto] el proyecto culé sobre el fabuloso Kubala.

Como sea que el rumor era insistente y curioso, nos decidimos a emprender la búsqueda de la mítica estatua de bronce industrial que no escultura; ahora casi todo en la vida es digital, incluso el noble arte de Fidias. Con el molde obtenido mediante técnicas informáticas es posible un duplicado o cientos ¿Se imaginan, un pueblo lleno de estatuas de futbolistas?

¡Al partido, que nos despistamos!.. Al final del recorrido en nuestra búsqueda por el barrio, en la zona de las viviendas protegida, al otro lado del Hipercor, en la avenida de Salvador Allende, encontramos ese impersonal pedazo de metal que representa a un futbolista en plena carrera con el balón "pegado" al pie a ras de tierra.

La figura está colocada en medio de un "parterre" sembrado de piedrecillas sin leyenda ni placa que pueda identificar el objeto, el personaje o el motivo de semejante "adorno". Lo han plantado, o abandonado allí, casi de manera clandestina; para que nadie reconozca al representado ni recuerde la ignominia. Es el último castigo, el ostracismo y la postergación, a un futbolista que pasó de heroe a villano en el leve trascurso de una tonta decisión o, hablando en término futbolísticos, de una absurda alineación política; de medio centro izquierdo a defensa central. Falta y expulsado.

A la vista de la fotografía, convendrán conmigo quela estatua del futbolista desconocido tiene la misma cara del famoso "Gica", y la zancada o el gesto copiado de una foto del futbolista rumano Gheorghes Craioveanu, que tras su retirada de los estadios ha reforzado su popularidad a fuerza de asistir en calidad de comentarista a las tertulias futbolísticas de Onda Cero y La Sexta.


Craioveanu fichó por el el Getafe en la temporada 2002-2003 y en la siguiente temporada fue uno de los miembros más decisivos de la plantilla getafense que consiguió el ansiado ascenso del club de los amores de Ángel Torres y Pedro Castro. Transcurría el año 2004. Eran tiempos de baños en la Cibelina, vino dulce y alabanzas sin tregua ni recato en los periódicos más oficialistas. Tras completar tres temporadas en el equipo, a esas altura de la vida de un futbolista, cumplidos los treinta y seis años, tuvo que afrontar la jubilación como profesional, confiado en las promesas de los dirigentes "azulones" (vean que dominio del lenguaje balompédico) para seguir en otras instancias y responsabilidades del club; vamos ... a seguir. Y llegó [el comandante] "pirri" y mandó parar. No había más fiesta ni homenaje. Ni chufas ni cuchufletas. Las desavenencias derivaron en trifulca pública que se mostraba y amplificaba con eco y sin pudor en los medios deportivos. Gica se marchó de la entidad getafense encabronado y dolido.

Poco antes de las últimas elecciones municipales [mayo de 2007] saltó la sorpresa y el PP getafense anunció a bombo y platillo [como en una feria] la inclusión del jugador rumano en su lista de candidatos, en el puesto número dos, tras José Luis Moreno y delante de Carlos González Pereira y José Luis Vicente Palencia.

Gica era la sensación del momento, una apuesta muy arriesgada en la lista electoral de los populares getafenses dada la ignorancia del futbolista de la política y la vida social o cultural de Getafe, aunque dispuesto para afrontar los retos del deporte local: fútbol, más fútbol y... sobre todo, fútbol. ¿Cómo era aquello?... Me gusta el fúrbol.

Sin embargo, el Ayuntamiento de Getafe había encargado mucho antes de los comicios una obra con su cara y su figura a la fábrica de las horribles estatuas getafenses con la idea de ubicarlas cerca del Coliseo Alfonso Pérez, al igual que hizo con el busto de Ángel Torres. La verdad es que no se aguantan ni como estatuas... Y menos tras la irrupción política del internacional rumano. Gica con el PP, de número dos, haciéndose la foto con Esperanza Aguirre. Imagínense el disgusto y el miedo del PSOE; y también de un sector del PP local. El presidente del Geta, Angel Torres, por su parte colaborando activamente en la campaña y figurando como avalista personal de su "amigo" Castro.

Así pues, la estatua de Craioveanu quedó "presa", o retenida, en algún oscuro recoveco del viejo almacén de enseres municipales a la espera del momento oportuno, olvidada la historia, para su colocación. En su día, como respuesta a las preguntas de los periodistas sobre el caso de la estatua de Gica, el que fuera concejal de Urbanismo y responsable de comunicación del PSOE, el malogrado [políticamente] Santos Vázquez, adujo para el retraso en su instalación que la obra se había roto y que había que hacer volver a fundir una nueva. Vaya excusa peregrina...

Lo cierto es que en las últimas semanas el Ayuntamiento de Getafe ha dejado caer en el barrio de El Bercial el último engendro de bronce de la factoría que nos "embellece" [envilece o desacredita] la ciudad sin avisar a nadie.

A su instalación sólo acudieron los obreros de la subcontrata que transportó el metal, como expresión suprema del castigo político más extremo: el olvido; transformado el que iba a ser homenaje en desaire y desdén. Ni el gobierno municipal, ni los directivos del Getafe, ni sus antiguos compañeros, ni, tan siquiera, para ser también un poco "tocapelotas", sus compañeros de candidatura se han acercado por allí. Nadie ha invitado a Gica ni le ha dicho esos "ahí te pudras" que te dicen los "amigos" cuando ya no quieren saber nada del pasado común. El futbolista rumano tiene una estatua en Getafe y nadie le ha avisado! Qué tristeza, la mía...

Decía Eladio, y lo repito, para que no me acuse de falta de rigor, que él piensa que ha habido muchos futbolistas que han aguantado en el Club Getafe Deportivo y en el Getafe CF para que la entidad llegara donde ha llegado y que se merecen, antes que Gica, un monumento. Ahí están esos heroes relegados como Caballero, Salmeron, Polo o Alfredo,.. Perdonen mi ignorancia si no recuerdo ni cito a todos los que puedieran merecerlo.

Yo también propondré un motivo para un monumento junto al estadio; hay un personaje que podría haber aglutinado ese presunto aunque no anónimo homenaje al fútbol y a los futbolistas. Se trata de Luis Aragonés el "sabio de Hortaleza", "zapatones", campeón de la última eurocopa como entrenador de la selección española y que jugó en el Club Getafe Deportivo entre los años 1957 y 1958.