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27 de agosto de 2013

La Manzanera, de la utopía a la realidad

Los tres edificios más característicos de Ricardo Bofill Leví en La Manzanera de Calpe asomados al acantilado. La Muralla Roja, Xanadú y el Anfiteatro vistos desde el  mar

Los años cincuenta y sesenta del siglo XX representaron para España el fin de la autarquía y la llegada de la ansiada revolución industrial, pendiente en la mayor parte del país desde hacía más de cien años. Los incipientes movimientos de turistas europeos buscando zonas vírgenes del litoral mediterráneo, cada vez más numerosos, revelaron la importancia del sol, del paisaje y de la gastronomía autóctona. Ese atractivo empezó a perfilarse como uno de los grandes negocios del siglo XX. Cada año que pasaba se producía una revalorización urbanística del sol. Había que vender sol. La costa y el urbanismo se aprestaban a una batalla desigual, finalmente perdida por el paisaje. Los datos que ofrecía la organización ecologista Grempeace en su informe "Destrucción a toda costa 2013" son demoledores. El sol sigue, pero el paisaje y el urbanismo vernáculo han desaparecido; la gastronomía y la cultura popular se han desvirtuado, transformándose lo típico en tópico y lo auténtico en pura fachada comercial.

En los primeros momentos del proceso de urbanización y destrucción del litoral la planificación brilló por su ausencia. El modelo económico primaba el crecimiento desmesurado, en un intento desesperado de la dictadura para sacar cuanto antes a la mayoría de la población de sus ocupaciones agropecuarias y llevarla a los polos de desarrollo industrial que se ubicaban en las zonas metropolitanas de las grandes ciudades.  Al igual que en las ciudades dormitorio, en la costa los edificios se levantaban por doquier, desperdigados, sin orden ni control, de manera anárquica, sin las suficientes infraestructuras urbanísticas ni servicios básicos.

Tras unos años, el nuevo proletariado empezó a contemplar como posible el acceso al utilitario y al disfrute del sol junto a los extranjeros. Los propietarios de suelo se disponían a recoger la mejor cosecha de sus apetitosos terrenos junto a las playas.

Había empezado la década de los sesenta. Los promotores empezaron a pintar laderas y playas con cientos y cientos de casitas blancas en un ejercicio de urbanismo folckórico. Calpe no se quedaba atrás. Sin embargo, en esos primeros años se produjo una coincidencia que hizo posible la presencia de Ricardo Bofill Leví (Barcelona 5/12/1939) en  y su "caserío de vacaciones" en la finca La Manzanera de Calpe. Un proyecto respetuoso con el paisaje y exento, por unas razones u otras, de las prisas y del ánimo especulativo que recorría los municipios de la costa española.

La finca de La Manzanera (El Tros), cerca de casco antiguo, era propiedad de Natalia Pérez Ortembach, miembro de una saga de terratenientes de larga presencia histórica en Calpe y Benissa. Los terrenos, abruptos y abancalados hasta los farallones que dan mar, cuenta con una pequeña cala de piedras, bastante inhóspita.  A Natalia, que vivía en Barcelona,  no se le escapó la fiebre que invadía el litoral. En esa misma ciudad tenía y tiene su estudio el arquitecto Ricardo Bofill Benassat. Su hijo Ricardo finalizaba en 1960 los estudios de arquitectura en Ginebra. A su regreso a España fundó el Taller de Arquitectura para modernizar el estudio que dirigía su padre. Ricardo Bofill Leví había tenido que acabar la carrera de arquitectura fuera de España tras haber sido expulsado en 1957 de la Escuela Técnica de Arquitectura de Barcelona por sus actividades políticas (pertenecía al PSUC). Con esos antecedentes, la titulación extranjera de Bofill Leví  era difícil de convalidar.

El trabajo del Taller incide en la búsqueda de ideas para una ciudad o "caserío" de vacaciones que se aleje de los tópicos folklóricos y de los exóticos rascacielos. La propietaria no tiene prisa ni necesidad económica que persiga la especulación lo que posibilita que el proyecto se desarrolle a lo largo de 23 años, entre 1962 y 1985. La Manzanera es un campo de pruebas. Bofill sabe que no es posible reproducir un auténtico núcleo urbano. "La humanidad que se respira, —dice— en un pueblo construido en la historia es imposible de conseguir en una urbanización definida a priori". La Manzanera es una respuesta crítica al pragmatismo y el funcionalismo de los años 50 y 60 que proveía un crecimiento de las ciudades con operaciones especulativas, con edificaciones arracimadas, sin ninguna preocupación por la creación de espacios urbanos públicos que descongestionaran la densidad que procuraba y aplicaba con avidez el negocio inmobiliario.

Ricardo Bofill y el Taller de Arquitectura trabajan con la premisa de hacer un "jardín urbanizado", manteniendo la vegetación autóctona (algarrobos, pitas, chumberas, pinos, almendros, limoneros,...), restando importancia a las calles o carreteras, camuflando los aparcamientos y combinando los jardines, los parterres, las viviendas unifamiliares en grupos pequeños o adosados en  hilera, las colectivas en altura y el núcleo de ocio y restauración que incluía la propuesta de un pequeño hotel de lujo. "El terreno —asegura el arquitecto— es un anfiteatro natural, donde de todas partes se ve todo; situar unas viviendas blancas... creyendo que el resultado va aser el mismo que en cualquier montaña es un error. No se trata de hacer un nuevo y moderno folklore". No se piensa en ningún momento en "el sistema corriente de abrir calles y vender parcelas".

Postal  antigua de Calpe (finales de los setenta u ochenta) con el edificio de  la Muralla Roja sobresaliendo entre los bancales de La Manzanera y el peñón de Ifach al fondo. Imagen de la exposición celebrada entre mayo y julio de este año 2013  en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid y que mostró una selección de la colección de postales de arquitectura del siglo XX del arquitecto Rafael Cazorla

Lo importante era mantener la unidad del conjunto y la armonía del paisaje, el carácter, gracias a la utilización de materiales vernáculos como los muros de  piedra. Una premisa que saltaría por los aires con La Muralla Roja. Los proyectos y su ejecución se dilatan en el tiempo tanto que el mundo cambia sin remedio. La utopía se mueve sin dirección clara. Sin embargo, el punto de inflexión, la renuncia al diálogo inicial con el paisaje  se debería, también, al fallecimiento de la propietaria de los terrenos en 1968 y  la irrupción promotora de una nueva sociedad mercantil.


Aunque los primeros planos y proyectos de edificación salieron de las mesas de delineación en el otoño de  de 1962,  el Plan Parcial de Ordenación, redactado por etapas, no fue un instrumento visado hasta 1966. Existía desde el principio, sin embargo,  el compromiso de una planificación unitaria. Las construcciones se desarrollaron entre los años 1964 y 1982. Durante estos dieciocho años se promovieron los siguietes edificios: Plexus (1966), 31 apartamentos; Xanadú (1967), 18 apartamentos; Conjunto residencial  (1967-1971), 17 viviendas unifamiliares; La Muralla Roja (1973), 50 apartamentos; Anfiteatro (1981), 25 apartamentos.


Vía de circulación en el interior de la urbanización de  La Manzanera
Zona de ocio junto a la entra de la urbanización
Vista del Peñón desde el Xanadú
Parterres y jardines delimitados por muros de piedra. Al fondo el Xanadú y el Anfiteatro.

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BIBLIOGRAFIA:

•  "Arquitectura per al turisme: la utopía urbana de Bofill i el taller d'arquitectura a la Manzanera" (1962-1985). Antoni Banyuls i Pérez. Institut Ramon Muntaner. En internet en Biblioteca de Recursos Universia.
•  "La ciudad del arquitecto". Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores. 1998, Barcelona
•  "L'Architecture des villes. Ricardo Bofill", Nicolas Véron. Paris, Odile Jacob, 1995.
•  "Ricardo Bofill Obras y Proyectos/Works and Projects". Bartomeu Cruells. Barcelona, Gustavo Gili, 1992.
•  "Espacio y Vida. Ricardo Bofill", Jean-Louis André. Barcelona, Tusquets, 1990.
•  "Ricardo Bofill". Annabelle D'Huart. Paris, Editions du Moniteur, 1989.
•  "El Dibujo de la Ciudad, Industria y Clasicismo". Annabelle D'Huart. Ricardo Bofill. Barcelona, Gustavo Gili, 1984.
•  "L'Architecture d'un Homme. Ricardo Bofill". París, Editions Arthaud, 1978.


FOTOGRAFIAS:

•  Juan Manuel Alcalá Perálvarez, salvo las expresamente indicadas en el pie de foto.

Plexus: el primer edificio de Bofill en Calpe



El complejo de viviendas Plexus (1964), situado en la parte alta de La Manzanera,  fue el primero de los edificios de Ricardo Bofill que verían la luz en Calpe por encargo de Natalia Pérez Ortembach. Fue proyectado y ejecutado, incluso, antes de la redacción y visado del Plan Parcial de la Manzanera.

Plexus integra 31 apartamentos adosados y "representa —según se detalla en la página web de Ricardo Bofill— un esfuerzo por inscribirse al máximo en su entorno natural, siguiendo el mismo método  utilizado en la construcción de las terrazas de piedra que definen los terrenos agrícolas de la zona, en una clara expresión de la aplicación del "Regionalismo Crítico" en la costa mediterránea".



La planta se adapta a la forma de las terrazas, ajustadas sucesivamente por debajo y por encima con el fin de reducir su impacto visual. El proyecto se caracteriza por el uso de motivos y materiales vernáculos tales como la piedra, las ventanas con persianas del Mediterráneo, los arcos y cubiertas de teja en pendiente
.
Uno de los detalles más impactantes de la propuesta arquitectónica, además de lo expuesto anteriormente, los distribuidores o zonas de acceso a las viviendas, son las chimeneas en las que algunos críticos han querido ver un pequeño homenaje al siempre admirado Gaudí.

Pero, ¿qué significa plexus? ¿Complejo? ¿Ramificado como el sistema nervioso? ¿Intrincado?




Una ciudad en el espacio


Tras la muerte de Natalia Pérez, la propietaria de los terrenos de La  Manzanera,  irrumpe una sociedad anónima como nueva promotora inmobiliaria. Las pautas iniciales de Taller de Arquitectura sobre el paisaje y los materiales vernáculos quedan atrás, olvidados para siempre. La empresa Palomar SA  encarga a Ricardo Bofill los proyectos para levantar dos edificios; uno de 18 y otro de 50 apartamentos. Así se gestaban los proyectos bautizados como Xanadú y La Muralla Roja.

Xanadú es, para nosotros, quizás el edificio más sorprendente y enigmático de La Manzanera; "supuso —según la página web de Ricardo Bofill— un  prototipo experimental para la aplicación de una metodología para la teoría de una “ciudad jardín en el espacio” desarrollada por el equipo,  y debe ser interpretado como uno de los muchos elementos de interconexión". La idea de la ciudad en el espacio es  una propuesta arquitectónica y habitacional del Taller de Arquitectura para un barrio obrero de Madrid (Moratalaz) que finalmente se quedó solo en una audaz maqueta y en una idea sin ejecutar pero que suscitaría nuevas reflexiones y posibilitaría el desarrollo de proyectos como Xanadú.

Maqueta de la Ciudad en el Espacio, propuesta de viviendas para un barrio obrero (Moratalaz)

"El castillo, —continua la explicación de la web— fue el punto de referencia del edificio, evolucionado hasta convertirse en una configuración inspirada en el cercano Peñón de Ifach. Cada apartamento se compone de tres cubos correspondientes al espacio de salón-estar, dormitorios y zona de servicios. Estos tres cubos se agrupan en torno al eje vertical de la escalera, que les sirve de apoyo. Los cubos vertebran la circulación  determinada sobre una trama ortogonal, que se rompe para satisfacer las necesidades particulares del programa: en este caso, terrazas internas protegidas para evitar el intenso calor, los techos hiperbólicos para ofrecer mejores vistas, y la adaptación a las técnicas de construcción local". 


"No se dibujaron planos ni elevaciones durante la construcción, pero cada unidad presenta  aperturas en las paredes exteriores colocadas en función de la orientación, de las necesidades de luz, de las colocación de los extractores de cocina, de los ventiladores, de la privacidad y de los puntos de conexión, y se situaron tras el análisis diagramático del modelo sobre los planos de estructura. La rígida geometría del cubo, la base de la estructura inicial, se fracturó en los ángulos exteriores con el fin de crear una fachada irregular con una espectacular interacción de luces y sombras y múltiples vistas sobre el paisaje".


A nosotros, al margen de las explicaciones de su autor sobre la génesis del proyecto, Xanadú siempre nos ha parecido un árbol. Un gran árbol en el que se han colocado viviendas en algunas de las ramas. Un edificio mimetizado en árbol. Un árbol de hormigón, pintado de verde, para vivir, asomado al acantilado como un gigante cúbico que quiere competir con el Peñón de Ifach como elemento iconográfico de Calpe. Desde abajo parece la obra de un loco, un ejercicio arquitectónico, si pudiera calificarse en términos ideológicos, anarcocomunista, aunque Bofill era, realmente, un librepensador; lejos quedaba su militancia o sus escarceos con el PSUC. Mientras se proyectaban los 18 apartameantos del Xanadú, Europa encaraba un vuelco casi total en los valores personales y políticos. El mayo francés y la primavera de Praga cambiarían radicalmente nuestra concepción del mundo. El pasado había muerto.  Había que construir un planeta nuevo.  Y así, como la consigna del 68, Xanadú parecía decir: "Olvidad todo lo que habéis aprendido, empezad a soñar”.









Bien lo sabe el poeta. La brisa le trae a  José Agustín Goytisolo el olor a sal de mares muertos frente a antiguas ciudades; ahí, en el Xanadú, cruza pasillos y atalaya el tiempo. La ensoñación no cesará hasta que amaine el viento y el escritor perciba, tras la sombra fantasmal del Peñón, las luces de las barcas que han salido a pescar en un  mar tranquilo. ¡No penséis que todo fue un mal sueño! ¡Estad alerta!

Una ensoñación tras la sombra fantasmal del Peñón



En el Xanadú

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

Hace frío la brisa me despeina
y trae olor a sal de mares muertos
frente a antiguas ciudades.
  Corro subo
cruzo pasillos atalayo el tiempo
y veo alzarse las banderas que odio
al pie de Jericó.
No les doy tregua
llamaré en mi socorro a las legiones
de Lépido.
¡Ay terribles noches hondas
con Moctezuma golpeando el sueño
que me acosa en el fuerte!
No podría
resistir el embate de estas ola
como aguanté en Messina.
Ahora distingo
a Cabrera y sus hombres galopando
hacia los muros de Morella.
Soy
uno tan solo espacio pero
un millar en el tiempo.
No os es dado
comprender lo que pienso.
Oigo mis pasos
en el porche desierto y me posee
la fuerza que soñaba para el mundo
Vladimir Ilich Lenin.
Este sitio
es mi condena mas también la abierta
e inacabable habitación que el hombre
persigue mientras duerme: alta cambiante
fundida en el paisaje hecha de piedra
y desafío al mar.
Como el tesoro
oculto en una cueva de mi memoria
brilla entre esta paredes.
No intentéis
arrancarme jamás la antigua clame
que conozco y ejerzo.
Libre libre
viviendo entre cadáveres de esclavos
que se afanaron en alzar imperios
sobre un pantano que los engulló
entre fechas y edades.
El futuro
está muy cerca igual que lo vivido;
como nuevo Tiresias me limito
a esperar que suceda lo que vi:
nadie podrá evitarlo no hay señal
en el cielo estrellado.
Luchas pactos
victorias imposibles esperanzas
furor de humanidad que se rebela
como hormiguero al que aplastara un pie
distraído y enorme.
El viento amaina
me acomodo en el balcón.
Tras la sombra
fantasmal del Peñón se ven las luces
de las barcas que salen al candil
en un mar ya sereno.
No penséis
que todo fue un mal sueño: un cigarrillo
de marihuana es poca explicación
para tanta certeza.
Estad alerta
la muerte os ronda puedo oír su canto
mientras busco otra vez las escaleras.
No podréis escapar: yo estaré siempre
en este caserón buscando a un dueño
que ya se que no existe entre los gritos
de niños que algún día nacerán
y que hace tiempo vi como murieron.


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 BIBLIOGRAFIA: 

—Taller de Arquitectura. José Agustín Goytisolo. (1977).  Editorial Lumen, 1995.

Absorto y acongojado al pie de la muralla



La muralla roja

JOSÉ AGUSTÍN GOYTISOLO

Viene y no lo sabes
a encontrarte a ti mismo
nadie te ha detenido
al pie de la muralla
y ahora estás aquí
absorto acongojado
y sin saber qué hacer.

La muralla no tiene
secretos hacia afuera
pero dentro silencio
ten cuidado no grites
¿escuchas esa música?
¿no te recuerda nada?
sí sí estuviste aquí
hace miles de años
jugabas sí ¿fue un sueño
o es tu imaginación
que te gasta una treta?
un laberinto era
un lienzo de colores
rojos como la sangre
rojos como el espanto
que hace temblar los pies.

¡Ah los pies! No profanes
con tus pasos el templo
¿te descalzaste fuera?
sigue sigue extranjero
penetra hasta la celda
que te aguarda y no pienses
detenerte o volver.

Ya no existe el regreso
nadie podrá salir
aunque su cuerpo lo haga:
éste es lugar de sueños
donde todos se quedan
esperando esperando
la claridad de un día
sin tiempo ni relojes
en el que las edades
los siglos los milenios
se confundan y abrasen
en una misma hoguera
alegre igual que un vino
de ignorada memoria.


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 BIBLIOGRAFIA: 

—Taller de Arquitectura. José Agustín Goytisolo. (1977).  Editorial Lumen, 1995.