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21 de abril de 2013

Casi 40 años



Las instalaciones deportivas del barrio de  San Isidro desaparecerán, tal y como se concibieron, antes de cumplir los cuarenta años, aunque en los últimos su existencia ha languidecido aquejado de ruina y abandono, penuria, falta de adaptación a los nuevos tiempos y de un modelo de gestión adecuado. No se puede decir que sea un anciano, pero sí que el tiempo lo ha maltratado. Durante estos años, desde que naciera al final de la calle Teniente Coronel Tella, hoy calle Toledo, ha resistido a cinco alcaldes; el que lo inauguró y cuatro más. Y a decenas de atletas getafenses que recordarán con nostalgia los inicios del polideportivo con sus modernísimas, caras y casi intocables pistas de tartán.

ABC. Domingo 30 de junio de 1974.  “El gobernador, Jesús López Cancio, ha inaugurado en Getafe las instalaciones deportivas municipales San Isidro, que comprenden pistas de atletismo, campo de fútbol, piscinas cubiertas, cancha de baloncesto, pista de tenis, campo de balonmano y parque infantil, aparte de los correspondientes servicios”. La prensa de la época daba “un breve” al día siguiente para resumir que en aquellas  modernas instalaciones  se habían invertido más 40 millones de pesetas que habían pagado a partes iguales la Diputación Provincial, la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes y el Ayuntamiento de Getafe. El gobernador civil estuvo acompañado en el acto por los representantes de las tres administraciones que habían sufragado el proyecto: el presidente de la Diputación Provincial, doctor don Carlos González-Bueno; el delegado provincial de Educación Física y Deportes, don Emilio Pradillo, y el alcalde accidental de Getafe, don José Mingo Guerrero.  Las noticias acababan como era costumbre en aquella época: “Tras la bendición de las nuevas instalaciones y descubrirse una placa conmemorativa se realizaron diversas exhibiciones deportivas”.

El polideportivo San Isidro venía a colmar los deseos de atletas y deportista de Getafe. El 12 de febrero de 1972 se había fundado en el barrio de las Margaritas el Club Atlético Getafe. Blas García Marín, atleta y entrenador nacional, colocaba la piedra angular de un club que se convertiría en  una referencia mayúscula del atletismo a nivel provincial y nacional  con decenas de atletas  dando prestigio a la entidad deportiva y a la ciudad.  Según publicó el Diario Ya, Getafe era el único pueblo madrileño que había realizado todas las instalaciones programadas del Plan de Nuevas instalaciones polideportivas municipales 1971-1973.


1974 había de ser el año feliz y deseado para el deporte en Getafe, pues se inauguraba el Polideportivo San Isidro, una bella instalación que poco a poco habría de ser el centro de atracción de esa masa de jóvenes amantes del atletismo. En apenas un año, la afición por el deporte olímpico por excelencia subió de forma vertiginosa, triplicándose el número de participantes. Angel Calle Moreno [fallecido en 2011] era campeón infantil provincial de campo a través, Francisco Torres Agreda era campeón de España juvenil de 400 metros; en los primeros boletines del ayuntamiento de 1975 narraban las hazañas de otros jóvenes atletas como Tomás Vecillas, Pedro García, Mercedes Muñoz, Nieves Navarrete, Justa Caramillo, Angelines Serrano, Paz Pablos Acosta y su hermana Juana María, Pilar Delgado o el alevín Mauro García Peñas.  Y otros muchos que no citamos por puro des-conocimiento y lo extensa que se haría la relación pero que se puede consultar en el blog del “alma mater” del Club, Blas García Marín.

Los vecinos que se acercaban hasta el Polideportivo se sorprendían de la magnitud de las instalaciones aunque la piscina cubierta que citaban las noticias era una entelequia, pura mentira publicitaria. No fue hasta el año 1975 que la corporación municipal empezó a proyectar la “piscina cubierta, climatizada y olímpica” en el Polideportivo San Isidro con un coste previsto de 20 millones de pesetas que iban a sufragar el Ayuntamiento y la Diputación Provincial. Lo que nadie se había imaginado, y  menos los atletas, era que en la pequeña explanada, justo en la entrada del recinto, antes de acceder a las gradas, habían  instalado una gran jaula con un león apestoso, viejo y con aspecto de cansado; y otra con un monos, creo. Abajo, por el suelo correteaban  las  gallinas, conejos y algunos bichos más, a lo mejor patos y ocas. Ignoramos si era un reclamo turístico o una muestra de la originalidad e ingenio del alcalde accidental. Lo que parecía evidente,  es que aquel pequeño zoo iba a resultar polémico.


El pobre José Mingo Guerrero, alcalde “accidental” desde hacía siete meses, fue destituido el día de Santiago, apenas veinticinco días después de la inauguración de las instalaciones deportivas. El subjefe provincial del Movimiento, Carlos Pérez de Lama, en representación del gobernador civil antes citado, daba posesión de su cargo al nuevo alcalde y jefe local del Movimiento de Getafe, Ángel Arroyo Soberón, en una sesión plenaria que contó con la presencia del coronel jefe de la Base Aérea, Esteban Martínez Gil y el comandante jefe, también “accidental”, —cómo estaban las cosas a esas alturas del antiguo régimen—, del regimiento de artillería número 13, señor Gutiérrez. La dos Españas se angustiaban por la enfermedad de Franco. Media rezaba por la recuperación del caudillo, y la otra mitad, brindaba por lo contrario, deseando el pronto advenimiento del final inevitable del dictador.

Las elecciones municipales del 9 de junio de 1974 en Getafe  generaron la controversia entre dos de los candidatos: Luis Sola Rubio y Montoro González. La disconformidad de este último con el recuento de los le llevó a impugnar la elección de todos los candidatos. Las votaciones se repitieron en noviembre de 1974, resultado elegidos por el tercio familiar los señores Sebastián Carro, Leovigildo Ruidíaz, José Rodríguez Carrasco y el “protestante” Montoro.  No fue hasta diciembre de aquel año, o en los primeros meses de 1975, que los ediles elegidos y designados empezaron a funcionar de manera corporativa.

El secretario del “Patronato” de Deportes, y “de asuntos varios” [por la cantidad de asuntos que recogía e impulsaba], amén de uno de los socios fundadores del Atlético Getafe, Sebastián Carro empezó a recoger las quejas de los atletas. Resultaba fácil solidarizarse con sus protestas. El recinto que utilizaban para calentar antes de las competiciones era el mismo en el que unos animalillos “del parque infantil”, más propios de una granja, también correteaban y hacían sus necesidades. Y además, los días calurosos, la peste del león era insufrible.  Así estaban las cosas, cuando Sebastián Carro descubrió las facturas que justificaban el sustento del león y la partida que se asignaba para este asunto en el epígrafe de “Reintegrables, indeterminados e imprevistos”  del presupuesto municipal. Aquello era mucho. Demasiado para la paciencia de Carro. Aquellos bichos no solo molestaban a los atletas, sino que además se comían parte del presupuesto de la delegación de deportes.

El león y los monos del polideportivo San Isidro habían sido  un regalo, o un desecho según se mire,  del alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, cuando en las postrimerías de su mandato como primer edil de la capital de España, concretamente en 1972, los animales de la Casa de Fieras del Retiro fueron trasladados a las nuevas instalaciones del Zoo de la Casa de Campo.

Sebastián Carro Sánchez propuso eliminar a los pequeños animales más propios de los cuentos infantiles, la sátira y la burla que de un polideportivo por el riesgo evidente para la salud de atletas y deportistas. Con respecto a la alimentación del león, y tras arduas discusiones de la corporación municipal,  Luis Díez Sainz,  teniente de alcalde y concejal responsable de Sanidad, se ofreció voluntario para llevar cada día la comida necesaria al gran felino y no tener que gastar en aquel menester un capítulo del presupuesto de Deportes. La decisión parecía lógica, aunque no sensata, dado que Díez también era responsable del matadero municipal. Carro, como era y ha sido propio en él toda la vida, le advirtió con sorna del riesgo que corría; el león, claro está.

Luis Díez Sainz era, además de concejal delegado de Sanidad y Matadero, profesor del colegio de los PP. Escolapios. A Carro le pareció que su colega  disponía de poco tiempo para ocuparse del condumio del león. El trabajo era sagrado; si faltaba a su cita con los alumnos, los curas eran capaces de mandarlo a paseo sin que les importara un pimiento el león y ni el movimiento nacional.  Lo cierto es que el animal, además de viejo y fatigado empezó a enflaquecer y a mostrar la forma de sus costillas resaltando bajo el pellejo.  Nadie, de nuestros conocidos, sabe lo que pasó con el león. Aunque todas las fuentes coinciden en que, a los pocos meses, el animal desapareció del Polideportivo de San Isidro; jubilado o muerto.

En enero de 1975 se empezó a publicar el boletín municipal. La profunda vocación de Carro por la pluma y el periodismo, y que ya había colaborado en “Getafe Gráfico”, fue decisiva para  la edición de la revista municipal. En la revista municipal, el Club Atlético Getafe, encontró un espacio suficiente, para difundir los magníficos resultados de los atletas. Tanto era, que el boletín municipal incluyó una sección de "Actividad Atlética", preponderante con respecto a otras informaciones, incluso a la magnífica trayectoria en tercera división del Club Getafe Deportivo. La misma publicación municipal aseguraba que en enero de 1975, "se  había pavimentado el paseo lateral de la calle Teniente Coronel Tella [Helí Rolando de Tella] desde la ermita de San Isidro hasta el Polideportivo y el instituto de segunda enseñanza".

Además de la intensa actividad atlética, el Polideportivo San Isidro ha sido testigo de numerosos actos culturales. Entre ellos destacan, en las fiestas patronales de junio de 1977, la representación al aire libre de “La Villana de Getafe”, de Lope de Vega, con la actriz María Mahor [María Concepción Martínez Horcajada], y adaptación de Juan Antonio Castro.

Durante los siguientes años, entrados ya en los ochenta, albergó grandes actuaciones musicales dentro del  programa de  las fiestas patronales. Era im-presionante contemplar la afluencia de público al concierto de Joan Manuel Serrat con una primera fila de asientos destinados a los ediles y a sus mujeres y a lo más “selecto” del  nuevo “establishment” social-comunista. O la fulgurante visita del cantautor cubano Pablo Milanés que llegó de Canarias media hora antes del concierto; en un cuarto de hora se metió una botella de wisky escocés entre pecho y espalda [inexplicablemente no tomaba ron cubano], se subió al escenario, ya se imaginan cómo,  y cantó tres piezas en apenas 10 minutos; el representante de la nueva trova cubana, harto de trincheras y guitarras, de cantos de amor y wisky, apretaba demasiado la agenda y la garganta. ¡Estaba cansado y tenía destrozada la voz! La bronca fue monumental.  ¡El muy farsante! Hasta la embajada del país caribeño tuvo que intervenir ante el alcalde para que autorizase el cobro [inmerecido] del revolucionario caché del autor de “Yolanda” en aquel momento  [seiscientas mil pesetas]; eso, ante la inútil negativa del técnico cultural que estaba al frente de la organización de las fiestas locales.



Vuelve a ser noticia

El 23 de febrero de 2011, hace poco más de dos años, el entonces alcalde de Getafe, Pedro Castro, anunció que el ayuntamiento demolería el Polideportivo San Isidro y que en su lugar habría un centro cívico, una piscina cubierta, pistas de tenis, balonmano, mini-cines y un centro comercial para comprar. “Para recuperar las costumbres del barrio e ir al cine andando. Por ese motivo no se había acometido una reforma en profundidad de unas instalaciones” muy deterioradas, aunque su arreglo y remodelación ya figuraba en el programa electoral del PSOE de 2007. La idea del Centro Comercial, en plena crisis económica, suscitó las dudas de la oposición y de muchos vecinos que pensaron en una pura excusa para la privatización y la especulación urbanística de unos terrenos muy apetecibles. El 17 de marzo, a dos meses vista  de  las elecciones municipales de 2011, el ayuntamiento iniciaba los trámites para la transformación de las instalaciones deportivas de San Isidro.

El viejo polideportivo se convertía, como otros asuntos, en última trinchera de la incierta disputa electoral. El novísimo candidato del PP a la alcaldía de Getafe, Juan Soler, visitó las “ruinosas” instalaciones para hacerse la foto, arropado por los deportistas Blanca Fernández Ochoa y Colomán Trabado, La comitiva  aseguró que las instalaciones eran un problema para aquellos que practicaban deporte allí; y que el proyecto que había lanzado el PSOE tenía un cierto tufo a especulación urbanística. Las elecciones pasaron y la falta de mayoría absoluta de la coalición del PSOE e IU, facilitó la proclamación de un nuevo alcalde de Getafe, tras más de treinta años de “reinado” ininterrumpido de Pedro Castro.

Ahora, ya en el año 2013, el nuevo alcalde popular Juan Soler-Espiauba ha tomado la decisión de derribar definitivamente las viejas instalaciones para erigir un nuevo centro deportivo, con un diseño moderno,  superada por causas evidentes la idea de los cines y de la superficie comercial sin más. El nuevo proyecto contempla una sala de fitness y cardiovascular, salas de actividades múltiples, piscina cubierta, zona de relajación con spa, pistas de pádel, un campo de fútbol 11 y la rehabilitación del frontón para usos múltiples.  El nuevo proyecto se presenta como un complejo al estilo “wellnes”, un modelo  que prolonga el concepto de salud física a todos los aspectos del bienestar de la persona: físicos, psíquicos y emocionales. El nuevo complejo acuático deportivo de San Isidro podría contar con otras instalaciones complementarias como cafetería, restaurante, ludoteca, guardería o una pequeña zona comercial vinculada a uso deportivo. Además se han previsto 200 plazas de garaje.

Para hacer realidad el proyecto, la Junta de Gobierno local ha aprobado un gasto de 8,6 millones de euros que cubren las obras de demolición, construcción, rehabilitación, proyectos, dirección facultativa, seguridad y salud durante la ejecución de las obras, la inversión inicial en equipos y la renovación de instalaciones. El plazo de ejecución está fijado en 16 meses y la adjudicación se realiza por concesión de obra pública, un sistema que tampoco es novedoso. El anterior equipo de gobierno lo ha utilizado frecuentemente, aunque en algunos casos como en el de los aparcamientos se ha cuestionado incluso judicialmente.

El PSOE se opone ahora a este modelo y ha recogido firmas para que se “restaure” y se vuelva a abrir. Es lo que tiene la política. Que apenas importa la historia. El PSOE de Getafe presentó alegaciones al anteproyecto y estudio de viabilidad, que calificaron como un nuevo intento de privatizar el polideportivo San Isidro, y registraron en el Ayuntamiento cerca de 3.000 firmas de vecinos solicitando la reapertura de las instalaciones con el mismo sistema de gestión que tenían antes de su cierre y la rehabilitación integral de las mismas con cargo al presupuesto municipal. Donde dije digo, digo Diego.

Algunas alegaciones presentadas por el Partido Socialista, la mayoría sin importancia en el fondo del asunto o errores del “corto y pego” como que “a 300 metros hay una estación de cercanías” [en realidad metrosur], han sido aceptadas. Las restantes, las que pretendían modificar el proyecto del nuevo gobierno local, incluso lo que ellos mismo habían propuesto en 2011, han sido desestimadas por el gobierno local basándose en las razones que aporta el informe del actual Director Técnico de Deportes y exconcejal socialista de Deportes y Urbanismo, Santos Vázquez Rabaz. ¡Qué contradicción de lo contradictorio! ¿Alguien entiende las incongruencias de la oposición?  Si lo  hago yo, está bien; si lo hace el otro, está mal. Sea lo que sea. Es una lástima que el trabajo de oposición del PSOE se base en criterios tan endebles y oportunistas. El barrio de San Isidro, uno de los más marginados por el gobierno del PSOE e IU, necesita también un equipamiento de estas características. Y no una vieja instalación que, por otra parte, también estaba, como todas en el municipio, privatizada.

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FUENTE VERBAL
—Sebastián Carro Sánchez, concejal del Ayuntamiento de Getafe entre 1974 y 1987.

HEMEROTECA
—Boletín Municipal. Ayuntamiento de Getafe. Número 1. Enero de 1975.
—Diario ABC  y Diario Ya. Varios número de 1975.

FOTOGRAFÍAS
—La foto del principio recoge una carrera de Pedro García en el polideportivo San Isidro en 1977. La otra plasma el esfuerzo de la atleta Juana Pablos Acosta, animada por el Chicho [Narciso Herranz  del Pozo] Ambas reproducidas por cortesía de Blas García Marín.
—La foto del león está “cogida” de internet aunque es posible que  pertenezca al libro “Imágenes del Madrid Antiguo”.  Ediciones La Librería.
—Foto del que fuera alcalde de Getafe,  Ángel Arroyo Soberón en su toma de posesión como diputado provincial. Hemeroteca de la Comunidad de Madrid.
—Fotografía actual de las pistas del polideportivo San Isidro.





8 de abril de 2013

De los escraches a la foto del enemigo público de Getafe



El otro día, por la tarde, regresé a casa en Metrosur. Había pasado la hora punta y eran pocos los viajeros, cansados, tristes y absortos, que volvían del trabajo o de buscarlo, de estudiar, o de cualquiera sabe qué ocupación y sitio. Inevitablemente, durante el trayecto, sin apenas ruido ni bullicio, escuché la conversación de dos muchachos detrás de mí,  un chico y una chica; tenían  un aspecto físico totalmente normal, vestidos sin llamar la atención, sin estridencias. El varón hablaba con una contundencia y una rabia que no se dejaba traslucir en el rostro ni el  tono de la voz, como investido tranquilamente de la razón suprema,  mientras muestra con toda crudeza el alma negra, siniestra, quizás chamuscada por una vida tan difícil como la que  ha tenido  desde que nació allá por los años noventa  del siglo pasado en el Hospital de Getafe. Total, dieciocho o veinte años espantosos, de una existencia penosa, trabajando de sol a sol desde que era  niño quizá, viviendo en un chalé de mierda, perdón de VPO en el Sector 3, sin zonas verdes ni polideportivos, sin transporte público, estudiando en algún colegio cutre, quizá en la Senda o el José Hierro,  yendo a la Universidad Carlos III para nada, sin futuro, ni expectativas; digo yo, irónicamente.

—Bueno, eso del Gandhi está bien colega, pero cuando hay que cambiar el sistema político la paz, el diálogo y la cordialidad no valen para nada. No nos deja muchas salidas. Si vas y haces una huelga de hambre para protestar contra algo, los que controlan llaman a los periódicos y les dicen: eso no lo saquéis. Y allí se pudre el desgraciado, su protesta y su no violencia. Hay que dar caña. No llegar a matar a gente, pero, sí dar duro, ser agresivos, implacables. A mí  me peta lo de los escraches, perseguir a los políticos, ponerles las orejas calientes en la puerta de sus casas; hasta me dan ganas de escupirles, de mearme en sus puertas. A ver si nos hacen caso al pueblo. Con la no violencia no se va ningún lado, no  tiene repercusión en los medios de comunicación. Hay que montar jaleo. Bulla a tope.

—Sí, pero ¿no hay una línea que separa tus derechos a  opinar distinto, a   manifestarte y a reivindicar y los derechos de los otros? Mira lo de Barcelona…

—Yo no estoy de acuerdo con eso. Quemar el starbucs con clientes y trabajadores dentro no está bien. Eso no es guay. Pero, una vez que se haya ido todo el mundo, cuando esté vacío, hay que quemarlo, claro… Habría que quemarlos todos.

—Pero es una empresa con más de 10.000 tiendas en y que da trabajo a más 140.000 empleados en todo el mundo; imagina las calles de las ciudades sin negocios, sin luces. Hay aspectos del capitalismo que hay que corregir, pero la destrucción y el vandalismo, los daños a las personas…

—Yo es que le tengo una manía al starbucs ese… Si se atenta contra algunos negocios o empresas es porque no son sitios de interés público. Además, su dueño es amigo de Bush y apoyó la guerra de Irak. No solo había que quemar todos los starbucs del mundo sino también la casa del tipo ese… Y, así, al igual que a ese, habría que pegarle fuego a los bancos, a las casas de algunos políticos, a la mayoría de los periódicos y a otras empresas vendidas al capital…

—Pero el dueño de starbucs se ha significado por algunas posturas progresistas como apoyar el matrimonio homosexual y creer en la libertad de elección de los ciudadanos.

—Eso forma parte de su estrategia capitalista.

—¿Aunque pierda clientes santurrones y le boicoteen asociaciones católicas o alcaldes carcas?

La conversación es real, no se trata de un diálogo ficticio inventado para introducir el artículo. Es un destello no del todo fiel, una transcripción memorística de una conversación en un vagón del Metrosur. Triste. Desolador. Pero habiendo sucedido, y quedando los interlocutores difuminados por el anonimato de las gentes que pasan fugazmente a nuestra lado y de las que raramente conocemos sus opiniones íntimas, extremas o cautas, hemos decidido la conveniencia de su relato como exordio al tema que pretendo abordar. Imaginará ese muchacho, o debería, a los que no piensa como él, a sus contrarios, quizás también jóvenes mohínos y enfurruñados, de su misma generación, pero en otro bando ideológico opuesto, dispuestos a la contra, a golpear a sus “enemigos”, a pintarrajear las casas de los políticos o sindicalistas de distinto signo, a hostigar sus lugares de reunión, a sus amigos, incluso prendiendo fuego a la casa de sus padres donde aún vive sin perspectivas de emancipación. Unos, desordenando mediante la violencia;  y otros, poniendo orden con el mismo instrumento. Qué desbarajuste de país [de humanidad] este, siempre abocado al esperpento y a la lucha cainita. ¡Qué barbaridad!

Empiezo a divagar. Y no es mi pretensión. De la anécdota, además de la violencia contenida, del odio de clase inimaginable por su carita angelical, nos interesa la palabra de moda y lo que significa como herramienta política. Escrachar.

La palabra escrachar, recogida por el diccionario de la Real Academia como forma coloquial  americana (Argentina y Uruguay), significa romper, destruir, aplastar, y también fotografiar a una persona. El escrache, además de la acepción verbal,  es el apelativo  que recibe desde hace años una forma de protesta que se hizo popular en Buenos Aires y otras ciudades de aquella nación americana contra la impunidad de los militares acusados de torturas o genocidio indultados por el gobierno de ese país meridional.

Dicho de otra manera, en términos políticos es un método de “acción directa”, lo que significa renunciar a la representación delegada en partidos políticos, asociaciones o sindicatos; es una muestra [presuntamente] espontánea de la energía autoorganizada de un colectivo y es utilizada sobre todo por grupos minoritarios anti sistema, anarquistas, autogestionarios, movimientos ocupas y plataformas reivindicativas.  La principal táctica de la central sindical anarquista está basada en este principio: “la solución de los conflictos que surjan, ha de ser lograda por los individuos afectados sin intermediarios”. 

A primera vista podría parecer una reacción contra las tropelías y los abusos del poder. Sin embargo, la práctica contradice esa afirmación. Se trata de señalar públicamente a los [presuntos] responsables de la injusticia,  aunque en realidad, solo en un sistema democrático como el que se critica es posible la práctica de ese deporte [el escraching] por ciudadanos normales sin el respaldo del poder. El problema se plantea porque en la práctica son ejercicios de acoso e intimidación personal, incluso frente a los domicilios particulares, haciendo una presión intolerable contra el  objetivo y su entorno.

Los escraches no son una herramienta exclusiva de los movimientos reivindicativos y anti sistema sino que en algunos ocasiones, más de las que parece a primera vista, han sido utilizados por el poder para señalar y asustar al disidente ideológico. El escarnio público, en su versión más castiza, fue utilizado durante la guerra civil española, y los primeros años de la dictadura franquista,  para  “manchar” y “mostrar con una diana” a los simpatizantes de la república. En la Alemania hitleriana, los nazis empezaron por “escrachar” a los judíos para seguir  marcando a gitanos, homosexuales, lesbianas y mendigos; y más tarde, acabar físicamente con la mayoría de ellos.

En la Cuba de los años 80 del siglo pasado, era el régimen comunista el que utilizaba los escraches contra los pocos opositores que se atrevían a dar la cara o contra personas que sin tener una especial intención política mostraban un grado visible de desapego a la revolución castrista. Los escraches caribeños pretendían, como en una singular “marcha del pueblo combatiente”, “acabar” con la “gusanera”, como se denominaba al conjunto de isleños que habían perdido la categoría de ciudadanos de primera, incluso de personas normales, por su condición de disidentes, de apáticos comunistas, de estudiantes tachados de contrarevolucionarios o de sencillos guajiros ansiosos del resultado del bombo de la embajada americana y el correspondiente premio en forma de sello en el pasaporte que les permitiese el exilio,  la emigración o la reunificación familiar en  Miami o cualquier otro destino de la diáspora cubana.

Las violentas manifestaciones delante de las casas de las infelices “lombrices imperialistas”, con los reglamentarios y casi obligatorios lanzamientos de piedras, tomates, huevos y otros objetos, tanto contundentes como humillantes, constituían en sí una primera forma de tortura y señalamiento público, periodo previo a la exclusión social total. Los escraches delante de las casas, como amenaza física palpable, eran el principal, y único, argumento de los comunistas cubanos contra la disidencia ideológica, contra los que llevaban vaqueros, contra los que creían en Dios, contra los que, a hurtadillas, guardaban algún dólar [un año de cárcel por cada dólar] para comprar leche o un bistec en el mercado negro, aunque esos terribles delitos se cometiesen sólo algunos meses antes de que el gran timonel de la mayor de la Antillas legalizase el curso de la moneda americana, al poco de caer el muro de Berlín y que el “traidor” Mijaíl Gorbachov declarase la famosa perestroika, la reconstrucción rusa que acabaría con las dádivas y los donativos interesados de los rusos y, por tanto, de la abundancia y el bienestar social en la isla caribeña.

No podemos evitar un estremecimiento, y el vello erizado de pavor, por la atrocidad y la crueldad de esas protestas, como  ejercicio supremo de autoritarismo, desprovistas de humanidad,  notificación multitudinaria de la sentencia  condenatoria y de correspondiente castigo sin juicio alguno; violencia que hiere a los “marcados”, pero también a las familias y a sus amigos, incluyendo a inocentes. Tanto los regímenes autoritarios como los grupúsculos anti sistema limitan los derechos humanos de los señalados. Se olvidan, deliberadamente, que la libertad del individuo termina donde empieza la del otro, o la de los otros, aunque no compartan la opinión  o estimen criterios diferentes de organización política y social.  Lo mismo que tú, a la fuerza, es sinónimo de dictadura; antónimo de libertad; lo contrario de justicia.

El respeto al disidente, al discrepante, es primordial no solo en la política, —hablamos claro está en democracia—, sino en  todos los aspectos de la vida. Cuando algunos iluminados, creídos de ser portadores de la verdad,  quieren imponer su luz, su pensamiento y su voluntad por la fuerza, o con actos no exentos de una gran violencia psíquica, si no moral, a veces física, y siempre con agresiones verbales, no solo pierden la razón sino que hemos de sospechar que seguramente nunca la tuvieron.

En los últimos días, los escraches se han puesto de actualidad en España como herramienta punzante de protesta de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), uno de los inevitables brotes que se han ido desprendiendo del extenuado  movimiento 15 M, actualmente en proceso de desintegración en grupitos más pequeños, corporativos, categorizados y especializados; y que en algunos casos,  los que están formados por funcionarios, que viven y navegan a costa de la administración pública, se han denominado mareas: blanca, verde, azul, negra,… Y así hasta completar la cajita de pinturas de los colectivos cabreados.

No pretendemos, con este artículo, centrar nuestra opinión en el problema que suscita la nueva moda del escrache. Los afectados por las hipotecas, al igual que otros colectivos perjudicados por la crisis como los jubilados, los parados, los autónomos, los pequeños empresarios, los funcionarios, los que aún tienen trabajo,  sufren la tensión de una situación crítica a la que el gobierno debería prestar especial atención, claro está, aun valorando las dificultades que conlleva la falta de recursos. Creer firmemente que el estado ha evitar la exclusión social de familias con problemas económicos, y obviando las cláusulas abusivas, no es óbice para subrayar que los afectados por la hipoteca, son un colectivo que ha dejado de pagar algo que deben, que firmaron voluntariamente, sin coacciones. Al contrario que miles de familias que cumplen con los compromisos económicos contraídos, aun con dificultades. Sin embargo, en caso de la vivienda, como en otras infraestructuras y sectores, España lleva  una ventaja muy importante con respecto a otros países del sur de Europa. No sería difícil dar soluciones al derecho constitucional a una vivienda digna a las familias con riesgo de exclusión social. A los que le “echan morro” o que fueron más listos que nadie, que se vayan de alquiler. Y que paguen; de lo contrario, estará perjudicado a otro, sea un particular o el estado, es decir la suma y resta de todos los contribuyentes.

La ingente cantidad de viviendas disponibles o vacías, la mayoría en manos de entidades nacionalizadas, saneadas con dinero público, o semipúblicas, como el llamado banco malo, un invento contable para sanear los bancos a costa del dinero  público, podrían conformar un gran parque de viviendas en alquiler destinado a los que pierden la vivienda por circunstancias sobrevenidas. Al menos durante los próximos diez años. Luego, ya se verá.  Nadie niega, y menos tras el dictamen de la justicia europea, que algunas de las condiciones de las hipotecas españolas son abusivas; pero no digamos que la culpa es solo de  las entidades financiera que concedían mucho más del 80  por ciento del valor de tasación, algo que en el futuro, no volverá a suceder, impidiendo a otros jóvenes cumplidores y ahorradores el acceso a la compra. Y veremos, en pocos años, cuántos echarán de menos, y serán muchos, esas condiciones ahora en entredicho; y la mayoría no podrá llegar, ni querrán siquiera oír, las que proponen y estipulan en la Europa más rica.  Tiempo al tiempo. La dación en pago solo puede suponer un endurecimiento de las condiciones para acceder a los créditos hipotecarios. Habrá que aportar, seguramente, más del cincuenta por ciento del valor de tasación de la vivienda. Y eso, significa en la práctica que ya se cobran por adelantado los intereses de mora, los abogados, procuradores  y el resto de gastos que se originan con el impago de un préstamo.
Miles de españoles, a pesar de las cláusulas y condiciones leoninas de los bancos, suspiraban por suscribirla, e incluso al ser advertidos de algunas discordancias o chirridos preferían recriminar al que daba el consejo y firmar agradecidos al banco; aunque las cuotas de la hipoteca parecieran cuesta arriba, sin ahorros, y sin capacidad de hacerlo, que es peor.

Se han escriturado miles de viviendas con esas hipotecas abusivas al calor del negocio de los bancos,  la codicia de los vendedores, —que no  eran extraterrestres ni solo promotores sin hígado.  También eran miles los particulares, como los padres del chico del principio, los de su amiga,  su tío o cualquiera de nosotros— los que se aprovechaban de la ignorancia de los “pobres” compradores y, por qué no decirlo también, no exentos en general de una buena dosis de codicia; la irrenunciable ambición del propietario español. Miles de hipotecas con préstamos superiores  al cien por cien del precio de tasación, lo que resultaba —a fin de cuentas— mejor que un alquiler, quién lo dudaba en aquellos felices años 2004, 05, 06, 07...  El IVA o Transmisiones, la plusvalía y todavía quedaba para los muebles y, casi, para el coche. ¡Ignorantes y lelos eran aquellos otros miles, y sus parejas, empeñados en ahorrar mes a mes, año tras año, para adquirir una vivienda!  Su vivienda. Luego, ya lo conocen todos, zas; y se acabó. Explotó la burbuja en la que estaba metida toda la sociedad.

 Sin embargo, ahora se está [o se estaba] en disposición de dar soluciones al derecho constitucional a la vivienda. Y así lo ha indicado la propia Defensora del Pueblo, al sugerir que se utilicen las viviendas protegidas vacías para tal fin. Bien. Ahora hace falta que el gobierno deje de mirarse el ombligo para no ver el latrocinio de sus extesoreros o quiera remediar ventilando las miserias de los otros, y se ponga a solucionar los problemas más acuciantes de los españoles. El trabajo. O, por lo menos, intentarlo.




Los escraches en Getafe

La situación de desgobierno y caos social que impera en la mayor parte del país, no tiene en Getafe la virulencia que en otros lugares de la geografía española; debido, quizás, a que la mayoría de las hipotecas firmadas en los últimos años estaban destinadas a la adquisición de viviendas en desarrollos urbanísticos de vivienda protegida como Arroyo Culebro o El Bercial; y que el resto, las de las Margaritas y la Alhóndiga, se  han quedado vacías, tras la desbandada de los inmigrantes que las compraron alegremente a los que se mudaban a los nuevos barrios. No ha habido tiempo ni para entregar las llaves.  Hay que considerar que el Ayuntamiento de Getafe ha sido el primer ayuntamiento de la Comunidad de Madrid en crear  una Comisión Antidesahucios.

Según las estadísticas hechas públicas, esa comisión municipal  ha atendido unos cien casos;  se han parado 6 desahucios y veinte familias han recibido ayudas directas desde los Servicios Sociales. Por su parte la PAH de Getafe ha presentado en los juzgados unas 50  solicitudes de nulidad de desahucios. En total se podría cifrar en unos 150 casos aproximadamente. Una cifra exigua si se compara con el total de las trasmisiones de viviendas realizadas en los últimos años. Desde el año 2005 se han  escriturado entre 15.000 y 20.000 viviendas entre las de segunda mano y las construidas en el centro urbano y en los desarrollos de El Bercial, Los Molinos y Buenavista.

Los pocos casos producidos han dejado entrever un magro y descarnado movimiento de afectados por las hipotecas; un conflicto provocado por unos pocos “activistas antidesahucios” forjados al calor del Movimiento 15 M de Getafe, preocupados por la pureza anarquista de sus asambleas, atenazados por su odio al empresari@,  orgullosos de su  desinterés por el trabajo, contra la propensión al esfuerzo, al ahorro,  y demás vicios de la sociedad de consumo capitalista.  Y si ha habido noticias sobre el colectivo ha sido, no por su labor social o por su función solidaria, sino por sus peculiares escraches.  Y no quita, lo que opinamos, para pensar que existan integrantes con verdaderos sentimientos de humanidad y solidaridad, sin intereses políticos ocultos.

Pero, como decíamos antes, algunas “acciones directas” adoptadas por esos grupitos de personas, activas  en la “propaganda” como un pequeño enjambre  intentando hilar una gran tela de araña digital que magnifique un problema con apenas incidencia en Getafe. En las últimas semanas se ha asistido en el pueblo al señalamiento, casi lapidamiento, de dos de las concejalas del Partido Popular, Teresa Rodríguez y Mirene Presas, mediante la exhibición de pancartas con los rostros de las  ediles “escrachadas” rodeadas por el lema “enemigo público”. El asunto llegó al Pleno de la Corporación. Los grupos del PP, UPyD  y el concejal no adscrito aprobaron una moción que condenaba esa exhibición.

La sorpresa es enorme por el voto en contra del PSOE y de IU. No somos nosotros los que estamos estupefactos o atónitos. Son estas dos formaciones políticas las que deambulan por la vida pública de Getafe sin apenas criterios lógicos ni ideológicos para hacer contrarrestar la acción de gobierno. Tantos años en el poder que no saben hacer oposición. Sobrepasados por el trabajo y la actitud de UPyD, andan a tumbos como los borrachos, sin criterio, inconscientes, concentrado en sus peleas internas sin tiempo para los problemas actuales de Getafe.

 No podemos evitar dar marcha atrás en la historia reciente de este municipio cuando la acción política, social y las protestas contra las decisiones del gobierno municipal eran frecuentemente censuradas, disueltas, multadas, silenciadas ¡Qué poca memoria tienen estos dos grupos políticos y sus ediles! Apenas han pasado dos años y ya no se acuerdan de  nada.

Getafe ha sido desde siempre un semillero de la protesta. Y la vivienda, además de los asuntos políticos o sindicales, ha sido uno de los asuntos que  más controversia y disputa ha generado en el municipio. Y sobre todos ellos, el asunto PSG que llevó por el camino de la amargura al gobierno municipal PSOE-IU, al exalcalde Pedro Castro, al malogrado [políticamente] exconcejal de urbanismo, el socialista Santos Vázquez, y al fallecido portavoz de IU, Ignacio Sánchez Coy; el ayuntamiento  hacía aguas. Los cientos  de cooperativistas [unos 1.800], sus parejas, sus padres, tíos y hermanos recorrían las calles alentados por el  gestor de la empresa PSG y los consejos rectores de las cooperativas. Amparados en la presunción se estar en posesión de la verdad en contra de los políticos que según ellos les habían expropiado e impedido ejecutar las viviendas que añoraban. Todos ellos se habían erigido en protagonistas de una cierta lucha moral, en una epopeya inmobiliaria contra los gobernantes de aquel entonces con pocas probabilidades de un buen final.

Finalmente las protestas de “las hordas” de la PSG se dirigieron, como pioneros en España de los escraches, a los domicilios del alcalde Pedro Castro y del propio portavoz  de IU y exconcejal delegado de Vivienda, Sánchez Coy. Las manifestaciones llegaron ruidosamente frente a la tienda de la hija del portavoz de IU, reventó plenos, mítines, reuniones del alcalde y un largo etcétera…  Resultó una época convulsa en la que las propias quejas de los miembros del gobierno municipal del PSOE y de IU hacia estos actos eran la prueba evidente de su corrupción, según los manifestantes claro.

David Moreno fue advertido, no solo por nosotros, de la inconveniencia, la contraindicación, la incongruencia y la falta respeto de  tales manifestaciones en los domicilios particulares. Hizo caso omiso a los consejos; en este y otros temas.  Con el tiempo, y como ya se sabe, de aquellos polvos, estos barros; resultando imposible convertir en realidad los sueños de los mil ochocientos cooperativistas y sus aproximadamente 1.800 parejas, aun creyendo en la posibilidad de torcer la voluntad popular del ayuntamiento pleno, y del resto de cooperativas y promotores que asumieron que los dos sectores en litigio, Los Molinos y Buenavista , se desarrollarían por expropiación y se gestionarían por un Consorcio Urbanístico de titularidad pública, se volvieron contra el inductor de los escraches a los concejales del gobierno municipal de Getafe. David Moreno se quejó de que se manifestaron en su domicilio en la calle Horno, delante de su mujer y de sus hijos; se mudó de Getafe a El Escorial. Y hasta allí, en la sierra madrileña, se trasladaron las protestas y los cooperativistas con sus pitos y sus cencerros y que otrora escracharan a Pedro Castro y a Sánchez Coy. El que a hierro mata, a hierro muere. ¿No?

El nuevo movimiento escrachístico getafense ha optado, desde su ínfima magnitud, por señalar a las dos ediles del Ayuntamiento  citadas. Desde una  especie de “frentepopulismo” organizado gracias del río revuelto, algunos colectivos han intentado jutificar la acción amparándose en una  reivindicación antirrepresiva, y  considerando las imágenes como consignas ideológicas en sí mismas, descartando tranquilamente su perfil violento.
 
¿Qué significa, en cualquier lugar del mundo, la calificación de “enemigo público” junto a la foto del personaje? No hace falta extenderse demasiado para percibir que esa marca es la que confiere la posibilidad de perseguir vivo, y a veces muerto, al narcotraficante o al delincuente que ha destacado por la gravedad de sus robos, violaciones o asesinatos.  ¿Qué personas están de acuerdo en que concejales democráticamente elegidos resulten “encasillados” en esa nueva categoría?.

Solo falta la pancarta del “enemigo público número uno” con la foto de quien parece único candidato, refrendada y amparada por el aplauso mediático  del movimiento de agitación y propaganda de los socialistas getafenses.  Al periódico Getafe Capital que ha decidido destacar informativamente el movimiento antidesahucios y los escraches fotográficos de las ediles, se han sumado las llamadas redes sociales desplegadas por el  escaso ejército de Pedro Castro con artículos y comentarios anónimos en algunos medios digitales; el movimiento también está potenciado la asociación de vecinos filosocialista de El Bercial [ANuBER] y por la revista [elbercial.com] que edita con la entidad [¿empresa o partido político?] Civis, Eventos y Comunicación (Plataforma Ciudadanos de Villaverde), con el correspondiente  facebook y twiter de la revista, de la asociación y de su presidente… ¡Cuánta artillería para tan poco ejército! Es curiosa la imagen que incluimos al final de la revista vecinal.  A la par destacan en la portada las acciones de la PAH y anuncian abogados que por 750 euros llevan procesos de desahucio. Son las contradicciones entre la ideología anarcosocialista y el deseo por vivir del capital y la publicidad.

Sin embargo, el corazón de las protestas y la plataforma antidesahucios de Getafe nos lleva hasta el movimiento 15M de Getafe, a colectivos anarcos como el “CBA El Colegio”, “Abriendo Puertas” (CGT), “Aranea” o el grupo “Antinazis de Getafe”, y poco más. Para arropar tan escasa representación se lucha con denuedo en internet: cuentas de twitter anónimas bajo nombres como “prensa Getafe”, el blog “Getafe vecinal, periódico Asambleario y Autogestionado”con cuenta en twitter  y facebook  (cuyo logotipo es la cara de Teresa Rodríguez, una de las ediles del PP, bajo el lema de “enemigo público”.

Lo de los grupos anarcos con su estrategia revolucionaria de fin del mundo organizado es lógico. Lo que no es comprensible es la actitud del PSOE y de IU; más del PSOE. Al desconcierto y la inexperiencia en la oposición se suma la falta de liderazgo de la secretaria general, las maniobras del exalcalde por seguir en la palestra de los socialistas getafenses a costa, incluso, de destrozar a su minúsculo ejército de fieles lanceros apoyando iniciativas y grupos ideológicos que nada tienen que ver con la socialdemocracia y que a él mismo le han catalogado de represor y fascista.

Qué pronto se han olvidado los ediles del PSOE e IU de cuando eran víctimas de los escraches; o mejor, qué fácilmente se olvida la historia si ello vale para aprovecharse del momento político. El “frentepopulismo” contra  las “derechas”, y viceversa, es un riesgo permanente en España. No se nos ocurre, si  la hay,  forma de acabar con ese rencor inmemorial, incluso si es necesario aliarse con grupos de ideologías antipáticas como puedan ser el anarquismo y el comunismo [por decir algo], aunque sería mejor incluirles juntos bajo el epígrafe de socialdemócratas todos, aunque adscritos a distintas  “internacionales obreras”. ¿Quién es comunista aun hoy?¿Comunistas con el refrigerador lleno, como dicen el Cuba?

Lo extraño, es que la memoria de algunos sea tan exigua, tan escasa, y tan corta. Hace poco que ocurrían aquellos sucesos que tensionaron la vida pública getafense como nunca antes había pasado, incluso desde los peores e incipientes días de la última etapa  democrática que vive nuestro país. Ha faltado [nosotros la hemos echado de menos] la voz clara de Pedro Castro, de Sara Hernández, de José Manuel Vázquez, ya que la de Sánchez Coy no podrá oírse, en contra de este tipo de prácticas profundamente vergonzosas, antidemocráticas. ¿O están de acuerdo en escrachar a ediles de la misma corporación, aunque otro día les toque a ellos?

En realidad, todos estos sucesos no pasan de ser una versión getafense y canalla de la agitación y propaganda de siempre. Un vodevil marginal. Una acción directa obscena, falsamente antirrepresiva, intolerante, difícilmente creíble, y como dice el alcalde, ligada a las prácticas de la kale borroka en Euskadi. La diferencia es que allí, en el País Vasco, el señalamiento era la  advertencia de la lucha callejera previa al tiro en la nuca. Aquí, de momento, mientras que al muchacho del principio no le dé la neura anti-no-sé-qué y queme la casa de alguien, vamos bien… Pero cuidado.


19 de marzo de 2013

El misterio del rincón del Geta


Alguien, no sabemos quién a pesar de las pesquisas, tuvo una gran idea. La tapia del caserón que interrumpe la alineación del principio de la calle Leganés y que hace, —hablando en términos futbolísticos— un bonito córner con la fachada del Bar Órdado desde el que se disfruta del rumor de la pequeña catarata bajo el jardín vertical   estaba pidiendo una valla publicitaria.  Un lugar donde es frecuente ver al presidente del Geta  tomando algún refrigerio o aperitivo.  Si hemos de reconocer  algo de Ángel Torres, además de su sabiduría futbolera, es que mantiene sus amistades de toda la vida; y que tiene de manera asidua, si no diaria, su punto de encuentro en este céntrico bar restaurante. ¡Quién lo ignora! Y ese alguien, ignoto y pequeño genio, pensó que venía al pelo dar nombre al esquinazo. Pintura y hecho. Llamativo y fulgurante reclamo publicitario, un poco infantil a pesar del adorno de los avioncitos, de pintor de brocha gorda....

Sin embargo, tras el puente del (no) día del padre [¿A quién se le ocurrió llevar las fiesta a los lunes?] el rótulo ha desaparecido bajo el rodillo de la pintura blanca y brillante. Si nos extrañó la pintura en la pared, igual nos sorprendió su desvanecimiento.

Y ahí es donde llega la parte más misteriosa del caso de la fugaz vida del Rincón del Geta [podría ser una marca para vender como franquicia]. Le hemos preguntado al mismo presidente del Getafe, tan a mano que lo teníamos, casi enfrente del paredón. Y Torres, que no se corta un pelo, nos ha asegurado que el Club había denunciado el "uso indebido" del escudo del equipo.¡Qué país! Y qué pueblo.  No sólo eso; sabiendo Ángel Torres que el juez decano  es, además de hincha del Geta, igualmente cliente del Órdago, si no asiduo sí ocasional,  quedó con él para enseñarle la tropelía de poner su escudo, el del Getafe, en una pared; no por poner el escudo, sino porque es su rincón personal, no el del Club, el de Ángel Torres y sus amigos.

Lo cierto es que otro alguien, vaya con el misterio, se chivó al pintor; la cosa se ponía seria. Ángel había dicho que vendría con el juez. Y si su señoría abre el caso, inicia el sumario  y los interrogatorios, vaya la que se podía liar, no por el graffiti; qué va...

El final no puede ser más tonto; imagínense. Ángel Torres y el juez giran en la calle Madrid, dejando el magnífico jardín vertical a su izquierda, y observan con estupor, algo consternados por la ausencia de caso, que el escudo y el posible uso indebido se habían esfumado. Nosotros, por si acaso, sí le hicimos una foto a efímero graffiti. Bueno. Tampoco pasa nada. No hay rincón del Getafe, pero ya que están allí, el presi y su señoría, se empinan un vinillo y unos boquerones fritos a la andaluza, ese maravilloso pescadito azul;  o azulón.  ¡Habrá que nombrar al boquerón la tapa oficial del Geta! ¿Se conculcará algún derecho del club getafense o, tal vez, solo se enfadarán en Málaga?




17 de marzo de 2013

Monumento al pobrecillo de Asís en Getafe

Tras el nombramiento del nuevo papa de la iglesia católica, Francisco I  (de Argentina), de su amor por los menesterosos y la advocación de su "reinado" en la tierra al pobrecillo de Asís, rescatamos de la hemeroteca esta noticia publicada por el periódico conservador La Epoca. España estaba gobernada  por el Directorio Civil al frente del cual se encontraba el dictador  Miguel Primo de Rivera. El ejemplar "pasó la censura", como era norma, aunque la noticia quedó finalmente en nada.

"En el palacio episcopal se celebró ayer tarde, bajo la presidencia del prelado doctor Leopoldo Eijo, la segunda reunión de la Junta Nacional del VII Centenario de la muerte del Pobrecillo de Asís, San Francisco. Asistieron S. A. la Duquesa de Talavera *, la Princesa de Hohenlohe, otras damas aristocráticas y los ministros de las Ordenes Terceras.

Se trataron, con gran interés, ¡temas tan importantes como la celebración del tercer Congreso Terciario iberoamericano, en mayo próximo; la formación de dos grandes peregrinaciones nacionales a Roma y a los santuarios franciscanos de Italia; la realización, en esta corte, de una exposición franciscana, bajo la dirección de la reputada entidad Amigos del Arte, y algunos otros puntos de no tanto relieve.

Con especial entusiasmo se acordó la erección de un monumento nacional a San Francisco en el Cerro de los Angeles. Consistirá en un monumental y artístico Vía Crucis, rematado por un facsímil de la pequeña iglesia Porciúncula. Este monumento será costeado por los hijos y devotos de San Francisco."

LA ÉPOCA. Viernes, 28 de enero de 1927


El monumento evidentemente no llegó a convertirse en realidad. La penuria económica, las fluctuaciones de la libra y la peseta, y la crisis del 29 acabarían por recluir la idea en amarillentas  hemerotecas. El antiguo monumento, construido frente a la ermita de la Virgen de los Ángeles, fue consagrado al Corazón de Jesús en 1919 por Alfonso XIII.  El grupo escultórico "Humanidad santificada",  en la ilustración superior, es obra de Aniceto Marinas y ahí aparece el "santo de los pobres" con su característica capucha. Aquel monumento fue destruido durante la guerra civil. En la réplica construida durante el franquismo,  también aparece "el poverello de Asís",  en un grupo escultórico similar que su autor, Fernando Cruz Solís,  renombró como "La iglesia triunfante".

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* El Ducado de Talavera de la Reina es un título nobiliario concedido por el Rey Alfonso XIII, el Africano, a  Doña María Luisa de Silva con motivo de su boda con el infante Fernando María de Babiera y Borbón, viudo de la hermana del Rey, María Teresa de Borbón y Habsburgo. De ahí que siendo solo duquesa utilice el protocolario S.A. (Su Alteza)

17 de febrero de 2013

Juan Soler–Espiauba y Soler–Espiauba, 5: Ecos de ultratumba


Fotografia  publicada en el libro «Flores de Heroísmo», del jesuita  Francisco García Alonso

[...] ANTERIOR

Los once y el cura pasan la noche rezando y hablando. Los militares están preocupados, como niños sentados en semicírculo alrededor del religioso y del comandante Fernando Bastarreche. La comunión de todos provoca paz. Incluso, Juan Soler–Espiauba le pregunta al confesor:

—Padre, ¿no será pecado tanta paz.
—No hijo, —le responde el cura—, la paz es tranquilidad que viene del orden y el orden coloca las cosas en su lugar. Cuando habéis cumplido con Dios y con la Patria, dándoles lo que ambos os pedían, es natural que sintáis la paz del que ha colocado las cosas en su sitio: Dios primero, Patria, después. Y todo lo demás, vida, esposa, hijos, ilusiones, carrera, subordinado y girando en torno a esos dos valores.

Los oficiales más jóvenes aprovechan para escribir los últimos mensajes a las mujeres de sus vidas, sus madres y esposas. Un oficial de prisiones que se acercó con dos jarras, una de agua turbia y otra de coñac, al ver que algunos escribían cartas recordó que no podían dárselas al cura, sino que tenían que entregarlas al Juez.

El cura intenta consolarlos. Valga la comparación, en esos momentos terribles, en los que los marinos se acuerdan de sus familias:

—Jesús también murió condenado por jueces cobardes, insultado y traicionado; también sabe lo que es dejar una madre y morir en la flor de la vida.
—Sí Padre, —le responde uno de los marinos—, nosotros morimos pero España se salva.

El cura les dio varias absoluciones, una comunión espiritual y la bendición papal. Tres veces hincaron las rodillas y rezaron el Yo pecador. Luego cogían las manos del confesor y las besaban; no con un beso, con cuatro o cinco. Vuelven a rezar, incluso a reír. De esta manera, los guardias que los custodiaban tras la puerta del calabozo creen que los condenados han perdido la razón, que tenían trastornado el juicio. Algo de eso tiene que ocurrir según se va acercando el momento de una muerte anunciada.

Para el frío materialista todo acaba con la muerte y aunque ellos, como cristianos, saben que la muerte no es el simple hecho material de hundirse en una fosa a la que echan una última palada de tierra, como el telón de la vida con la que todo se acaba, están bastante preocupados por esa huella en la tierra, por el reconocimiento de sus restos que acabarán sin duda en una fosa común. ¿No es importante, además de la recompensa de la vida eterna, la memoria personal? ¿No es importante que perdure nuestro recuerdo entre nuestros seres queridos? ¿Nuestro fin, ya que no podemos vivir, es saber morir? El cura les responde con la frase de Lacordaire: Si la vida no sirve para perderla por algo grande, no sirve para nada. Es una expresión algo acartonada, muy trágica, pero que en aquellos instantes finales de sus vidas les consuela, quizás por lo inevitable de su situación.

Rafael Cervera
El segundo del Sánchez Barcáiztegui, Rafael Cervera saca del pantalón dos fotos. Son las imágenes de su mujer y de sus dos hijas.

—¿Las rompo? Cuando me fusilen, serán ellos los que me registren y las rompan… Yo las romperé con amor y ellos con odio y saña. Francisco García le dijo que las dejara en el pantalón, quizás valgan para identificarte después, si llegan pronto las tropas nacionales. El marino las miró por penúltima vez con infinita ternura y las volvió a guardar en el bolsillo. El cura reflexionó sobre el amor ausente con una cita de Shakespeare: «El amor corre hacia el amor como los escolares huyen de sus libros; pero el amor se aleja del amor, como los niños se acercan a la escuela, con los ojos entristecidos». Al oír hablar sobre la identificación de los cadáveres, el Teniente de Navío D. Juan Soler–Espiauba asegura que lo suyo es fácil, le falta el dedo anular de la mano izquierda. Otro marino del Churruca, el Alférez de Navío Juan Araoz, dice que le falta el dedo gordo del pie izquierdo.

—Basta de señales, —dijo el religioso–—que no voy a poder recordar.

Sobre las cuatro de la madrugada se abre el cerrojo y aparecen el diputado D. Benito Pavón, con un traje de mono azul y sus dos bandas, negra y roja, de sindicalista al pecho y el auxiliar de telegrafista D. Sebastián Balboa, ascendido en menos de un mes a Capitán de Navío por el gobierno de la República. «¡Brillante carrera!». Sin embargo los militares se levantan del suelo y dan las gracias a Pavón por cuanto había hecho por ellos. El diputado comunista es enjuto de cara, cetrino y de voz ronca. Pregunta a los reos si quieren hacer testamento. Contestan en broma. Un marino no tiene nada. Ni un céntimo. No hay que hacer testamento; solo el Capitán de Navío, D. Rafael Cervera pide que se les conceda cristiana sepultura, ya que mueren como católicos. No parece que tal extremo esté en las manos del diputado comunista, aunque al igual que el marino con el que habla se ha educado con los padres jesuitas.

Uno de los jóvenes oficiales le pregunta al diputado si se ha tramitado la solicitud de indulto. Al fin, no había delitos de sangre y, en el caso del Sánchez Barcáiztegui, ni siquiera colaboración activa con el golpe militar al no haber habido transporte de tropas. No se escapa a la mirada del sindicalista que todavía hay una pequeña rendija por la que se cuela un rayo de esperanza en los condenados.

—Sí, se ha tramitado, pero… —deja en el aire la puerta cerrada a cualquier posibilidad.

El último número de El Socialista que se había publicado aseguraba en sus página que cualquier demanda de clemencia fatalmente tenía que desoírse, pues la guerra no consiente debilidades con los culpables. La contienda que se ventila en España se reduce a la vieja pugna entre el capricho y la ley, según el editorialista del periódico de los socialistas.

Algunos de los oficiales, pensando que el otro estaba mendigando la vida al preguntar por el indulto, le recriminaron diciéndole: –vamos, deja eso; no hay que soñar. El juez que los había juzgado, el auxiliar de radio Sebastián Balboa, los abraza llorando, para sorpresa de los marinos. Los dos visitantes se despidieron de los condenados.

Al final, los marinos reparten sus pertenencias: uno le muestra al cura su pluma, –esto es para V. Padre—, otro un crucifijo —y esto—, otro le da una estampita,—y esto—, otro le alarga un relicario con un trocito de tela—  esto. A cada ofrecimiento el sacerdote niega con la cabeza mientras les va contestando; les asegura que dará eso objetos a sus madres y esposas. Juan Soler–Espiauba le ofrece una manta al jesuita:

—Padre, esta manta me la regaló Carmina, mi mujer, ya comprenderá usted el cariño que le tengo; quiero que sea para usted.
—Vamos,—exclamó en broma el jesuita—, habéis dicho hace un momento que no tenéis que hacer testamento y voy yo a resultar vuestro heredero universal….yo no me llevo esa manta.

Las ejecuciones estaban previstas a las cinco de la mañana. Hasta  las cinco y media no empieza a amanecer en Málaga. Aún siguen las bromas; aumenta el delirio próximo al final. Uno de los marinos asegura que los rojos son unos informales, —mire que ya nos han robado media hora de cielo.

Otro de los oficiales, parece que empiezan a desvariar a la vista del inevitable final, le contesta:
—Nunca es tarde si la dicha es buena.

Fernando Bastarreche
Las ejecuciones empezaron a las seis menos diez minutos de la mañana.  Son fusilados en grupos de tres. Iban delante los comandantes de las dos naves, D. Fernando Bastarreche y D. Fernando Bustillo, y el segundo en el mando del Barcáiztegui, Rafael Cervera. Los dos últimos ayudaban al comandante cojo.

—Vamos, —les animó Rafael Cervera—, por Dios y por la Patria. Es nuestro turno.

Detrás, desfilan por última vez el teniente de navío D. Juan Soler–Espiauba, el Alférez de Navío, D. Manuel Sainz Chan y el resto de oficiales de tres en tres, salvo los dos últimos. Algunas fuentes, dudosas  en su verosimilitud, desfiguran la escena al querer sublimar la actitud de los marinos asegurando que van con sus uniformes, aunque sin galones ni distintivo alguno, y que se negaron a vendar sus ojos. Ambas cosas son refutadas, en honor a la verdad, por el jesuita. Lo que sí parece cierto es que alguno le recuerda a su compañero que les han robado todo menos el honor, incluso los sables; al final se quedaron encerrados en los pañoles de proa de su último destino. El sable de Juan Soler–Espiauba era, además, una joya de familia; lo había heredado, como primogénito de una saga, de sus antepasados marinos.

La escena de la ejecución es narrada por el médico de la prisión, Eduardo M. Martínez, obligado a presenciarla:

Envuelto en una manta por mi estado febril y recostado en el sofá de las oficinas de la cárcel esperaba la hora señalada. Al poco tiempo, invadieron los locales un piquete de unos 24 marineros del Churruca, al mando de un maquinista y de un joven vestido de blanco, con descomunal pistola, Auxiliar de Oficinas de la Armada, ambos con acento gallego. Entramos en conversación con la marinería, sobre todo con dos fogoneros que nos explicaron que el piquete está formado por voluntarios del Churruca. Aquella marinería andaba suelta. Comentaban lo que pasaba con cierta fruición con expresiones terribles como «voy a cazar pájaros» o, indicando el lugar a donde apuntarían; decía uno «voy a tirarle a ventre» y le constestaba el otro «pues yo voy a tirarle a fucicu». 

Una comisión de diez marineros de cada barco fondeado en Málaga, así como de la Guardia Civil, la Guardia de Asalto, los Carabineros, Infantería, y otros cuerpos del Ejército fueron a presenciar la ejecución. Una multitud de milicianos llenaban las oficinas y el patio de la prisión.

Amanecía. La luz lechosa del nuevo día de verano inundaba de sombras grotescas el patio de la prisión. Se formó el piquete de marinería. Dirige el pelotón de fusilamiento un maquinista con un sable.

—Preparen…; —sigue el ruido metálico de los cerrojos de los fusiles y el estruendo de una detonación tremenda. Una vez caidos a tierra, el maquinista los remata con un tiro en la cabeza con su enorme pistolón.

Tras la ejecución del primer grupo de tres, los milicianos siguen con el resto: —¡Venga, otro grupo!—. Y así cuatro veces. Cada grupo veía el fusilamiento de los anteriores entre el clamor y el griterío del público. Tormento espantoso que hacía temblar las piernas de algunos. —No pasa nada, —le dice un oficial a otro de los que esperan—, si te caes ya te matarán en el suelo.

Los once marinos descansan en el cementerio de San Rafael de Málaga. Tras arrojarlos a una fosa común, los taparon con cal para aniquilar los cuerpos y la memoria individual de los sublevados.


***

Tres años más tarde, en 1939, el jesuita publicó el libro «Flores de Heroísmo», basado en su primer opúsculo, «Mis dos meses de prisión». En el prólogo, el Vicealmirante Juan Cervera Valderrama, que había sido Jefe de la Base Naval de Cartagena, antes de ser destituido por el Ministro de Marina, José Giral, en los días previos del alzamiento, dice que el libro tiene «ecos de ultratumba» en una clara alusión al mensaje ideológico y a las cartas que envían lo marinos fusilados a sus familiares, sobre todo madres y esposas. Algunas llegaron a través del jesuita y otras fueron enviadas por el juez del proceso, el telegrafista Sebastián Balboa. El cura reconoce, como es de justicia, este detalle del republicano.

El autor del libro, en su dedicatoria nombra a los familiares de los héroes que ofrendaron sus vidas en Málaga, por Dios y por la Patria. El Rey se había caído del altar.

—Después de dos meses de prisión, logré escapar del infierno rojo malagueño, de la manera peregrina que la Providencia me deparó…—.  El cura escapó de la prisión gracias al Cónsul de México en Málaga, D. Porfirio Smerdou y al pasaporte falsificado que le confeccionaron en Cádiz; le habían convertido, gracias a Dios, en ciudadano de aquél país americano. El día 22 salió de la cárcel, con su pasaporte falso, a instancias representante diplomático. El día 24 mataron a toda la brigada de los curas. El señor Smerdou no pudo llevarlo al consulado porque que estaba lleno de refugiados. Es escondido en Villa Remedios, un chalé del barrio malagueño de El Limonar, propiedad de una familia boliviana. Tras varias peripecias, por fin huye a Gibraltar en el destructor británico Arrow, gracias otra vez al mismo cónsul mexicano.

De los marinos ejecutados, el joven Soler–Espiauba es el más afortunado. De él pudo sacar el sacerdote su carpeta, un reloj de pulsera, su carné militar, otros papeles y dos cartas escritas poco antes de su muerte; una a su madre y otra a su mujer. Dice el cura de él que era un joven simpático, valiente y de una fe tan recia que le dijo un día a un compañero suyo en la prisión: se tienen por buenos aquellos padres que dejan a sus hijos un buen patrimonio. Si con nuestra sangre construimos una España cristiana y grande ¿es pequeño el patrimonio que legamos a los nuestros?

Juan Soler–Espiauba escribe sentado en el suelo sobre el pavimento; con dificultad. El jesuita Francisco García define las cartas de los marinos como pétalos de rico perfume de flores de heroísmo de la Armada Española.

La primera carta de Juan Soler–Espiauba y Soler–Espiauba está dirigida a su esposa, Dña. María del Carmen Mirones y Laguno:

Málaga a 21 de agosto de 1936. 

Mi amadísima Carmina. Ya todo se acaba. En este momento son las dos y media de la mañana y a las 5 me van a ejecutar. 
No quiero entretenerme mucho en esta carta, perdóname, pero poco tiempo tengo y quiero prepararme para el paso a la otra vida. 
No me llores, corazón, pues muero tranquilo y después de haber pasado un mes largo de horrible cautiverio que me servirá de purgatorio. Estoy convencido firmemente de que dentro de tres horas estaré en el cielo y desde allí te esperaré y contemplaré, y pediré a Dios por vosotros hasta que vengáis conmigo.
Dios es buenísimo conmigo, pues me ha dado una fortaleza inmensa para pasar este trago, y muero arrepentido de mis pecados que Dios me ha perdonado. Un confesor me espera, así es que muero confortado por este divino Sacramento.
Mis cosas no sé si te llegarán. En la carpeta que yo tenía te mando lo más esencia, que es mi reloj, para que lo lleves tú, y mi carnet con otros papeles. 
Y ahora, mi última voluntad, Carmina querida: es que seas muy cristina siempre; no hagas jamás un pecado mortal que te prive de unirte conmigo en el cielo. Sé una santa, dedícate a Dios y a tus hijos y hazlos muy religiosos, muy cristianos. Reza el rosario diariamente y, si puedes, comulga diariamente también y pide por mí. Ya te dejo para poner dos letras a mi madre y preparar mi alma. Muchos besos a todos y tú y mis mijos de mi corazón, recibid todo el cariño de vuestro marido y padre que no dejará de contemplaros desde el cielo,
 Juan.

P.S.— Cuando triunfen las derechas, solicita de viudedad mi sueldo íntegro. Dios os ampare a todos.


A su madre, Dña. María Soler–Espiauba y Rovira, le escribe:

Málaga, a 21 de agosto de 1936.

Mi queridísima madre y hermanos: Solamente puedo ponerte dos letras, pues acaban de notificarme que dentro de unas horas me fusilan con la oficialidad y los jefes del Sánchez Barcáiztegui y del Churruca.
No lloréis por mí. No sabéis lo que bueno que es Dios conmigo que no merezco tanta bondad. He pasado un cautiverio de un mes largo horrible, que me sirve de purgatorio, así es que estoy convencido de que voy al cielo derecho. Sed muy buenos para que nos reunamos allí pronto. Estoy encantado. Un sacerdote me espera para confesarme. Un jesuita. Tengo una fortaleza inmensa que me ha dado Dios en este instante. A Carmina también la he escrito. Queredla mucho que es muy buena y me ha querido siempre con locura, como yo no he merecido nunca. Quered mucho a mis hijos, ya que no me a ver más los pobres. Yo desde el cielo os protegeré a todos. Perdóname, mamá, las lágrimas que mi ingratitud te haya hecho derramar, siempre te he querido mucho, aunque no tanto como tú mereces. Muchos besos a todos y a Antonio, a Solita, a Carmen y Pepe y todo y para ti, madre, un abrazo y mil besos de tu hijo que te espera en el cielo.
 Juan.


Últimas noticias del SB

El día 28 de febrero de 1947 naufragó la lancha de pasajeros que enlazaba el Ferrol con Mugardos, conocida popularmente en el municipio coruñés como La General. El suceso ocurrió a las dos y veinte de la tarde, aproximadamente, a la altura del Cabo Leira; el Generalísimo Franco, como habían renombrado las nuevas autoridades a la lancha, se fue a pique tras ser abordada por el Sánchez Bazcáiztegui en el centro de la ría, cuando el destructor había enfilado la proa para salir a mar abierto. Algunos testigos presenciales achacaron el siniestro a la excesiva velocidad de la embarcación militar, pero oficialmente se desconocen las causas de esa catástrofe en la que perdieron la vida trece mujeres de Mugardos, la mayoría de avanzada edad. Estas mujeres volvían a su aldea tras la venta del pescado y el marisco en el mercado del Ferrol. La tripulación de la lancha se componía del patrón, J.J. Fernández «Nito», el maquinista J. M. Rey, y el marinero, Aniceto Sixto. La declaración del patrón J. Nito, fue la siguiente:

O patron declareu que ás 14:20 horas, cando se dirixía a Mugardos, veu vir o destrutor Sánchez Barcáiztegui pola amura de babor, e proseguiu co rumbo que levaba na crenza de que podía cruzalo por proa, pero ao comprender que non pasaba mandou parar e dar atrás; rapidamente o destrutor meteu a estribor pero non puido evitar o abordaxe, ao pouco xa tocara ao Generalísimo a medio metro pola proa da ponte. Ian con le a ponte o mergullador de obras do porto e un tenente de oficinas militares.

El comandante del Sánchez Barcáiztegui era, desde septiembre de 1945, el Capitán de Fragata Luis Hernández Cañizares. Casi toda la prensa de la época, entre ellos el ABC y La Vanguardia que hemos consultado, publicó la noticia de pasada; apenas un párrafo dedicado al luctuoso suceso. Al fin, eran víctimas humildes.

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El 7 de octubre de 1965, La Vanguardia publicaba la noticia sobre el final de otro barco con historia. A los noventa años de la muerte del marino que le daba el nombre al buque, Victoriano Sánchez Barcáiztegui, se publicó en el Boletín Oficial del Estado el anuncio de la venta en subasta como «chatarra» del destructor denominado Sánchez Barcáiztegui. Era, que sepamos, el fin de una maldición; el cierre de una historia ligada, por un nombre, a la tragedia en el mar; siempre puntual a su cita con la muerte.


Un poco de los Soler–Espiauba

Juan Soler–Espiauba y Soler–Espiauba nació en Cartagena el 8 de enero de 1907 en el seno de una familia de militares y marinos. Entre sus antepasados destacan Juan Soler–Espiauba y Gambino (1781–1849), capitán de infantería casado con Dolores de Angosto y Pinto–Carneir, hija de un Teniente de Navío de la Armada, con la que tuvo dos hijos, Juan y Ramón, los dos primeros marinos de la familia, y con el tiempo consuegros; y José Manuel Soler–Espiauba y de Angosto (1821–1882), Capitán de Navío de primera clase y Coronel de Infantería efectivo. Este se casó dos veces; de su primer matrimonio con Dña. María del Patrocinio Ruiz–Jiménez tuvo cuatro hijos, no teniendo continuidad la línea sucesoria de esta rama de la familia en la actualidad. De su segundo matrimonio, tuvo siete hijos, Francisco, Rosa, José, Carmen,  María, Luis y Amparo.

D. Juan Soler–Espiauba y Dña. María Soler–Espiauba, primos hermanos. Tuvieron cinco hijos: Juan (1907–1936), Dolores, Guillermina, Antonio (1909–2001) y Carmen (–1979).
El 7 de marzo de 1931, el ABC publicaba que la viuda de Soler–Espiauba había pedido la mano de la señorita Carmen Mirones Laguno, de distinguida familia santanderina, para su hijo Juan Soler Espiauba. Decía la nota del ABC que la boda se celebraría en breve.

El 6 de mayo de 1931, efectivamente dos meses después, se casó en la iglesia de la Concepción con la bellísima señorita Dña. María del Carmen Mirones y Laguno. Al día siguiente se publicaba la noticia en la sección Ecos de Sociedad del ABC. La ceremonia religiosa fue oficiada por el antiguo capellán del Colegio de Huérfanos de la Armada, D. Jesús Ferreiro, tras la cual se ofreció un «lunch» a la distinguida concurrencia entre la que se encontraba el Almirante D. José Rivera, el intendente general de Marina, D. Pedro Molero entre otros altos mandos de la Armada y del Ejército. Soler–Espiauba era huérfano de padre. Su madre, Dña. María Soler–Espiauba y Rovira, viuda de Soler–Espiauba, fue la madrina del enlace. Su hermana Carmina también se había casado en la misma iglesia de la Concepción, el día 27 de octubre de 1927, con José María Pérez Lozano.

Dña. Carmen Mirones Laguno no murió en Málaga en 1939 como publicamos en el libro «Crónica de un viaje al ayer». Según Carmen M., sobrina de la infortunada mujer  del marino fusilado en Málaga, su tía murió en  Madrid el 31 de mayo de 1939, el mismo día que cumplía 27 años, en un  accidente de tráfico. La aportación de Carmen M. nos la hizo llegar a través de un comentario en esta misma entrada del blog.  La madre del marino fusilado, Dña. María Soler–Espiauba Rovira, falleció en Madrid el 2 de octubre de 1956.

El padre del actual alcalde de Getafe, José Manuel Soler–Espiauba y Mirones se casó con Dña. Aurora Gallo y Ruiz ( –2011), matrimonio del que nacieron Juan, Francisco Javier y María. El primero, Juan Soler–Espiauba y Gallo, como hemos dicho anteriormente, es alcalde de Getafe; Francisco Javier Soler–Espiauba y Gallo es, desde el pasado 7 de julio de 2011, director general de Deportes del Gobierno de Cantabria.
Fotografía del interior de la prisión publicada en el libro «Flores de Heroísmo»