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9 de marzo de 2015

Estado de excepción política



Desde las últimas elecciones europeas, España vive en una especie de estado de excepción y convulsión política permanente. Los síntomas nos dirigen hacia la perspectiva de un nuevo orden, aunque ello no suponga ni por asomo una revolución. A pesar de la irrupción de Podemos o de Ciudadanos no hay indicios de nuevos proyectos cargados ideológicamente. Solo disfraz y maquillaje. Nada nuevo bajo el sol: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». La irrupción de nuevas opciones, entre las que destaca la de Pablo Iglesiasy sus acólitos, no es algo que pueda catalogarse de novedoso en política. El siglo XIX y el XX están llenos de ejemplos parecidos.

La irrupción de esta opción política, a la que hay que sumar la del partido de Albert Rivera, deberíamos catalogarla como ‘gatopardiana’ aunque no se hable de clases sociales sino, quizás, de un necesario relevo generacional en la clase política. Los partidos emergentes gracias al cansancio de la ciudadanía con ‘el más de lo mismo’ que durante décadas han protagonizado el PP, por un lado, y PSOE e IU, por el otro. El llamado ‘régimen del 78′ solo está en peligro en cuanto a los protagonistas. Hay que hacer, cinematográficamente hablando, un ‘remake’. Nadie parece estar en la disposición patriótica de levantarse y gritar. ¡Españoles,… España no existe; reconstruyámosla!. Hace falta una España sin corrupción, sin candidaturas de unidad popular como aglutinantes del frente, de la lucha a muerte contra el adversario, reminiscencia de los peores enfrentamientos fratricidas. Una España capaz de afrontar los problemas de los españoles y no solo los de sus políticos o sus bancos.

Pablo Iglesias inició un camino presuntamente revolucionario, heredado del descontento social y del batiburrillo juvenil de los movimientos del 15M. Sin embargo, en la práctica, para acceder al poder, con su viaje necesario al centro, sólo propone alterar la parte superficial de las estructuras de poder, —como una pátina de pintura renovadora—, aunque conservando las mismas estructuras. Después, en caso de acceder al poder podría ser diferente, pero peor. Políticamente, ya está inventado: lo diseñaron Felipe González y Alfonso Guerra en 1974 durante el Congreso del PSOE celebrado en Suresnes, con un partido aún en el exilio, y que se anticipaba certeramente a la llamada ‘transición democrática’.

Para ello el partido de Pablo Iglesias, apenas un movimiento en ciernes, disgregado y desestructurado, cuenta con los mismos mimbres humanos que había antes de su ascensión a los altares de las encuestas y previsiones de futuro, sujeto a todas las debilidades y coruptelas de cualquier grupo humano. Ellos mismos, a pesar de su número reducido y del escaso poder que ostentan aún, son protagonistas de los mismos pecados que la casta, ese enemigo invisible que se mueve y se instala entre los políticos con la misma facilidad que el virus de la gripe. Tráfico de influencias, financiación ilegal, falta de transparencia. Como la ministra y exmujer del alcalde Pozuelo, que no sabía que el jaguar de su marido era un regalo, Tania Sánchez desconocía que su hermano era el adjudicatario de suculentos contratos públicos en el Ayuntamiento de Rivas que controlaba IU y su propio padres. Total, hay que estar o ser tan despistada o tener la cara más grande que la espalad. Ana Mato y Tania Sánchez están unidas por el mismo virus, con sus estornudos y su fiebre, gracias a la miopía simulada y la desfachatez.

El novelista Jean-Baptiste Alphonse Karr, editor de la revista satírica Les Guêpes (Las avispas) escribió en 1849 una de esas frases famosas, precursora de la idea’lampedusista': «Plus ça change, plus c’est la même chose» (Cuanto más cambia algo, más se parece a lo mismo). Los españoles decidirán con sus votos en las próximas convocatorias electores el cambio que quieren y que permite el sistema. Todo parece indicar que el resultado sea, finalmente, la misma cosa. Aunque no es inane la llamada a las conciencias que se produjo con los movimientos del 15M y que ha cristalizado en su beneficio una nueva casta o secta de revolucionarios, descartada su pureza y la honradez de todos sus miembros —por pura lógica—, inexistente su convicción democrática y con unas promesas imposibles de ejecutar en su mayoría.

Esa llamada de atención, lanzada por la urgencia de la crisis, en cuanto a la corrupción galopante que convive con el aumento de la pobreza, las dificultades de los ciudadanos en contra de las facilidades para rescatar bancos, los desahucios de aquellos a los que las entidades financieras animaron a todo y más, contra los recortes sanitarios o educativos, han levantado ampollas en todas las capas sociales y ha obligado a los partidos políticos establecidos en las estructuras del estado a dar muestras aunque de momento sean simbólicas contra el latrocinio de los bienes públicos, el robo y el desfalco de las administraciones. Ningún grupo está exento de engordar, de inflar el censo de afiliados con chorizos, chaqueteros, camaleones ideológicos… Corren los arribistas para colarse en el ‘caballo de troya’ que podría conquistar el poder.

La necesidad de los llamados partidos tradicionales, PP y PSOE, de ‘tomar medidas’ ante la opinión pública en los casos más flagrantes y manifiestos que pueblan el universo corrupto de la política española —no ya para prevenir su aparición— ha servido, además, para liquidar antiguas deudas, desafectos, diferencias políticas y antipatías personales. No diremos que ha tenido un efecto contagio porque sería incierto. Lo que se produce son respuestas reflejas, espontáneas, casi automáticas. Si PSOE defenestra al jefe de la oposición en la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, no por el tranvía, sino porque no es amigo ni cuenta con el apoyo político de Pedro Sánchez, el PP no se queda corto: liquida de un ‘hachazo’ al mismísimo presidente de la Comunidad de Madrid. Y con el mismo argumento e idéntica maniobra. El primero tras aparecer en varias ediciones de El País como responsable de la quiebra económica y política del Ayuntamiento de Parla; el segundo, tras la misma treta pseudoperiodística; El Mundo rescata el antiguo ‘caso del ático’ y González se transforma, sin hacerse público, en un cadáver político, que posiblemente pasará a ‘mejor vida’. El ‘dedo divino’ de Rajoy lo ha mandado al hades de los políticos en activo.

Para enviar a la ciudadanía el mensaje de renovación el PSOE desarticula la estructura de poder de Tomás Gómez con una gestora administrada por antiguos cadáveres políticos; y el PP, casi lo hace también con Esperanza Aguirre. El caso es que Aguirre es mucha Aguirre para el ‘estafermo’ Rajoy —como diría Pedro J. Ramírez— incluso parapetado tras poder que ostenta en el gobierno de la nación y el Partido Popular. Ambos partidos, PSOE y PP, —asustados por el auge de Podemos y Ciudadanos, han designado a dedo, olvidándose de la democracia interna, a los nuevos candidatos. El primero a Gabilondo que, aunque refrendado en un simulacro de referéndum, no cuenta con el suficiente respaldo; ni siquiera de sus compañero de partido. En Getafe, Gabilondo fue legitimado por 84 votos contra 3 de Zerolo. Apenas un 15 por ciento de los militantes se ‘mojaron’ en ese fraude democrático. En el PP, ni siquiera eso. Ordeno y mando. Se trata de acaparar el poder recurriendo incluso al fraude politico y electoral bajo una apariencia democrática en previsión de los malos tiempos que se avecinan. La pelea entre Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy no ha terminado. El siguiente asalto, tras las municipales; quizás el último y definitivo, tras las próximas generales. Rajoy también podría salir con los pies por delante. El PP necesita la regeneración y la renovación regeneracional que propone, a primera vista, Ciudadanos.

Faltan por ajustar algunos flecos en muchos lugares como es el caso de Parla. Tras el alboroto producido por el encarcelamiento del alcalde José María Fraile, el nombramiento de la actual alcaldesa, Beatriz Arceredillo, sin el consentimiento ni la aceptación de sus compañeros de la Agrupación Socialista de Parla ni del Secretario General del PSM, se produce el efecto vacío. Desaparecido, y casi sin esquela, el malogrado Tomás Gómez, Arceredillo campa a sus anchas con la gestora regional designada por el jefe supremo, aspirando a la designación como candidata, mientras el que fue elegido en primarias, Pablo Sánchez, está amenazado por otro ‘dedo divino, en este caso el de Simancas, si no da un paso atrás. Siempre hay un dedo apuntando al destino de los de abajo aunque algunos clamen que ‘atrás ni para coger impulso’. Pero es solo de boquilla, para la galería. Algo parecido, o lo contrario, según se mire pasa en Leganés. El que parecía difunto (políticamente hablando), ahora ha resucitado por obra y gracia de las rocambolescas decisiones de los políticos. Aparece, aunque sea en la imaginación, la posibilidad de regresar; y con todas las consecuencias.

Dentro del estado de excepción que manifiesta la política española, quizás solo comparable a la producida por el desastre del 98, destacan igualmente la convulsa y agonizante disolución de Izquierda Unida y del que hace poco tiempo era el proyecto emergente de UPyD, la marea magenta de Rosa Díez, hoy pálida y desvaída. Es el fin de la preponderancia —y alternancia—de los partidos del ‘ancienne régime’. Los nacionalistas, sobre todo en Cataluña, está en proceso de descomposición y anticipando su propia metamorfosis o evolución. No es el fin del bipartidismo: solo transmutan las gentes hacia colores, banderas y emblemas distintos aunque con el mismo trasfondo ideológico.

Izquierda Unida es el prototipo o paradigma de grupo en desbandada, huyendo del peligro y del desastre de perder los pocos espacios de poder que ostentan. Son pequeños grupos, que en algunos casos podrían no ser capaces de completar las listas de candidatos sin recurrir al relleno insulso e insolvente de familiares, amiguetes y candidatos ‘fantasmas’ de otros municipios. Podemos, que se divisó inicialmente como el enemigo cercano, el ‘caballo de troya’ diseñado para su rendición, ha provocado la guerra sin cuartel, la escisión y la victoria del troskismo contra los socialdemócratas, leninistas o estalinista que componen la escasa tropa de IU. Mientras unos se han parapetado tras los muros de la coalición y las banderas rojiverdes, otros se han lanzado a la calle para ‘confluir’ o disolverse en el proyecto indefinido y disperso de Podemos. Los que han ganado en Getafe critican a IU de la Comunidad de Madrid y se alinean con el federal; los que han ganado en Leganés, se alinean con IU Madrid en contra de la federación del estado. IU Getafe quiere converger con Por Getafe; pero en Leganés no; los criticos de IU Leganés se presentan como Leganemos. Y así, en todos los pueblos. Es de locos. Lo peor del asunto es que solo está en juego el poder por el poder. No existe, apenas, representación social. Quince personas deciden quién es el candidato y quién, según las encuestas, será concejal con sueldo y ocupación. Compañero contra compañero, camarada contra camarada.

El el caso del partido de Rosa Díez, UPyD, ni siquiera eso. Son menos que los de Izquierda Unida y con un proyecto político fallido. Y no por su falta de convicciones o de programa. Solo por su estructura personalista y presidencialista ¡Como recuerda la marea magenta al verde CDS de Adolfo Suárez!

Sin embargo, el déficit democrático provocado por la inercia del sistema basado en la delegación absoluta de las decisiones a los grupos políticos y a los clanes que los controlan en cada momento. La falta de democracia interna de los partidos, como estructuras, que acceden al poder es una brecha que se antoja insalvable; a la apatía de los ciudadanos se une el desinterés de los políticos por ponerse cinchas. Los ciudadanos, en general, quieren que los políticos o los gestores de las administraciones lo hagan —como dice el eslogan de Juan Soler— con eficacia y honradez; mejores servicios y que sus impuestos se aquilaten. Evitar los dispendios y los gastos inútiles.

Hay que constatar que la mayoría de los candidatos que pretenden representarnos en las instituciones están avalados por una triste y escasa participación ciudadana. El candidato socialista a la alcaldía de Leganés fue ‘aclamado’ con 223 votos, apenas un 30 por ciento de los militantes del partido socialista en el municipio. Y en ese mismo rango, el resto de candidatos que se han sometido a escrutinio interno o que han dirimido en primarias las secretarías generales de IU, UPyD, PSOE o Podemos. 200 personas cuando más, a veces solo treinta, deciden tres, cuatro u ocho concejales. Si hay problemas en la sociedad, la culpa no es exclusivamente de los políticos, —ninguno de ellos ha venido de otro planeta—, sino de toda la sociedad. Si los ciudadanos no se implican, en algo más que votar cada cuatro años, esos pocos decidirán por todos. Y no querrán llevar hasta el final el cambio que la sociedad precisa.

28 de febrero de 2015

El rey de la cuaresma viene del norte



Tras el carnaval con su alegría, los animados bailes y las bulliciosas mascaradas y brillantes disfraces, llega la cuaresma. Las suculentas paletillas de cordero, los jamones, chorizos y chicharrones de la última matanza se trocan por las escuálidas pencas saladas del bacalao.


Este fúnebre pescado se ha elevado a rey de los fogones tras el entierro de la sardina; monarca absoluta de una época, en su concepto religioso, de abstinencia y sacrificio, que vista tanto la cocina más modesta como la mesa repleta de vidrios y porcelanas de la aristocracia.


Hace cien años, el gallego Manuel María Puga quiso ser concejal través de la cocina. Puga, conocido en términos gastronómicos con el pseudónimo de Picadillo, empezó a publicar recetas en el periódico de Gijón El Noroeste. Entre sus libros destacan ‘A cocina popular galega y recetas para la cuaresma’, ‘La cocina Práctica’ (1905) con prólogo de Emilia Pardo Bazán, ‘El rancho de la tropa’ (1909), ‘Vigilia reservado: minutas y recetas (1913). Puga o ‘Picadillo’ quiso dedicarse a la política y en 1913 publicó en el mismo periódico un artículo ‘Quiero ser concejal’, iniciando una campaña dedicadas sobre todo a las mujeres: «Vosotras no votáis pero tenéis maridos, hijos, … a estos pedidles , mandadles,… hasta llegar a requerir la zapatilla, que las coacciones en la intimidad nada tienen que ver con la ley electoral».

Consiguió ser nombrado candidato y elegido concejal tomando posesión el 1 de enero de 1914. Ese mismo año fue elegido alcalde. Fue famoso como gastrónomo y por su defensa de lo popular, reivindicando el bacalao o las modestas sardinas. Puga era un hombre de buen humor que llegó a pesar más de 250 kilos por culpa de su afición a la buena mesa. «En 1882 —escribió— yo era un señor que tenía 8 años de edad y uno 75 kilos de peso».

En 1901 publicó ’36 maneras de guisar el bacalao’. En el año 2004 tuvo la oportunidad de adquirir una reedición (Editorial Trea) en la famosa librería Lello de Oporto.

De este librito extraemos dos de las recetas de Picadillo; Bacalao electoral y Bacalao a la vizcaína. La otra, el popular ‘remojón’, es una muestra de la ‘cocina de frontera’ entre los reinos de Jaén y Nazarí de Granada.


Bacalao electoral

Se cuecen patatas mondadas y cortadas en tres o cuatro pedazos, según el tamaño. Poco antes de estar blandas se les agregan trozos de bacalo desalado, dejándolos como ocho minutos escuerriéndoles luego el agua en su totalidad, reservando en un recipiente aparte.

En una sartén se le quita ‘el ranció’ a una cantidad proporcionada de aceite, friendo luego en él bastante cebolla picada y pimentón. Cuando la cebolla esté blanda se le pone el agua reservada y una cucharada de perejil muy fino, y al levantar el hervor se agrega esta salsa al bacalao y a las patatas cocidas, sirviéndolas inmediatamente.


Bacalao a la vizcaína

Es indiscutiblemente el rey de los bacalaos. Debe figurar en las mejores mesas. Como todos los platos que adquieren mucha fama, tiene una infinidad de fórmulas para su preparación. Hay, por ejemplo, quien prepara este guiso con tomates, otros suelen emplear pimientos morrones encarnados. Pero la fórmula de verdad, la clásica, la que utilizan las cocineras vizcaínas está desprovista de estos dos productos hortícolas.

Desalado y cocido el bacalao, se le separan las espinas y los pellejos. En una sartén y en bastante cantidad de aceite se fríe un trozo de pan que se deshace en el mortero cuando esté dorado. En el mismo aceite se fríe gran cantidad de cebollas divididas en rajas y algunos dientes de ajo. Cuando la cebolla está tierna se pasa el guiso a una tartera en donde se incorpora el bacalao y el pan deshecho, sazonándolo con pimentón dulce y picante, azafrán, pimienta y un punto de canela. Se hace cocer a fuego lento, agitando de vez en cuando la tartera para que su contenido no se pegue en el fondo.


Remojón

Se pelan dos naranjas retirando el pellejo blanco que aporta un sabor amargo. Se cortan como se prefiera, en rodajas de medio centímetro o en trozos irregulares. Se distribuyen por una fuente no demasiada honda o plato. Se incorporan una aceitunas negras o verdes machacadas y aliñadas al estilo de Jaén. Por fin, tras raspar la sal adherida al bacalao con un cuchillo y limpiarlo con un paño, se añade en trocitos alargados o pellizcos.

Se rocía con abundante zumo virgen extra de las aceitunas, preferiblemente de la sierra sur de Jaén . Este plato no lleva sal ni vinagre y se come ‘rebañando’ el aceite con generosos trozos de pan.
Entre la sierra sur de Jaén y Granada, antigua frontera de los reinos cristiano y nazarí, cuando el granado ofrece su fruta, emblema del territorio, el remojón se suele suplementar con los pequeños rubíes que esconden estos cofres de vitaminas.

2 de febrero de 2015

El Juez procesa al Alcalde de Getafe y ambos, junto al caciquismo, salen a relucir en...


Casa del juez Fernández Bernal en la calle Arboleda. FOTO: Archivo de Manuel Fernández


Hacía tan poco tiempo que España había pasado por el desastre del 98 que las clases dirigentes seguían anestesiadas, aletargadas, ocupadas en sus inmemoriales disensiones y corruptelas mientras el pueblo se retorcía por el precio del pan. El nuevo siglo no había sido capaz de atajar los males que arruinaban al país de manera crónica. A finales del año 1903, el rey Alfonso XII le encargó la presidencia del gobierno a Maura que llegó con la intención de reformar una administración local trasnochada y acabar con el sempiterno caciquismo.

En Getafe, desde hacía dos años se construían los nuevos cuarteles de artillería. La escritura de cesión de los terrenos adquiridos por el Ayuntamiento a sus propietarios, unos 48.000 metros cuadrados, se firmó ante el Notario de Madrid Vicente Castañeda en el año 1902. Además del representante del Estado que adquiría, por el municipio firmaron el Alcalde en ese momento, el abogado Gregorio Sauquillo Ollero, y el procurador de los tribunales y Regidor Síndico, Feliciano Martín Pereira. Cuando se inauguraron los cuarteles, tras la toma de posesión de los distintos pabellones por el cuarto regimiento de artillería ligera al mando del coronel García Menacho, el día 15 de noviembre, los dos personajes municipales habrían invertido sus papeles. Ese día el alcalde era Feliciano Martín Pereira y el Regidor Síndico, Gregorio Sauquillo Ollero. Este último, aunque nacido en Moraleja de Enmedio, había sido cuatro veces alcalde de Getafe y era amigo, además del juez Bernal, del General Palacio, del escritor Ricardo de la Vega o del registrador de la Propiedad, Antonio de la Fuente, entre otros personajes del pueblo.

En aquella época, los alcaldes no eran elegidos por el Ayuntamiento, sino que eran designados por el gobierno de turno. Los dos personajes getafenses que lidian por la alcaldía durante esos años, serán protagonistas secundarios de la historia en la que, viajando en el tiempo, hemos pretendido bucear. Además de los dos alcaldes, Sauquillo y Martín, en el relato aparecen el hijo adoptivo y ‘diputado invencible’ por el distrito de Getafe Joaquín López Puigcerver. Y aparece también, junto al Presidente del Gobierno Maura y al diputado Alejandro Lerroux, rival encarnizado de Puigcerver y de su protegido el juez de Instrucción de Getafe.

El caso, sin que tenga repercusiones en la prensa local o regional, llegó al Congreso de la mano de un diputado que a sus cuarenta años era uno de los líderes, junto a Nicolás Salmeron, de la Unión Republicana. Alejandro Lerroux, un político que en esa época se movía entre las aguas del republicanismo y el radicalismo populista y anticlerical, se convirtió, sesión tras sesión, en el azote de Maura y de su gobierno conservador.

Durante los primeros meses de 1904, el juez de Instrucción de Getafe, «un tal Bernal» procesó al Alcalde de Getafe, al Secretario municipal y al grupo de ediles de la Corporación que le apoyaban. El procesamiento del primer edil se hizo efectivo tras unos hechos que ocurrieron, presuntamente, cuando una persona sin identificar —aunque se quiere echar el mochuelo al alcalde— disparó un tiro contra la ventana del anterior alcalde. El juez aprovechó el suceso —quizá provocado por la presunta víctima— para acusar al regidor que no era de su cuerda política ni de la de su amigo el diputado López Puigcerver. El ‘diputado invencible’ del distrito de Getafe había seguido los pasos de Maura cuando este abandonó el Partido Liberal para integrarse en el Conservador que, tras la muerte de Cánovas, dirigía Francisco Silvela.Maura accedió al gobierno con la intención, fracasada, de acabar con el caciquismo.

El juez de Getafe, al igual que el diputado del distrito, también era un ‘maurista’ declarado, con la suficiente mano para tomar café o alternar con el mismísimo Presidente del Gobierno. Pero, ¿quién es este personaje que ‘volaba tan alto, y que tras unos pocos años desaparece de la escena nacional y local?

Según las lenguas ‘viperinas’ del pueblo, el juez de instrucción de Getafe era un ‘paniaguado’ que había ascendido de forma meteórica en la carrera judicial gracias a los méritos de su padre, un ‘heroico’ General que se había batido ‘como un bravo’en las Filipinas y en Cuba. Y al que le dedicaremos, como no puede ser de otra manera, nuestro siguiente capítulo en esta serie de personajes getafenses.

A principios de ese año de 1904 al que hemos ‘viajado, Alejandro Lerroux requirió al ministro de Gracia y Justica, Romero Robledo, sobre «la conducta antilegal y arbitraria del juez de Getafe», queriendo saber el diputado republicano «a qué se debía que un individuo de la magistratura ascendiera tres veces en un mes».

En el mes de marzo de 1904, Lerroux ‘vuelve a ocuparse’ de nuevo del juez de Getafe del que se dice que «trata de vengarse del exalcalde de San Martín de la Vega por el supuesto delito de asesinato frustrado». Y al parecer, por un suelto de la prensa afín al partido republicano, que también «había cobrado del Ayuntamiento de Getafe». En fin, el asunto parece un lío; la prensa de provincias confunde hechos y declaraciones. No se sabe si procesó al alcalde, al exalcalde, si era de Getafe o de San Martín de la Vega. Lo que parece claro es que el juez sí era el titular de Getafe.
Joaquín López Puigcerver
El diputado del distrito de Getafe, Joaquín López Puigcerver, replicó a Lerroux y le dijo que está equivocado. Explicó los hechos de modo contrario a como lo hizo el Sr. Lerroux. Y, como ya venía preparado, levantó la mano y enseñó varios documentos que probaban, según él, que el juez de Getafe no había percibido cantidad alguna del Ayuntamiento de Getafe.

El señor Lerroux, no dándose por vencido, asegurando en la Cámara que «el juez de Getafe es indigno de permanecer en el desempeño de su cargo». Acto seguido, leyó una larga relación de propietarios que habían pedido al diputado Puigcerver «que dicho juez fuese trasladado». Alejandro Lerroux sigue hablando, haciendo cargos precisos contra el caciquismo que ejerce en Getafe el Sr. Puigcerver. Este último, claro, rechaza los cargos.

Y, sin solución ni acuerdo, tiene que intervernir el Sr. Sánchez Guerra: El Gobierno cumplirá la ley, siempre que se presenten pruebas. El Sr. Lerroux, tarará, tararí, sigue su perorata para terminar diciendo «que no se fía de la justicia». Precisamente, era eso lo que denunciaba. ¿No?

Los periódicos afines a Lerroux, lanzaron a los cuatro vientos las acusaciones que ya había realizado en dos ocasiones. El diputado ‘radical’ decía que «esos caciques y paniaguados han tramado un homicidio frustrado, disparando un tiro a una ventana de la casa del alcalde interino, para luego decir que los enemigos políticos de dicho alcalde habían tratado de matarle». El alcalde es amigo del Sr. López Puigcerver, que pide la palabra por alusiones graves. El juez ha sometido a procedimiento a dos personas.

El ‘cacique’ del distrito, e hijo adoptivo de Getafe y Leganés, Joaquín López Puigcerver hizo saber al Parlamento lo indigno de la comedia representada. Defendió al juez de manera tan deslavazada que sus argumentos no convencieron. Lerroux «le rectifica y prueba [estamos leyendo la prensa afín a Lerroux], apoyándose en las mismas palabras de Puigcerver, que el juez de instrucción de Getafe es indigno de ejercer su cargo». Nuevo rifirrafe. Puigcerver le interrumpe.Lerroux amenaza con «traer cartas firmadas por el propio López Puigcerver, para que sirvan de prueba fehaciente y plena de que cuanto afirmo es verdad, y si el Gobierno no ampara a los individuos honrados contra los caciques, acudiré a la prensa y diré lo que aquí me callo». (Sensación. La Cámara sigue con visible ateción el incidente).

El Presidente del Congreso trató de conseguuir que no continuase el debate. El ministro de Gobernación manifestó otra vez lo de siempre: «que se hará justicia, que se cumplirá la ley estrictamente, pero que no se puede admitir la amenaza de llevar a la prensa el asunto si no se resuelve en determinado sentido». Lo tenía claro; el asunto acabaría en la prensa de una manera tímida, sin más pruebas ni documentos.

Alejandro Lerroux: «Si no fuera por faltar al respeto a S.S., le diría que eso es un cuento tártaro. Pero, en fin, no quiere decírselo. Esa es la fórmula que constantemente sale del banco azul cuando denunciamos abusos de los Tribunales. Y permítame el ministro de la Gobernación que le diga que no creo en los Tribunales de Justicia, que no creo en la justicia. ¡Cómo quiere S.S. que yo tenga fe en la justicia , si se ha presentado un escrito recusando a ese juez, y no ha habido procurador que se atreva a presentarlo; se ha llamado uno uno a los cuatro procuradores que hay en Getafe y se les ha dicho: El que tenga riñones que lo presente».

«Créame el ministro de la Gobernación, —continúa Lerroux su perorata— yo no tengo interés ninguno en ese distrito y hablo con imparcialidad; esos son líos de caciques que se apoyan mutuamente, pero que hoy lo hacen por mí y mañana por ti». (El señor Lerroux es muy felicitado por diputados de todos los lados de la Cámara)

El señor Morayta cambia de tercio y habla de la epidemia de tifus que empieza a difundirse por Madrid, y que se evite su propagación… Así se cambia de tercio en el ruedo de los diputados

Pero, ¿Este Morayta, no era el ‘fraternal’ compañero de fatigas en la campaña de Filipinas del padre del juez…? Bueno, bueno…

El 19 de abril de 1904 falleció la exreina Isabel II. Adiós a la de los tristes destinos, la sicalíptica y folladora monarca, abuela del jovencísimo rey Alfonso XIII, ‘El Carnetes’, como le llamaban en Cataluña o ‘El Africano’, como le conoció el resto del país por las guerras que provocaron sus intereses en el norte del continente. Allí, defendiendo, las puertas de Ceuta estaba destinado como Gobernador el bizarro General Francisco Fernández Bernal.

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Toros en Getafe

El hijo del general Francisco Fernández Bernal, también Francisco Fernández Bernal y Uriszar Aldaca, aparecía en la prensa nacional y regional, como la mayoría de los jueces de Getafe, relacionado con los sucesos que ocurrían durante las capeas y encierros de las fiestas; o firmando los edictos de búsqueda de los mozos ‘desaparecidos’ cuando eran llamados a filas; o como el caso en el que el magistrado requería a un loco, Benigno González Barrio, fugado del manicomio de Santa Isabel de la Villa de Leganés, a que se presentase en el plazo de diez días en las dependencias judiciales. Desconocemos si el loco «de estatura regular, ojos pardos, pelo idem, bigote regular, chato y con una cicatriz en el cuello», llegó a presentarse ante el juez. Lo más probable es que no.

Las fiestas patronales en honor de la Virgen de Los Ángeles eran el momento adecuado para sacar a relucir las disputas, las ganas de revancha y la rivalidad entre agricultores. Además, el juez intervenía más de la cuenta a causa de los festejos taurinos. El 24 de mayo de 1907, La Correspondencia de España publicaba la pertinente reseña de los festejos getafenses. «En la última capea de las celebradas en el próximo pueblo de Getafe, ocurrieron desgracias a granel, como sucede todos los años. El ganado era bravo, grande y de poder, y como todo el que suele utilizarse para este género de fiestas, que debía suprimirse, lidiado muchas veces, y, como dice en el argot taurino ‘sabiendo latín’.Uno de los improvisados toreros, Sebastián Campos Morales, fue alcanzado por una de las reses, recibiendo heridas gravísimas, hasta el extremo de que los médicos desconfían de salvarle. Otros dos o tres aficionados sufrieron también heridas de alguna consideración. El juez de instrucción de Getafe, Ser. Fernández Bernal se constituyó en la enfermería, instruyendo diligencias».

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Pero, volviendo a la historia que nos ocupa, durante los meses de junio y julio de ese año, Lerroux volvió a la carga contra el juez de Getafe. La sesión en el Congreso se encrespó cuando el diputado ‘estrella’ tachó a Maura como ‘el divino maestro’.. «No creo, —se extrañaba Lerroux—, que llamarle Divino Maestro sea un ataque». Y luego, a lo que iba, pidió el expediente de un funcionario de la carrera judicial, «contertulio del señor Maura que en un mes ha conseguido tres ascensos». El Ministro de Gracia y Justicia terció para asegurar que traería el expediente pedido, y respecto al juez de Getafe, «proceder en justicia».

Lerroux, periodista él, manejaba como nadie el ‘tiempo’ y la necesidad de noticias de los diarios y se jactaba ante los periodistas de «pedir imposibles», sacando el titular que requería el debate. «La culpa es de las prosaicas elecciones de diputados a Cortes. Señor Presidente de la Audiencia Territorial, apelo a V.E. de la conducta ilegal y arbitraria del señor juez de 1ª Instancia de Getafe ¿Qué catástrofe ha dado lugar para decretar el procesamiento de los dignísimos señores alcalde y secretario del ayuntamiento de la ‘clásica tierra de las famosas rosquillas’?»

«Señor Maura, aunque esto sea pedir lo mismo que lo que yo pido: ¿Por qué tolera V.E. esas escandalosas ilegalidades?»

«¡Caramba! Se me olvidaba que una cosa parecida, más atroz aún, si cabe, si es que esto es posible, ocurre con el Ayuntamiento de la muy heroica villa de los ‘famosos órganos’ y del aún más famoso alcalde. Y conste, que el tal señor Bernal, juez aludido, no se ha andado por las ramas, ha procesado en masa, como una verdadera carga de caballería».

«Según la ley electoral, artículo 36, y demás reales órdenes, esos señores alcaldes, secretarios y concejales tienen que ser repuestos en sus cargos respectivos diez días antes de la elección ¿Por qué no se hace?»

En el mes de julio tuvo lugar en el Congreso de los diputados un debate sobre el caciquismo en España a cuenta de la pretensión del ahora Presidente del Gobierno de reformar la administración local y a acabar con el caciquismo.

El diputado Nocedal tomó la palabra como si fuera un hacha: —«Venía el señor Maura a hacer la revolución y a ‘descuajar’ el caciquismo. ¡Están por ahí el señor Pidal, o don Melquiades Álvarez, o el señor Cellerurelo! Ellos nos dirán si se ha acabado el caciquismo en Asturias. El señor Canaleja, si no lo hay en Alcoy; el señor Puigcerver, si existe en Getafe —se producen grandes risas en la cámara de diputados—. Nada, no parece sino que no hay caciques en España….»


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Los cuarteles de Artillería

«Gracias a las generosas iniciativas y reiterados e inteligentes trabajos del alcalde actual de la villa de Getafe D. Feliciano Martín Pereira, se ha dado cima a la construcción de los cuarteles para artillería, que anteayer fuen entregados al ramo de Guerra y ocupados por el cuarto regimiento ligero de artillería en el mismo día. La edificación, grandiosa, oucpa una extensión de 48.000 metros cuadrados , cedidos por el Ayuntamiento de Getafe; está dividida en pabellones aislados y construido con arreglo a las exigencia de higiene, salubridad y aireación.

Consta de cuatro pabellones para cien plazas cada uno, con retretes para cada tres o cuatro hombre; otro pabellón para dependencias: comedor de soldados, otro para sargentos, fregadero, lavadero, cocina, cantina, maestro armero y guarnicionero, baños, duchas, baños para pies, enfermería, botiquín, laboratorios; pabellones para diez oficiales, para el conserje, y edificio para las oficinas; baño y cuatro cuadras independientes para los aballos enfermos, picadero, almacenes para carros, seis tinglados para piezas, siete abrevaderos y polvorín.

El coste de las obras ha sido 1.900.000 pesetas. Han dirigido la construcción sucesivamente, y todos con gfan pericia e inteligencia, los ingenieros sres. Freixa,Aguilar y Vacilo».

(ABC, 17 de septiembre de 1904)

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A finales de año, en diciembre de 1904, un enfrentamiento con el rey provocó la caída del gobierno de Maura. Había permanecido un año al frente de la política de España. Los primeros días de ese último mes de su mandato y del año 1904, tras cesar el ministro Sánchez Guerra, se produce la siguiente anécdota:

«El señor Sánchez Guerra [nacido en Córdoba] abandona el Gobierno y es interpelado por el Sr. Canalejas que dice que no le importa el cambio de ministros y que lo que interesa saber es saber si el Gobierno cambiará de conducta. Aquí no se discute la política de un ministro, sino la política de un Gobierno. No es solo en la provincia de Córdoba donde el caciquismo político, amparado por este gobierno, ha barrido todos los distritos… Esto sucede en todas las provincias».

En ese momento, el conde de Romanones interrumpe a Canalejas y le dice:

—¿Y en Valladolid?

Un grupo de diputados, levantados de los asientos, le gritan coreando los puntos negros:

—¿Y en Guadalajara? ¿Y en Getafe?…

No hay remedio. España es un país de caciques. Había pasado un año y, tras las acusaciones y desatinos de abogados, jueces, caciques, liberales, católicos, conservadores, radicales y anticlericales, todos seguían conviviendo en los mismos recovecos de la incuria nacional y la corrupción política.


Visto para sentencia

Nada se sabe del procesamiento del alcalde. ¿Feliciano Martín Pereira? Casi con toda seguridad. Y, acaso, por ser republicano o un poquillo liberal. El aireado proceso quedó en agua de borrajas tras las elecciones. El Gobierno cambió, y con él, mudaba el alcalde. Era, sencillamente, política. El diputado ‘invencible’, Joaquín López Puigcerver, fue víctima de su último escrutinio ante la inapelable muerte, el 28 de junio de 1906; un año después, el padre del juez, el heroico General Fernández Bernal, también perdía su última batalla en la casa familiar de la calle Arboleda, cerca de la parroquia de la Magdalena, mientras recordaba entre brumas y la axfisiante lluvia del Caribe, las maniobras de los insurrectos mambises bajo las órdenes del ‘Titán de bronce’.

Tras la muerte de su padre, finalizó la ‘etapa getafense’ del juez Fernández Bernal. Tras el entierro, al poco tiempo pidió el traslado y salió disparado hacia su nuevo destino en Manzanares, una ciudad alejada del centro y corazón de España y de las intrigas políticas de la Corte. Ser juez en Getafe nunca fue fácil. La Mancha se abría a escenarios menos peligrosos y más anónimos.

El sábado 13 de mayo de 1911, el congreso de los diputados aprobó conceder pensión a la viuda e hijos del general Francisco Fernández Bernal (‘por bolas’). En la misma sesión, y de manera curiosa, el congreso otorgó también la pensión a la viuda de Ricardo de la Vega, también ‘por bolas’, fallecido el 22 de junio del año anterior. El alcalde de Getafe era, de nuevo y por quinta vez desde 1891, su ‘compañero’ y amigo Gregorio Sauquillo Ollero.

En 1913, el que fuera juez de Getafe, Fernández Bernal, fue trasladado de Manzares a Albacete. En Getafe era juez José Aragonés y Champín, que permanecería en el municipio hasta 1918 cuando fue sustituido por otro enigmático personaje: el juez gallego Manuel González.

Polémica por el caciquismo: el juez procesa al Alcalde de Getafe



Año 1904. Hacía tan poco tiempo que España había pasado por el desastre del 98 que las clases dirigentes seguían anestesiadas, aletargadas, ocupadas en sus inmemoriales disensiones y corruptelas mientras el pueblo se retorcía por el precio del pan. El nuevo siglo no había sido capaz de atajar los males que arruinaban al país de manera crónica. A finales del año 1903, el rey Alfonso XII le encargó la presidencia del gobierno a Maura que llegó con la intención de reformar una administración local trasnochada y acabar con el sempiterno caciquismo.

En Getafe, desde hacía dos años se construían los nuevos cuarteles de artillería. La escritura de cesión de los terrenos adquiridos por el Ayuntamiento a sus propietarios, unos 48.000 metros cuadrados, se firmó ante el Notario de Madrid Vicente Castañeda en el año 1902. Además del representante del Estado que adquiría, por el municipio firmaron el Alcalde en ese momento, el abogado Gregorio Sauquillo Ollero, y el procurador de los tribunales y Regidor Síndico, Feliciano Martín Pereira. Cuando se inauguraron los cuarteles, tras la toma de posesión de los distintos pabellones por el cuarto regimiento de artillería ligera al mando del coronel García Menacho, el día 15 de noviembre, los dos personajes municipales habrían invertido sus papeles. Ese día el alcalde era Feliciano Martín Pereira y el Regidor Síndico, Gregorio Sauquillo Ollero. Este último, aunque nacido en Moraleja de Enmedio, había sido cuatro veces alcalde de Getafe y era amigo, además del juez Bernal, del General Palacio, del escritor Ricardo de la Vega o del registrador de la Propiedad, Antonio de la Fuente, entre otros personajes del pueblo.

En aquella época, los alcaldes no eran elegidos por el Ayuntamiento, sino que eran designados por el gobierno de turno. Los dos personajes getafenses que lidian por la alcaldía durante esos años, serán protagonistas secundarios de la historia en la que, viajando en el tiempo, hemos pretendido bucear. Además de los dos alcaldes, Sauquillo y Martín, en el relato aparecen el hijo adoptivo y ‘diputado invencible’ por el distrito de Getafe Joaquín López Puigcerver. Y aparece también, junto al Presidente del Gobierno Maura y al diputado Alejandro Lerroux, rival encarnizado de Puigcerver y de su protegido el juez de Instrucción de Getafe.

El caso, sin que tenga repercusiones en la prensa local o regional, llegó al Congreso de la mano de un diputado que a sus cuarenta años era uno de los líderes, junto a Nicolás Salmeron, de la Unión Republicana. Alejandro Lerroux, un político que en esa época se movía entre las aguas del republicanismo y el radicalismo populista y anticlerical, se conviertió, sesión tras sesión, en el azote de Maura y de su gobierno conservador.

Durante los primeros meses de 1904, el juez de Instrucción de Getafe, «un tal Bernal» procesó al Alcalde de Getafe, al Secretario municipal y al grupo de ediles de la Corporación que le apoyaban. El procesamiento del primer edil se hizo efectivo tras unos hechos que ocurrieron, presuntamente, cuando una persona sin identificar —aunque se quiere echar el mochuelo al alcalde— disparó un tiro contra la ventana del anterior alcalde. El juez aprovechó el suceso —quizá provocado por la presunta víctima— para acusar al regidor que no era de su cuerda política ni de la de su amigo el diputado López Puigcerver. El ‘diputado invencible’ del distrito de Getafe había seguido los pasos de Maura cuando este abandonó el Partido Liberal para integrarse en el Conservador que, tras la muerte de Cánovas, dirigía Francisco Silvela. Maura accedió al gobierno con la intención, fracasada, de acabar con el caciquismo.

El juez de Getafe, al igual que el diputado del distrito, también era un ‘maurista’ declarado, con la suficiente mano para tomar café o alternar con el mismísimo Presidente del Gobierno. Pero, ¿quién es este personaje que ‘volaba tan alto, y que tras unos pocos años desaparece de la escena nacional y local?

Según las lenguas ‘viperinas’ del pueblo, el juez de instrucción de Getafe era un ‘paniaguado’ que había ascendido de forma meteórica en la carrera judicial gracias a los méritos de su padre, un ‘heroico’ General que se había batido ‘como un bravo’en las Filipinas y en Cuba. Y al que le dedicaremos, como no puede ser de otra manera, nuestro siguiente capítulo en esta serie de personajes getafenses.
A principios de ese año de 1904 al que hemos ‘viajado, Alejandro Lerroux requirió al ministro de Gracia y Justicia, Romero Robledo, sobre «la conducta antilegal y arbitraria del juez de Getafe», queriendo saber el diputado republicano «a qué se debía que un individuo de la magistratura ascendiera tres veces en un mes».

En el mes de marzo de 1904, Lerroux ‘vuelve a ocuparse’ de nuevo del juez de Getafe del que se dice que «trata de vengarse del exalcalde de San Martín de la Vega por el supuesto delito de asesinato frustrado». Y al parecer, por un suelto de la prensa afín al partido republicano, que también «había cobrado del Ayuntamiento de Getafe». En fin, el asunto parece un lío; la prensa de provincias confunde hechos y declaraciones. No se sabe si procesó al alcalde, al exalcalde, si era de Getafe o de San Martín de la Vega. Lo que parece claro es que el juez sí era el titular de Getafe.

El diputado del distrito de Getafe, Joaquín López Puigcerver, replicó a Lerroux y le dijo que está equivocado. Explicó los hechos de modo contrario a como lo hizo el Sr. Lerroux. Y, como ya venía preparado, levantó la mano y enseñó varios documentos que probaban, según él, que el juez de Getafe no había percibido cantidad alguna del Ayuntamiento de Getafe.

Lerroux, no dándose por vencido, asegurando en la Cámara que «el juez de Getafe es indigno de permanecer en el desempeño de su cargo». Acto seguido, leyó una larga relación de propietarios que habían pedido al diputado Puigcerver «que dicho juez fuese trasladado».Alejandro Lerroux sigue hablando, haciendo cargos precisos contra el caciquismo que ejerce en Getafe el Sr. Puigcerver. Este último, claro, rechaza los cargos.

Y, sin solución ni acuerdo, tiene que intervernir el Sr. Sánchez Guerra: El Gobierno cumplirá la ley, siempre que se presenten pruebas. El sr. Lerroux, tarará, tararí, sigue su perorata para terminar diciendo «que no se fía de la justicia». Precisamente, era eso lo que denunciaba. ¿No?

Los periódicos afines a Lerroux, lanzaron a los cuatro vientos las acusaciones que ya había realizado en dos ocasiones. El diputado ‘radical’ decía que «esos caciques y paniaguados han tramado un homicidio frustrado, disparando un tiro a una ventana de la casa del alcalde interino, para luego decir que los enemigos políticos de dicho alcalde habían tratado de matarle». El alcalde es amigo del Sr. López Puigcerver, que pide la palabra por alusiones graves. El juez ha sometido a procedimiento a dos personas.

El ‘cacique’ del distrito, e hijo adoptivo de Getafe y Leganés, Joaquín López Puigcerver hizo saber al Parlamento lo indigno de la comedia representada. Defendió al juez de manera tan deslavazada que sus argumentos no convencieron. Lerroux «le rectifica y prueba [estamos leyendo la prensa afín a Lerroux], apoyándose en las mismas palabras de Puigcerver, que el juez de instrucción de Getafe es indigno de ejercer su cargo». Nuevo rifirrafe. Puigcerver le interrumpe.Lerroux amenaza con «traer cartas firmadas por el propio López Puigcerver, para que sirvan de prueba fehaciente y plena de que cuanto afirmo es verdad, y si el Gobierno no ampara a los individuos honrados contra los caciques, acudiré a la prensa y diré lo que aquí me callo». (Sensación. La Cámara sigue con visible ateción el incidente).

El Presidente del Congreso trató de conseguir que no continuase el debate. El ministro de Gobernación manifestó otra vez lo de siempre: «que se hará justicia, que se cumplirá la ley estrictamente, pero que no se puede admitir la amenaza de llevar a la prensa el asunto si no se resuelve en determinado sentido». Lo tenía claro; el asunto acabaría en la prensa de una manera tímida, sin más pruebas ni documentos.

Alejandro Lerroux: «Si no fuera por faltar al respeto a S.S., le diría que eso es un cuento tártaro. Pero, en fin, no quiere decírselo. Esa es la fórmula que constantemente sale del banco azul cuando denunciamos abusos de los Tribunales. Y permítame el ministro de la Gobernación que le diga que no creo en los Tribunales de Justicia, que no creo en la justicia. ¡Cómo quiere S.S. que yo tenga fe en la justicia , si se ha presentado un escrito recusando a ese juez, y no ha habido procurador que se atreva a presentarlo; se ha llamado uno uno a los cuatro procuradores que hay en Getafe y se les ha dicho: El que tenga riñones que lo presente».

«Créame el ministro de la Gobernación, —continúa Lerroux su perorata— yo no tengo interés ninguno en ese distrito y hablo con imparcialidad; esos son líos de caciques que se apoyan mutuamente, pero que hoy lo hacen por mí y mañana por ti». (El señor Lerroux es muy felicitado por diputados de todos los lados de la Cámara)

El señor Morayta cambia de tercio y habla de la epidemia de tifus que empieza a difundirse por Madrid, y que se evite su propagación… Así se cambia de tercio en el ruedo de los diputados

Pero, ¿Este Morayta, no era el ‘fraternal’ compañero de fatigas en la campaña de Filipinas del padre del juez…? Bueno, bueno…

El 19 de abril de 1904 falleció la exreina Isabel II. Adiós a la de los tristes destinos, la sicalíptica y folladora monarca, abuela del jovencísimo rey Alfonso XIII, ‘El Carnetes’, como le llamaban en Cataluña o ‘El Africano’, como le conoció el resto del país por las guerras que provocaron sus intereses en el norte del continente. Allí, defendiendo, las puertas de Ceuta estaba destinado como Gobernador el bizarro General Francisco Fernández Bernal.

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Toros en Getafe

El hijo del general Francisco Fernández Bernal, también Francisco Fernández Bernal y Uriszar Aldaca, aparecía en la prensa nacional y regional, como la mayoría de los jueces de Getafe, relacionado con los sucesos que ocurrían durante las capeas y encierros de las fiestas; o firmando los edictos de búsqueda de los mozos ‘desaparecidos’ cuando eran llamados a filas; o como el caso en el que el magistrado requería a un loco, Benigno González Barrio, fugado del manicomio de Santa Isabel de la Villa de Leganés, a que se presentase en el plazo de diez días en las dependencias judiciales. Desconocemos si el loco «de estatura regular, ojos pardos, pelo idem, bigote regular, chato y con una cicatriz en el cuello», llegó a presentarse ante el juez. Lo más probable es que no.

Las fiestas patronales en honor de la Virgen de Los Ángeles eran el momento adecuado para sacar a relucir las disputas, las ganas de revancha y la rivalidad entre agricultores. Además, el juez intervenía más de la cuenta a causa de los festejos taurinos. El 24 de mayo de 1907, La Correspondencia de España publicaba la pertinente reseña de los festejos getafenses. «En la última capea de las celebradas en el próximo pueblo de Getafe, ocurrieron desgracias a granel, como sucede todos los años. El ganado era bravo, grande y de poder, y como todo el que suele utilizarse para este género de fiestas, que debía suprimirse, lidiado muchas veces, y, como dice en el argot taurino ‘sabiendo latín’.Uno de los improvisados toreros, Sebastián Campos Morales, fue alcanzado por una de las reses, recibiendo heridas gravísimas, hasta el extremo de que los médicos desconfían de salvarle. Otros dos o tres aficionados sufrieron también heridas de alguna consideración. El juez de instrucción de Getafe, Ser. Fernández Bernal se constituyó en la enfermería, instruyendo diligencias».

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Pero, volviendo a la historia que nos ocupa, durante los meses de junio y julio de ese año, Lerroux volvió a la carga contra el juez de Getafe. La sesión en el Congreso se encrespó cuando el diputado ‘estrella’ tachó a Maura como ‘el divino maestro’.. «No creo, —se extrañaba Lerroux—, que llamarle Divino Maestro sea un ataque». Y luego, a lo que iba, pidió el expendiente de un funcionario de la carrera judicial, «contertulio del señor Maura que en un mes ha conseguido tres ascensos». El Ministro de Gracia y Justicia terció para asegurar que traería el expendiente pedido, y respecto al juez de Getafe, «proceder en justicia».

Lerroux, periodista él, manejaba como nadie el ‘tiempo’ y la necesidad de noticias de los diarios y se jactaba ante los periodistas de «pedir imposibles», sacando el titular que requería el debate. «La culpa es de las prosáicas elecciones de diputados a Cortes. Señor Presidente de la Audiencia Territorial, apelo a V.E. de la conducta ilegal y arbitaria del señor juez de 1ª Instancia de Getafe ¿Qué catástrofe ha dado lugar para decretar el procesamiento de los dignísimos señores alcalde y secretario del ayuntamiento de la ‘clásica tierra de las famosas rosquillas’?»

«Señor Maura, aunque esto sea pedir lo mismo que lo que yo pido: ¿Por qué tolera V.E. esas escandalosas ilegalidades?»

«¡Caramba! Se me olvidaba que una cosa parecida, más atroz aún, si cabe, si es que esto es posible, ocurre con el Ayuntamiento de la muy heroica villa de los ‘famosos órganos’ y del aún más famoso alcalde. Y conste, que el tal señor Bernal, juez aludido, no se ha andado por las ramas, ha procesado en masa, como una verdadera carga de caballería».

«Según la ley electoral, artículo 36, y demás reales órdenes, esos señores alcaldes, secretarios y concejales tienen que ser repuestos en sus cargos respectivos diez días antes de la elección ¿Por qué no se hace?»
En el mes de julio tuvo lugar en el Congreso de los diputados un debate sobre el caciquismo en España a cuenta de la pretensión del ahora Presidente del Gobierno de reformar la administración local y a acabar con el caciquismo.

El diputado Nocedal tomó la palabra como si fuera un hacha: —«Venía el señor Maura a hacer la revolución y a ‘descuajar’ el caciquismo. ¡Están por ahí el señor Pidal, o don Melquiades Álvarez, o el señor Cellerurelo! Ellos nos dirán si se ha acabado el caciquismo en Asturias. El señor Canaleja, si no lo hay en Alcoy; el señor Puigcerver, si existe en Getafe —se producen grandes risas en la cámara de diputados—. Nada, no parece sino que no hay caciques en España….»


Los cuarteles de Artillería

«Gracias a las generosas iniciativas y reiterados e inteligentes trabajos del alcalde actual de la villa de Getafe D. Feliciano Martín Pereira, se ha dado cima a la construcción de los cuarteles para artillería, que anteayer fuen entregados al ramo de Guerra y ocupados por el cuarto regimiento ligero de artillería en el mismo día. La edificación, grandiosa, oucpa una extensión de 48.000 metros cuadrados , cedidos por el Ayuntamiento de Getafe; está dividida en pabellones aislados y construido con arreglo a las exigencia de higiene, salubridad y aireación.

Consta de cuatro pabellones para cien plazas cada uno, con retretes para cada tres o cuatro hombre; otro pabellón para dependencias: comedor de soldados, otro para sargentos, fregadero, lavadero, cocina, cantina, maestro armero y guarnicionero, baños, duchas, baños para pies, enfermería, botiquín, laboratorios; pabellones para diez oficiales, para el conserje, y edificio para las oficinas; baño y cuatro cuadras independientes para los aballos enfermos, picadero, almacenes para carros, seis tinglados para piezas, siete abrevaderos y polvorín.

El coste de las obras ha sido 1.900.000 pesetas. Han dirigido la construcción sucesivamente, y todos con gfan pericia e inteligencia, los ingenieros sres. Freixa,Aguilar y Vacilo».

(ABC, 17 de septiembre de 1904)


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A finales de año, en diciembre de 1904, un enfrentamiento con el rey provocó la caída del gobierno de Maura. Había permanecido un año al frente de la política de España. Los primeros días de ese último mes de su mandato y del año 1904, tras cesar el ministro Sánchez Guerra, se produce la siguiente anécdota:

«El señor Sánchez Guerra [nacido en Córdoba] abandona el Gobierno y es interpelado por el Sr. Canalejas que dice que no le importa el cambio de ministros y que lo que interesa saber es saber si el Gobierno cambiará de conducta. Aquí no se discute la política de un ministro, sino la política de un Gobierno. No es solo en la provincia de Córdoba donde el caciquismo político, amparado por este gobierno, ha barrido todos los distritos… Esto sucede en todas las provincias».
En ese momento, el conde de Romanones interrumpe a Canalejas y le dice:

¿Y en Valladolid?

Un grupo de diputados, levantados de los asientos, le gritan coreando los puntos negros:

—¿Y en Guadalajara? ¿Y en Getafe?…

No hay remedio. España es un país de caciques. Había pasado un año y, tras las acusaciones y desatinos de abogados, jueces, caciques, liberales, católicos, conservadores, radicales y anticlericales, todos seguían conviviendo en los mismos recovecos de la incuria nacional y la corrupción política.



Visto para sentencia

Nada se sabe del procesamiento del alcalde. ¿Feliciano Martín Pereira? Casi con toda seguridad. Y, acaso, por ser republicano o un poquillo liberal. El aireado proceso quedó en agua de borrajas tras las elecciones. El Gobierno cambió, y con él, mudaba el alcalde. Era, sencillamente, política. El diputado ‘invencible’, Joaquín López Puigcerver, fue víctima de su último escrutinio ante la inapelable muerte, el 28 de junio de 1906; un año después, el padre del juez, el heroico General Fernández Bernal, también perdía su última batalla en la casa familiar de la calle Arboleda, cerca de la parroquia de la Magdalena, mientras recordaba entre brumas y la axfisiante lluvia del Caribe, las maniobras de los insurrectos mambises bajo las órdenes del ‘Titán de bronce’.

Tras la muerte de su padre, finalizó la ‘etapa getafense’ del juez Fernández Bernal. Tras el entierro, al poco tiempo pidió el traslado y salió disparado hacia su nuevo destino en Manzanares, una ciudad alejada del centro y corazón de España y de las intrigas políticas de la Corte. Ser juez en Getafe nunca fue fácil. La Mancha se abría a escenarios menos peligrosos y más anónimos.

El sábado 13 de mayo de 1911, el congreso de los diputados aprobó conceder pensión a la viuda e hijos del general Francisco Fernández Bernal (‘por bolas’). En la misma sesión, y de manera curiosa, el congreso otorgó también la pensión a la viuda de Ricardo de la Vega, también ‘por bolas’, fallecido el 22 de junio del año anterior. El alcalde de Getafe era, de nuevo y por quinta vez desde 1891, su ‘compañero’ y amigo Gregorio Sauquillo Ollero.

En 1913, el que fuera juez de Getafe, Fernández Bernal, fue trasladado de Manzares a Albacete. En Getafe era juez José Aragonés y Champín, que permanecería en el municipio hasta 1918 cuando fue sustituido por otro enigmático personaje: el juez gallego Manuel González.

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IMAGEN SUPERIOR: Casa del juez Francisco Fernández Bernal en la calle Arboleda. FOTO: Archivo de Manuel Fernández

22 de septiembre de 2014

El antiguo mercado exhibe su esqueleto


El antiguo mercado municipal de Getafe ha permanecido, dormitando y acrecentando su ruina, frente al despacho mismo de la alcaldía getafense, tan visible que resulta, cuando menos, increíble que lleve cerrado más de 16 años.

La casa que hacía esquina a la plaza del Ayuntamiento  y a la calle Jardines era propiedad del consistorio. Durante la guerra sufrió grandes daños que se suplieron por la necesidad de espacios. Allí estuvo la primera sede de la Falange Española hasta que estuvieron que  huir a causa de los cascotes. Tras un arreglo parcial se ubicó la oficina de Arbitrios y Consumos del municipio.

En el verano de 1945, a la vista del estado tan deplorable que presentaba la casa, se abandonó trasladándose la oficina a un local de la calle Madrid, cercano al Bar España, que hacía esquina con la Plaza de la Constitución. Tras el correspondiente proyecto de derribo, la casa fue demolida dejando como un solar donde se instalaban los puestos del mercado al aire libre.

Dos años más tarde, en 1947, el consistorio encargó al arquitecto José María Pellón y Vierna, el proyecto de un edificio destinado en su planta baja a mercado y, en la superior, como sede de los juzgados que hasta entonces se ubicaban en el mismo ayuntamiento. En 1951 se aprobó el proyecto definitivo del mercado que incluía, además, la oficina de arbitrios.

El arquitecto elegido era uno más de los proyectista del régimen franquista tras la guerra civil. Era hijo de los condes de Casa Puente, José María Pellón y Ezquerra y Emilia de Vierna, familia de procedencia cántabra,  fallecidos ambos antes de la guerra civil. José María Pellón estudió arquitectura en Barcelona y era'Congregante del Santísimo Cristo de la Salud'. Su hermano Fernando heredó el título nobiliario de Casa Puente. Falleció el 15 de enero de 1962. En 1940 ostentaba la plaza de Arquitecto Municipal de Plasencia. Entre sus obras, además del Mercado Municipal de Getafe, hemos localizado el anteproyecto del parque de la Cruz de los Caídos de Plasencia, conocido como el parque de la rana por el anfibio que 'reina' en una de sus fuentes.

La escasez de recursos y falta de presupuesto imposibilitó el inicio de las obras hasta 1955; el proyecto, finalmente, se vio favorecido ese año por las nuevas normas de la dictadura para la reconstrucción del patrimonio nacional. Y para ello, se dispusieron créditos a bajo interés destinados a las administraciones locales, provinciales y estatales para recuperar edificios que fueran a ser utilizados como sede de servicios al público. Juan Vergara Butragueño, que era alcalde desde 1943, y los ediles Pedro Manzanares y Manuel Galeote, familia de constructores, impulsaron las obras de construcción que durarían otros dos años más.

El mercado se inauguró en 1957 con veinte puestos; y tres años más tarde, en 1960, se abrieron los puestos con cámaras frigoríficas. Estuvo abierto al público algo más de cuarenta años, cerrando sus puertas en 1998. Era un edificio obsoleto que no reunía las mínimas condiciones para su funcionamiento como mercado de abastos. Desde ese año, el edificio ha soportado con algunas capas de pintura la decrepitud de su muros de ladrillo, aunque hay quien dice que era 'el mercado de las ratas' por tener en esos terribles roedores a sus más habituales visitantes.

En los últimos tiempos del gobierno de Pedro Castro, en pleno auge de la burbuja urbanística, el mercado quedó englobado en el proyecto de la Plaza Porticada que va desde esa esquina al Hospitalillo de San José y, desde  allí, a la calle Magdalena para volver al edificio del mercado por la calle Jardines. Un proyecto que se mantiene en el limbo de los pelotazos del ayer a la espera de  mejores tiempos.

Sin embargo, la nueva Corporación ha retomado la iniciativa para rehabilitar el edificio. Para llevar a cabo uno de los proyectos emblemáticos de Juan Soler, se tuvo que modificar el Plan General de Ordenación Urbana en julio de 2013 y cambiar la calificación urbanística del suelo, de comercial a  equipamiento cultural. Posteriormente, principios de este año, se acometió la demolición parcial.

Gracias a la piqueta, como si de un trabajo arquelógico se tratara, y a los 61.000 euros invertidos, apareció un hermoso esqueleto de hormigón prefabricado, con su columna vertebral y las costillas que sujetaba la cubierta del antiguo mercado.

Rafael Llamazares y Joaquín Torres
El Ayuntamiento de Getafe adjudicó en el mes de mayo la redacción del proyecto (53.000 euros) para transformar el viejo mercado en un centro de usos múltiples a la empresa A-Cero Tecnología e Industrialización. Las obras cuentan con un presupuesto de un millón doscientos mil euros.  A-cero es una empresa de los del afamado arquitecto Joaquín Torres y su socio Rafael Llamazarez constituida para promover y lanzar al mercado un producto de arquitectura modular, basado en los principios de la construcción industrializada que engloba distintas tipologías, y que se caracteriza por la ruptura total con la construcción tradicional.

El nuevo edificio se levantará sobre un solar de 950 metros cuadrados y contará con una planta baja en la que se ha previsto un vestíbulo, una sala polivalente para exposiciones o presentaciones y un almacén. En la primera planta habrá dos salas de conferencias y en el sótano otro almacén e instalaciones.

Imagen del anteproyecto presentado por Xaloc Arquitectos que no resultó elegido.